"La mayor necesidad del mundo es la de hombres que no se vendan ni se compren; hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas; hombres que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde; hombres cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo; hombres que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos". Ellen G. White.
Showing posts with label Emigrantes. Show all posts
Showing posts with label Emigrantes. Show all posts
Thursday, December 29, 2022
Thursday, July 24, 2014
Salvaguardar los derechos del niño inmigrante
Mensaje del Papa Benedicto XVI con motivo de la Jornada Mundial del Migrante, que ha sido dada a conocer públicamente en rueda de prensa en la Santa Sede
Ciudad del Vaticano, 27 de noviembre de 2009.
Queridos hermanos y hermanas:
La celebración de la Jornada Mundial del emigrante y del refugiado me ofrece nuevamente la ocasión para manifestar la solicitud constante de la Iglesia por los que viven, de distintas maneras, la experiencia de la emigración. Se trata de un fenómeno que, como escribí en la encíclica Caritas in veritate, impresiona por el número de personas implicadas, por las problemáticas sociales, económicas, políticas, culturales y religiosas que plantea, y por los desafíos dramáticos que supone para las comunidades nacionales y para la internacional. El emigrante es una persona humana con derechos fundamentales inalienables que todos deben respetar siempre (cf. n. 62). El tema de este año -"Los emigrantes y los refugiados menores de edad"- toca un aspecto al que los cristianos prestan gran atención, recordando la advertencia de Cristo, que en el juicio final considerará referido a Él mismo todo lo que se ha hecho o dejado de hacer "con uno sólo de estos más pequeños" (cf. Mt 25, 40-45). Y ¿cómo no considerar entre "los más pequeños" también a los emigrantes y los refugiados menores de edad? El propio Jesús de pequeño vivió la experiencia del emigrante porque, como narra el Evangelio, para huir de la amenaza de Herodes tuvo que refugiarse en Egipto junto con José y María (cf. Mt 2, 14).
Si la Convención de los Derechos del Niño afirma con claridad que hay que salvaguardar siempre el interés del menor (cf. art. 3), al cual hay que reconocer los derechos fundamentales de la persona de la misma manera que se reconocen al adulto, lamentablemente en la realidad esto no siempre sucede. Aunque en la opinión pública crece la conciencia de la necesidad de una acción concreta e incisiva para la protección de los menores de edad, de hecho, muchos de ellos son abandonados y, de varias maneras, corren el riesgo de ser explotados. De la dramática condición en la que se encuentran se hizo intérprete mi venerado predecesor Juan Pablo II en el mensaje enviado el 22 de septiembre de 1990 al Secretario General de las Naciones Unidas con ocasión de la Cumbre Mundial para los Niños. "He sido testigo -escribió- de la desgarradora tragedia de millones de niños en los distintos continentes. Ellos son los más vulnerables porque son los que menos pueden hacer oír su voz" (L´Osservatore Romano, edición española, 14 de octubre de 1990, p. 11). Deseo de corazón que se dedique la debida atención a los emigrantes menores de edad, que necesitan un ambiente social que permita y favorezca su desarrollo físico, cultural, espiritual y moral. Vivir en un país extranjero sin puntos de referencia reales les genera innumerables trastornos y dificultades, a veces graves, especialmente a los que se ven privados del apoyo de su familia.
Un aspecto típico de la emigración infantil es la situación de los chicos nacidos en los países de acogida o la de los hijos que no viven con sus padres, que emigraron después de su nacimiento, sino que se reúnen con ellos más tarde. Estos adolescentes forman parte de dos culturas, con las ventajas y las problemáticas ligadas a su doble pertenencia, una condición que sin embargo puede ofrecer la oportunidad de experimentar la riqueza del encuentro entre diferentes tradiciones culturales. Es importante que se les dé la posibilidad de acudir con regularidad a la escuela y de acceder posteriormente al mundo del trabajo, y que se facilite su integración social gracias a estructuras formativas y sociales oportunas. Nunca hay que olvidar que la adolescencia representa una etapa fundamental para la formación del ser humano.
Una categoría especial de menores es la de los refugiados que piden asilo, huyendo por varias razones de su país, donde no reciben una protección adecuada. Las estadísticas revelan que su número está aumentando. Se trata, por tanto, de un fenómeno que hay que estudiar con atención y afrontar con acciones coordinadas, con medidas de prevención, protección y acogida adecuadas, de acuerdo con lo previsto en la Convención de los Derechos del Niño (cf. art. 22).
Me dirijo ahora especialmente a las parroquias y a las numerosas asociaciones católicas que, animadas por espíritu de fe y de caridad, realizan grandes esfuerzos para salir al encuentro de las necesidades de estos hermanos y hermanas nuestros. A la vez que expreso mi gratitud por todo lo que se está haciendo con gran generosidad, quiero invitar a todos los cristianos a tomar conciencia del desafío social y pastoral que plantea la condición de los menores emigrantes y refugiados. Resuenan en nuestro corazón las palabras de Jesús: "Era forastero y me acogisteis" (Mt 25, 35); como también el mandamiento central que Él nos dejó: amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente, pero unido al amor al prójimo (cf. Mt 22, 37-39). Esto nos lleva a considerar que cada intervención concreta nuestra tiene que alimentarse ante todo de fe en la acción de la gracia y de la divina Providencia. De este modo, también la acogida y la solidaridad con el extranjero, especialmente si se trata de niños, se convierte en anuncio del Evangelio de la solidaridad. La Iglesia lo proclama cuando abre sus brazos y actúa para que se respeten los derechos de los emigrantes y los refugiados, estimulando a los responsables de las naciones, de los organismos y de las instituciones internacionales para que promuevan iniciativas oportunas en su apoyo. Que la Santísima Virgen María vele maternalmente sobre todos y nos ayude a comprender las dificultades de quienes están lejos de su patria. A cuantos tienen relación con el vasto mundo de los emigrantes y refugiados les aseguro mi oración e imparto de corazón la Bendición Apostólica.
Vaticano, 16 de octubre de 2009
BENEDICTUS PP. XVI
Fuente
.
Sunday, July 6, 2014
Análisis. ¿Crisis humanitaria o seguridad nacional?
Gabriela Vargas G. | El Universal
Domingo 06 de julio de 2014
Ha sido tema reciente en la opinión pública el pronunciamiento del gobierno estadounidense al referirse al fenómeno de los niños y niñas migrantes no acompañados, como un problema de crisis humanitaria.
El que este problema adquiriera dichas dimensiones puede obedecer a diversas causas, pero sin duda, ningún gobierno de los involucrados puede decirse sorprendido de las cifras que dicho fenómeno ha alcanzado y que vulnera los derechos de un sector triplemente vulnerable por su condición: infantes, migrantes y en condiciones de miseria.
Más allá de pretender juzgar el rol de las autoridades migratorias estadounidenses respecto a garantizar la seguridad de estos niñas y niños migrantes, es necesario precisar el nivel de responsabilidad de los países centroamericanos , y de México inclusive, en no generar condiciones en su territorio para evitar la movilización de estos infantes, cuyas cifras alcanzarán la alarmante cantidad de 16 mil infantes centroamericanos este año, cruzando el territorio mexicano para llegar a Estados Unidos, cifra que representa casi el doble de lo registrado en 2013, de acuerdo con estimaciones recientes del gobierno mexicano.
Ninguno de los gobiernos involucrados se puede llamar sorprendido respecto a este fenómeno. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), junto con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), documentaron desde 2009 este fenómeno en su estudio Niños, niñas y adolescentes migrantes centroamericanos en la frontera sur de México.
En dicho estudio ya daban cuenta de la economía que detonan estos niños que son empleados en el sector agrícola, o están en situación de calle comercializando productos, las niñas como trabajadoras domésticas, y los llamados niños asegurados, estos últimos los únicos documentados en su tránsito, ya que existe un registro de ellos en las estaciones migratorias.
Es de las entrevistas practicadas a los niños asegurados, que se identificó como principales causas de su migración: la reunificación familiar, el ayudar económicamente a la familia, migrar por maltrato físico y psicológico de familiares y vecinos, o para evitar ser incorporados a pandillas y grupos delictivos.
Desde entonces académicos y organismos internacionales y nacionales levantaron la voz ante el creciente peligro que significa para estos niños, niñas y adolescentes el abandonar su tierra en aras de dejar atrás una miseria, que les impone como reto jugarse la propia vida.
No sorprende que el discurso y alerta del gobierno estadounidense se centre en proporcionar apoyo económico y capacitación a México, para blindar su frontera sur y cortar de “origen” como lo llaman, el paso de los centroamericanos hacia el norte. Lo que llama la atención es la justificación que gobiernos como el guatemalteco utilizan para señalar que el crecimiento del fenómeno obedece, en gran parte, por las expectativas que genera en su población la posible reforma migratoria anunciada en Estados Unidos desde 2012.
Tampoco México está al margen de la problemática, no se explica por qué estando documentada desde hace años, la ruta del migrante, llamada también ahora ruta de la muerte, por los secuestros y extorsiones de las que son víctimas, no se tienen aún resultados contundentes del supuesto combate a este flagelo, que en su extensión letal incluye la trata de personas, de la que lamentablemente la fragilidad de los niños, niñas y adolescentes los hace su principal víctima.
Los 2 mil millones de dólares que pedirá Obama para atender la crisis de los menores y simplificar su deportación, sin duda son un buen gesto, pero ni ello ni el despliegue tecnológico ni militar financiado por Estados Unidos para proteger la frontera sur de México inhibirán un fenómeno que además de tener en su origen la pobreza, es alimentado por cadenas de explotación de trabajo infantil, que hacen de esta miseria, su fuente de riqueza.
Las medidas hasta ahora anunciadas, incluso algunas ya instrumentadas, adolecen de un enfoque humanitario, y evidencian uno de seguridad nacional, en donde detener la migración es la prioridad, por encima incluso de garantizar la integridad de los pequeños, y apoyar programas que les permitan su reinserción en su país de origen.
De no combatirse la trata de personas y el trabajo infantil con la misma tenacidad y despliegue militar con el que se persigue a los indefensos, en cinco años más, seguiremos escandalizándonos gobierno y sociedad, como si por vez primera conociéramos del horror que viven miles de niños, niñas y adolescentes migrantes antes incluso, de tomar la penosa y azarosa decisión de emprender un camino que, lamentablemente, puede conducir a la muerte de estos pequeños que no llegarán a vivir el espejismo del sueño americano.
*Analista
.
Sunday, January 6, 2013
Clases de maya para ayudar a migrantes en California
Valeria Perasso
BBC Mundo, California
Viernes, 4 de enero de 2013
En San Francisco se ofrecen clases en idioma maya.
Con libros en la maleta, Patricia Martínez Huchim viaja desde Mérida, en el sur de México, hacia la ciudad estadounidense de San Francisco: es la encargada de dictar allí clases de lengua maya yucateco.
"No hay palabra para ‘metro’ en maya, ni para ‘bar’… En Yucatán no hay montañas, a lo máximo unos cerros, no hay ríos sino cenotes… Enseñar maya aquí no es sólo dar vocabulario, es explicar otra realidad", dice la docente.
Contenido relacionado
¿De dónde surgió el mito de la desaparición de los mayas?
En fotos: celebración del cambio de era maya
El destino no fue elegido al azar: desde hace más de dos décadas, San Francisco se ha convertido en el destino preferido de los mayas que migran hacia el norte desde México y Centroamérica. Se calcula que en la llamada Bay Area, la bahía sobre la que está emplazada la ciudad californiana, residen entre 15 y 20 mil latinos que se identifican a sí mismos como mayas.
Y Martínez Huchim, que es antropóloga especializada en lingüística, viene aquí en el marco de un programa que busca transmitir a algunos de ellos la geografía y la cultura de sus ancestros.
"Motiva ver cómo los que están fuera del país y sus descendientes quieren seguir practicando la lengua maya y no olvidarse de sus raíces. Incluso atraemos la atención de otros extranjeros: en el curso hubo estadounidenses y un alemán", señala a BBC Mundo.
Pero el proyecto de enseñanza tiene otra misión más urgente: dar conocimientos básicos a trabajadores sociales, médicos, psicólogos y otros expertos para atender las necesidades de muchos de esos migrantes que tienen el maya como primera lengua y no hablan el español.
Estrés lingüístico
Basta caminar por la llamada Esquina Maya, sobre la calle 16 y en el corazón del barrio Misión, para escuchar los diálogos de los transeúntes en yucateco, cara a cara o por celular. Aquí las casas de envío de remesas tienen los nombres de remotos pueblos del sur de México escritos en sus vidrieras, se consigue el "Diario de Yucatán" llegado mensualmente desde Mérida y hasta un restaurante de dueño coreano vende tamales, mondongo y cochinita pibil.
Allí también está la sede de la Asociación Mayab, creada sin fines de lucro por migrantes dedicados a promover la cultura de sus comunidades: es la organización responsable del programa de intérpretes.
Basta caminar por la llamada Esquina Maya, sobre la calle 16 y en el corazón del barrio Misión, para escuchar los diálogos de los transeúntes en yucateco, cara a cara o por celular. Aquí las casas de envío de remesas tienen los nombres de remotos pueblos del sur de México escritos en sus vidrieras, se consigue el "Diario de Yucatán" llegado mensualmente desde Mérida y hasta un restaurante de dueño coreano vende tamales, mondongo y cochinita pibil.
Allí también está la sede de la Asociación Mayab, creada sin fines de lucro por migrantes dedicados a promover la cultura de sus comunidades: es la organización responsable del programa de intérpretes.
"Cuando se trata de situaciones de alto estrés, como ir al médico o ir a testificar o hablar con la policía, aunque la persona tenga un español funcional se siente mejor hablando en su primera lengua, que es el maya. Para eso formamos intérpretes, para ofrecer un servicio a migrantes que lo necesitan", dice a BBC Mundo Alberto Pérez Rendón, uno de los directivos de Mayab.
Varios voluntarios ya han completado las prácticas y están listos para mostrar sus habilidades en hospitales, tribunales y oficinas públicas: son jóvenes trilingües, que pueden traducir del inglés al maya sin "interpretación de relevo" (pasando por el español); algunos hablan incluso más de un dialecto de la treintena que conforma el tronco lingüístico maya.
La mayoría de los migrantes instalados en San Francisco habla la variante yucateca, propia de la península del oriente mexicano, y tienden a dominar mejor el español que otros grupos, como los mayas Mam -del estado de Chiapas y de Guatemala- que son en gran medida monolingües. También ha habido un crecimiento, señalan los locales, de hablantes de dialectos ch’ol, tzeltal y k’iche’.
"A aquellos que son monolingües incluso hace falta asistirlos en situaciones más cotidianas, como ir a comprar a una tienda o llenar papeles en una oficina del gobierno", detalla Pérez Rendón.
Destino: California
Según las estadísticas, casi 70% de los mayas que migran a EE.UU. se instala en San Francisco y zonas aledañas.
¿Por qué? No hay una razón histórica clara, pero muchos coinciden en que se dio un “efecto contagio” entre familiares y conocidos provenientes de las comunidades mayas de Mesoamerica.
Muchos llegaron en el marco del Programa de Braceros, un plan del gobierno estadounidense para traer trabajadores temporarios entre 1942 y 1964.
Tomás Bermejo es considerado el “padre" legendario de los migrantes mayas en la zona: en 1965, abrió un restaurante de comida yucateca y los relatos sobre su éxito circularon por su natal
Oxkutzcab, impulsando a otros a hacer el viaje.
Luego, muchos llegaron a buscar empleo en restaurantes y hoteles con la experiencia recogida en Cancún durante el boom de la Riviera maya, en los años ’80.
Según las estadísticas, casi 70% de los mayas que migran a EE.UU. se instala en San Francisco y zonas aledañas.
¿Por qué? No hay una razón histórica clara, pero muchos coinciden en que se dio un “efecto contagio” entre familiares y conocidos provenientes de las comunidades mayas de Mesoamerica.
Muchos llegaron en el marco del Programa de Braceros, un plan del gobierno estadounidense para traer trabajadores temporarios entre 1942 y 1964.
Tomás Bermejo es considerado el “padre" legendario de los migrantes mayas en la zona: en 1965, abrió un restaurante de comida yucateca y los relatos sobre su éxito circularon por su natal
Oxkutzcab, impulsando a otros a hacer el viaje.
Luego, muchos llegaron a buscar empleo en restaurantes y hoteles con la experiencia recogida en Cancún durante el boom de la Riviera maya, en los años ’80.
Larga batalla
Juanita Quintero trabaja como promotora de salud.
Además de entrenar voluntarios, los activistas de la comunidad han dedicado esfuerzos para que las autoridades locales contraten traductores fijos en lugares clave, como los centros de salud y hospitales cercanos.
"Los sistemas establecidos no reconocen que hay migrantes (latinos) que hablan otra lengua que no es el español. Hay una percepción de que todos son mexicanos y todos hablan español. Y si por la calle escuchan una lengua rara piensan que se trata de alguna lengua asiática, que son filipinos y ya", dice Juanita Quintero Nieves.
La mujer, nacida en México hace 65 años, trabaja como promotora de salud comunitaria y ha practicado la militancia en los 43 años que lleva como inmigrante en Estados Unidos.
"A muchos por ejemplo les da terror tratar con la policía justamente por esa barrera de comprensión, tanto que algunos ni siquiera reportan delitos o incidentes", continúa Quintero, que fue una de las primeras mujeres mayas en poblar el barrio Misión, allá por 1969.
Sin embargo, a su hijo no le transmitió las tradiciones de sus antepasados y ha sido a través de su nieta –una de las participantes en las clases de idioma de la Asociación Mayab- que Juanita volvió a tomar contacto con sus orígenes.
"Estos niños oyen a sus papás y a sus abuelos hablar maya pero ellos no lo hablan, y ahora se encuentran con compañeros de su misma edad intentando hablar su lengua aborigen y sin nadie que se ría de ellos… Eso da un sentido de identidad más fuerte", opina Quintero.
Parte del mérito, dicen aquí, lo tiene la profesora Martínez Huchim.
"Nos enseñó sobre los glifos del maya antiguo y cómo escribir, los chicos al final hicieron sus nombres en jeroglíficos, traduciendo desde el español y el inglés", dice Raúl Pacheco a BBC Mundo, mientras señala una tela colgada en la pared con figuras de colores vivos y una leyenda: "Mayas unidos".
A Pacheco lo trajeron sus padres a los cinco años y hoy tiene 26: vive la experiencia de ser "de dos lugares a la vez", educado en Estados Unidos pero nacido en Oxkutzcab, de donde proviene la mitad de los mayas yucatecos asentados en la bahía de San Francisco.
En la Asociación ven su potencial para "tender puentes" entre las tradiciones indígenas que quieren preservar y la cultura estadounidense que deben asimilar. Es, también, uno de los intérpretes preparados para ayudar.
Lenguas vivas
Según el Instituto de Lenguas Indígenas de México, más de 5 millones de personas hablan alguna variante de maya.
Las comunidades mayahablantes se concentran en los estados mexicanos de Yucatán, Campeche, Quintana Roo, Chiapas y Tabasco, además de Belice, Guatemala y el oeste de Honduras y El Salvador.
Una lengua extinta, denominada “protomaya”, es considerada el tronco común de las 31 lenguas mayas actualmente reconocidas.
29 son aún utilizadas para la comunicación primaria en distintas comunidades; otras dos son lenguas muertas (chicomucelteco y choltí).
Hay más de un millón de hablantes de yucateco, la variante más difundida entre los inmigrantes mayas en la costa oeste de EE.UU.
¿Latinos? No, mayas
Lejos de las interpretaciones apocalípticas, el 21 de diciembre lo pasaron los migrantes en celebraciones por la "apertura al 13 B’aqtun", como se llama al nuevo ciclo del calendario maya. Hicieron foros comunitarios y ofrendas, así como en ocasiones anteriores tomaron las calles para desfilar con sus vestidos tradicionales, los hipiles bordados o los más festivos ternos.
En el barrio también dictan lecciones de jarana, un baile típico, y reparten material bilingüe con instrucciones básicas, tales como qué hacer ante una requisa policial.
Un 74% de los mayas residentes es considerado "emigrado económico", según un estudio de 2008. Luego, la violencia en la región mesoamericana ha expulsado a otros, llegados más recientemente.
Y aunque no necesariamente lo reconocen como un factor decisorio para escapar, la mayoría dice haber padecido discriminación dentro de sus países: tal vez por eso le rehuyen a la genérica etiqueta de "latinos", que iguala a todos los provenientes del sur de la frontera mexicano-estadounidense.
"Muchos no se olvidan de que los mismos que acá son hispanos (no indígenas) son los que allá en nuestros países nos discriminaron, a nosotros en tanto pueblos indígenas. Ahora y aquí somos todos inmigrantes y eso nos pone en situación de igualdad… Sí, somos latinos, pero ante todo somos mayas", concluye Pérez Rendón, que no aprendió la lengua aborigen en México sino en Estados Unidos porque su familia no se la enseñó "y siempre sentí que algo se cortó con mi gente por eso".
De allí su programa de ayuda para los mayahablantes. Que no es otra cosa que una cruzada para preservar las lenguas, a la vez servicio y militancia.
Lejos de las interpretaciones apocalípticas, el 21 de diciembre lo pasaron los migrantes en celebraciones por la "apertura al 13 B’aqtun", como se llama al nuevo ciclo del calendario maya. Hicieron foros comunitarios y ofrendas, así como en ocasiones anteriores tomaron las calles para desfilar con sus vestidos tradicionales, los hipiles bordados o los más festivos ternos.
En el barrio también dictan lecciones de jarana, un baile típico, y reparten material bilingüe con instrucciones básicas, tales como qué hacer ante una requisa policial.
Un 74% de los mayas residentes es considerado "emigrado económico", según un estudio de 2008. Luego, la violencia en la región mesoamericana ha expulsado a otros, llegados más recientemente.
Y aunque no necesariamente lo reconocen como un factor decisorio para escapar, la mayoría dice haber padecido discriminación dentro de sus países: tal vez por eso le rehuyen a la genérica etiqueta de "latinos", que iguala a todos los provenientes del sur de la frontera mexicano-estadounidense.
"Muchos no se olvidan de que los mismos que acá son hispanos (no indígenas) son los que allá en nuestros países nos discriminaron, a nosotros en tanto pueblos indígenas. Ahora y aquí somos todos inmigrantes y eso nos pone en situación de igualdad… Sí, somos latinos, pero ante todo somos mayas", concluye Pérez Rendón, que no aprendió la lengua aborigen en México sino en Estados Unidos porque su familia no se la enseñó "y siempre sentí que algo se cortó con mi gente por eso".
De allí su programa de ayuda para los mayahablantes. Que no es otra cosa que una cruzada para preservar las lenguas, a la vez servicio y militancia.
.
Monday, June 20, 2011
El valor de nuestros emigrantes
20 de junio del 2011
Juan Bolívar Díaz
Todavía no se ha estudiado suficientemente el valor de los emigrantes dominicanos que en el último medio siglo se expandieron por el mundo en busca de mejores condiciones de vida, manteniendo profundas raíces con sus orígenes nacionales, aunque sometiendo a sus descendientes a la simbiosis transcultural. Ellos han sido vitales para el sostenimiento y el relativo desarrollo de la sociedad dominicana.
Desde luego que no han sido pocos los aportes de los investigadores dominicanos y académicos extranjeros, especialmente de los integrados a instituciones como el Instituto de Estudios Dominicanos de la Universidad de Nueva York o al Voluntariado de Madres Dominicanas en España (Vomade), para sólo citar dos de las más conocidas.
Pero aún así la mayoría de los dominicanos tiene una gran ignorancia sobre lo las dimensiones, aportes y significados de la diáspora dominicana, a la que de ordinario se tiende a subestimar y hasta estigmatizar, como si todos y todas fueran narcotraficantes, trabajadoras sexuales o desclasados inadaptados.
El diario El Caribe recogió el 14 de junio un informe del Consejo Nacional para las Comunidades Dominicanas en el Exterior (CONDEX) que estima en cerca de dos millones los nacionales que residen en el exterior, lo que equivale al 20 por ciento de lo que sería la población de la República Dominicana. De ellos 1 millón 334 mil estaban radicados en Estados Unidos en el 2008. En Nueva York los y las dominicanas constituyen la segunda concentración latina y en Puerto Rico la primera colonia extranjera.
En Borínquen la comunidad dominicana era oficialmente de 69 mil 864, según censo del 2006, pero hay mucho más indocumentados, por lo que se les estima hasta en 300 mil. En España las estadísticas oficiales los cuantificaban hace tres años en 80 mil 973, pero Vomade los cifra sobre cien mil. El informe del CONDEX recoge el dato oficial de 18 mil 591 del Instituto Italiano de Estadísticas, y 11 mil 600 en Holanda.
Dominicanos hay por millares en casi todas las islas del Caribe, en Centroamérica, y en múltiples naciones de Europa y Sudamérica, y se les encuentra en lugares tan distantes como Irak o Japón, y tan fríos como Alaska, Suecia o Rusia. En todas partes se fajan en cualquier tipo de trabajo, laborando horas extra para enviar remesas a los que dejaron aquí, y soñando con acumular para volver a los suyos.
Las estadísticas oficiales indican que desde el 2008 las remesas de los migrantes dominicanos pasan de los 3 mil 100 millones de dólares por año, una cifra fundamental en el precario equilibrio de las finanzas nacionales. Sin ese aporte que llega al 20 por ciento de la población nuestra pobreza sería mucho mayor.
En otra perspectiva, si esos casi dos millones de dominicanos no hubiesen emigrado, las tensiones sociales hubiesen hecho explosión, sobre todo si se tiene en cuenta que una alta proporción de ellos y ellas son de los que más acunaban el inmenso deseo de progresar y cambiar el curso de sus vidas.
Honor especial hay que reservar a esas decenas de miles que desde los años setenta tuvieron la valentía de emigrar en yolas hacia Puerto Rico, jugándose la vida en búsqueda de progreso. No se sabe cuántos perdieron la partida, pero los sobrevivientes son suficientes para testimoniar el profundo valor de esa migración.
Lo penoso y negativo es que al emigrar los que más deseos de progreso sustentaban, dejaron campos, pueblos y barrios poblados con los más conformistas. Los mejores son los que no se resignan a la pobreza. !Loor a los emigrantes dominicanos!.-
Fuente
Juan Bolívar Díaz
Todavía no se ha estudiado suficientemente el valor de los emigrantes dominicanos que en el último medio siglo se expandieron por el mundo en busca de mejores condiciones de vida, manteniendo profundas raíces con sus orígenes nacionales, aunque sometiendo a sus descendientes a la simbiosis transcultural. Ellos han sido vitales para el sostenimiento y el relativo desarrollo de la sociedad dominicana.
Desde luego que no han sido pocos los aportes de los investigadores dominicanos y académicos extranjeros, especialmente de los integrados a instituciones como el Instituto de Estudios Dominicanos de la Universidad de Nueva York o al Voluntariado de Madres Dominicanas en España (Vomade), para sólo citar dos de las más conocidas.
Pero aún así la mayoría de los dominicanos tiene una gran ignorancia sobre lo las dimensiones, aportes y significados de la diáspora dominicana, a la que de ordinario se tiende a subestimar y hasta estigmatizar, como si todos y todas fueran narcotraficantes, trabajadoras sexuales o desclasados inadaptados.
El diario El Caribe recogió el 14 de junio un informe del Consejo Nacional para las Comunidades Dominicanas en el Exterior (CONDEX) que estima en cerca de dos millones los nacionales que residen en el exterior, lo que equivale al 20 por ciento de lo que sería la población de la República Dominicana. De ellos 1 millón 334 mil estaban radicados en Estados Unidos en el 2008. En Nueva York los y las dominicanas constituyen la segunda concentración latina y en Puerto Rico la primera colonia extranjera.
En Borínquen la comunidad dominicana era oficialmente de 69 mil 864, según censo del 2006, pero hay mucho más indocumentados, por lo que se les estima hasta en 300 mil. En España las estadísticas oficiales los cuantificaban hace tres años en 80 mil 973, pero Vomade los cifra sobre cien mil. El informe del CONDEX recoge el dato oficial de 18 mil 591 del Instituto Italiano de Estadísticas, y 11 mil 600 en Holanda.
Dominicanos hay por millares en casi todas las islas del Caribe, en Centroamérica, y en múltiples naciones de Europa y Sudamérica, y se les encuentra en lugares tan distantes como Irak o Japón, y tan fríos como Alaska, Suecia o Rusia. En todas partes se fajan en cualquier tipo de trabajo, laborando horas extra para enviar remesas a los que dejaron aquí, y soñando con acumular para volver a los suyos.
Las estadísticas oficiales indican que desde el 2008 las remesas de los migrantes dominicanos pasan de los 3 mil 100 millones de dólares por año, una cifra fundamental en el precario equilibrio de las finanzas nacionales. Sin ese aporte que llega al 20 por ciento de la población nuestra pobreza sería mucho mayor.
En otra perspectiva, si esos casi dos millones de dominicanos no hubiesen emigrado, las tensiones sociales hubiesen hecho explosión, sobre todo si se tiene en cuenta que una alta proporción de ellos y ellas son de los que más acunaban el inmenso deseo de progresar y cambiar el curso de sus vidas.
Honor especial hay que reservar a esas decenas de miles que desde los años setenta tuvieron la valentía de emigrar en yolas hacia Puerto Rico, jugándose la vida en búsqueda de progreso. No se sabe cuántos perdieron la partida, pero los sobrevivientes son suficientes para testimoniar el profundo valor de esa migración.
Lo penoso y negativo es que al emigrar los que más deseos de progreso sustentaban, dejaron campos, pueblos y barrios poblados con los más conformistas. Los mejores son los que no se resignan a la pobreza. !Loor a los emigrantes dominicanos!.-
Fuente
.
Subscribe to:
Posts (Atom)
