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Saturday, October 22, 2016

Los Sufrimientos de Cristo


A fin de apreciar plenamente el valor de la salvación, es necesario comprender cuál ha sido su costo. Como consecuencia de las ideas limitadas referentes a los sufrimientos de Cristo, muchos estiman en poco la gran obra de la expiación. El glorioso plan proyectado para la salvación del hombre se puso por obra mediante el amor infinito de Dios Padre. En este plan divino se ve la manifestación más admirable del amor de Dios hacia la especie caída. Un amor como el que se manifiesta en el don del amado Hijo de Dios asombraba a los ángeles. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16. Este Salvador era el esplendor de la gloria del Padre, y la imagen expresa de su persona. Divinamente majestuoso, perfecto y excelente, era igual a Dios. “Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud”. Colosenses 2:19. “El cual, siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual a Dios: sin embargo, se anonadó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y hallado en la condición como hombre, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Filipenses 2:6-8.

Cristo consintió en morir en lugar del pecador, a fin de que el hombre, mediante una vida de obediencia, pudiese escapar a la penalidad de la ley de Dios. Su muerte no anuló la ley; no la eliminó, ni disminuyó sus santos requerimientos, ni redujo su sagrada dignidad.  La muerte de Cristo proclamó la justicia de la ley de su Padre al castigar al transgresor, al consentir en someterse él mismo a la penalidad de la ley, a fin de salvar de su maldición al hombre caído. La muerte del amado Hijo de Dios en la cruz revela la inrnutabilidad de la ley de Dios. Su muerte la magnifica y la honra, y evidencia ante el hombre su carácter inmutable. De sus labios divinos se oyen las palabras: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas: no he venido para abrogar, sino a cumplir”. Mateo 5:17. La muerte de Cristo justificó las demandas de la ley.



Saturday, May 16, 2015

Vivimos en el gran día de la expiación



12 de noviembre


A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová.
Levítico 23:27.

Estamos viviendo ahora en el gran día de la expiación. Cuando en el servicio simbólico el sumo sacerdote hacía la propiciación por Israel, todos debían afligir sus almas arrepintiéndose de sus pecados y humillándose ante el Señor, si no querían verse separados del pueblo. De la misma manera, todos los que desean que sus nombres sean conservados en el libro de la vida, deben ahora, en los pocos días que les quedan de este tiempo de gracia, afligir sus almas ante Dios con verdadero arrepentimiento y dolor por sus pecados. Hay que escudriñar honda y sinceramente el corazón. Hay que deponer el espíritu liviano y frívolo al que se entregan tantos cristianos de profesión. Empeñada lucha espera a todos aquellos que quieran subyugar las malas inclinaciones que tratan de dominarlos. La obra de preparación es obra individual. No somos salvados en grupos. La pureza y la devoción de uno no suplirá la falta de estas cualidades en otro. Si bien todas las naciones deben pasar en juicio ante Dios, sin embargo él examinará el caso de cada individuo de un modo tan rígido y minucioso como si no hubiese otro en la tierra. Cada cual tiene que ser probado y encontrado sin mancha, ni arruga, ni cosa semejante.

Solemnes son las escenas relacionadas con la obra final de la expiación. Incalculables son los intereses que ésta envuelve. El juicio se lleva ahora adelante en el santuario celestial. Esta obra se viene realizando desde hace muchos años. Pronto—nadie sabe cuándo—les tocará ser juzgados a los vivos. En la augusta presencia de Dios nuestras vidas deben ser pasadas en revista. En éste más que en cualquier otro tiempo conviene que toda alma preste atención a la amonestación del Señor: “Velad y orad: porque no sabéis cuándo será el tiempo”. “Y si no velares, vendré a ti como ladrón, y no sabrás en qué hora vendré a ti”. Marcos 13:33; Apocalipsis 3:3.

Cuando quede concluida la obra del juicio investigador, quedará también decidida la suerte de todos para vida o para muerte. El tiempo de gracia terminará poco antes de que el Señor aparezca en las nubes del cielo. Al mirar hacia ese tiempo, Cristo declara en Apocalipsis: “¡El que es injusto, sea injusto aún; y el que es sucio, sea sucio aún; y el que es justo, sea justo aún; y el que es santo, sea aún santo! He aquí, yo vengo presto, y mi galardón está conmigo, para dar la recompensa a cada uno según sea su obra”.Apocalipsis 22:11-12.—el Conflicto de los Siglos, 544-545.

En el servicio ritual típico el sumo sacerdote, hecha la propiciación por Israel, salía y bendecía a la congregación. Así también Cristo, una vez terminada su obra de mediador, aparecerá “sin pecado... para la salvación” (Hebreos 9:28), para bendecir con el don de la vida eterna a su pueblo que le espera.—Ibid. 539.


Exaltad a Jesús,
p. 324
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