"La mayor necesidad del mundo es la de hombres que no se vendan ni se compren; hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas; hombres que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde; hombres cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo; hombres que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos". Ellen G. White.
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Friday, May 24, 2013
Friday, October 29, 2010
"Id antes á los que venden, y comprad para vosotras"
1Entoces el reino de los cielos será semejante á diez vírgenes, que tomando sus lámparas, salieron á recibir al esposo.
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2Y las cinco de ellas eran prudentes, y las cinco fatuas.
3Las que eran fatuas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite;
4Mas las prudentes tomaron aceite en sus vasos, juntamente con sus lámparas.
5Y tardándose el esposo, cabecearon todas, y se durmieron.
6Y á la media noche fué oído un clamor: He aquí, el esposo viene; salid á recibirle.
7Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y aderezaron sus lámparas.
8Y las fatuas dijeron á las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan.
9Mas las prudentes respondieron, diciendo. Porque no nos falte á nosotras y á vosotras, id antes á los que venden, y comprad para vosotras.
10Y mientras que ellas iban á comprar, vino el esposo; y las que estaban apercibidas, entraron con él á las bodas; y se cerró la puerta.
11Y después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: Señor, Señor, ábrenos.
12Mas respondiendo él, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.
13Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del hombre ha de venir.
2Y las cinco de ellas eran prudentes, y las cinco fatuas.
3Las que eran fatuas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite;
4Mas las prudentes tomaron aceite en sus vasos, juntamente con sus lámparas.
5Y tardándose el esposo, cabecearon todas, y se durmieron.
6Y á la media noche fué oído un clamor: He aquí, el esposo viene; salid á recibirle.
7Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y aderezaron sus lámparas.
8Y las fatuas dijeron á las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan.
9Mas las prudentes respondieron, diciendo. Porque no nos falte á nosotras y á vosotras, id antes á los que venden, y comprad para vosotras.
10Y mientras que ellas iban á comprar, vino el esposo; y las que estaban apercibidas, entraron con él á las bodas; y se cerró la puerta.
11Y después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: Señor, Señor, ábrenos.
12Mas respondiendo él, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.
13Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del hombre ha de venir.
Mateo 25:1-13.
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Thursday, April 1, 2010
La Mayor Obra Del Mundo
Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. (Mar. 16: 15).
"Id por todo el mundo, y predicad el evangelio a toda criatura", es la orden de Cristo. . . No quiere decir esto que todos sean llamados a ser pastores o misioneros en el sentido común de la palabra; pero todos pueden ser colaboradores con él para dar las "buenas nuevas" a sus semejantes. Se da la orden a todos, grandes o chicos, instruidos o ignorantes, viejos o jóvenes.*
Sobre todo aquel que conoce la verdad para este tiempo descansa la responsabilidad de darla a conocer a otros. Los siervos de Cristo son en gran medida responsables del bienestar y la salvación del mundo. Han de ser colaboradores de Dios en la obra de ganar almas para Cristo.
El tema que atrae el corazón del pecador es Cristo y Cristo crucificado. Sobre la cruz del Calvario Jesús se revela al mundo en un amor sin paralelo. Presentadlo a las multitudes hambrientas, y la luz de su amor ganará a los hombres y los llevará de las tinieblas a la luz, de la transgresión a la obediencia y la verdadera santidad. La contemplación de Cristo en la cruz del Calvario despierta la conciencia para que perciba el carácter odioso del pecado como no puede hacerlo ninguna otra cosa.
Suspendido de la cruz, Cristo era el Evangelio. . . "He aquí el cordero d Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1: 29). ¿No mantendrán nuestros miembros de la iglesia sus ojos fijos en un Salvador crucificado y resucitado, en quien se cifran sus esperanzas de vida eterna? Este es nuestro mensaje . . . para los impenitentes, nuestra exhortación para los afligidos, la esperanza para cada creyente. Si podemos despertar en la mente de los hombres un interés que les haga fijar sus ojos en Cristo, podemos hacernos a un lado y pedirles que continúen fijando sus ojos en el Cordero de Dios. Aquel cuyos ojos estén fijos en Jesús, lo abandonará todo. Morirá al egoísmo. Creerá en toda la Palabra de Dios, que está tan gloriosa y maravillosamente exaltada en Cristo.
Es privilegio de todo cristiano no sólo esperar sino apresurar la venida de nuestro Señor Jesucristo. Si todos los que profesan su nombre llevasen frutos para su gloria, ¡cuán prestamente quedaría sembrada en el mundo la semilla del Evangelio! La última mies maduraría rápidamente, y Cristo vendría para recoger el precioso grano.
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Maranata, E. G. White, p. 97.
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Thursday, January 28, 2010
Se Bendice A Los Que Velan
Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles. (Luc. 12: 37).
Dios advirtió siempre a los hombres los juicios que iban a caer sobre ellos. Los que tuvieron fe en su mensaje para su tiempo y actuaron de acuerdo con ella, en obediencia a sus mandamientos, escaparon a los juicios que cayeron sobre los desobedientes e incrédulos. A Noé fueron dirigidas estas palabras: "Entra tú y toda tu casa en el arca; porque a ti he visto justo delante de mí". Noé obedeció y se salvó. Este mensaje llegó a Lot: "Levantaos, salid de este lugar; porque Jehová va a destruir esta ciudad" (Gén. 7: 1; 19: 14). Lot se puso bajo la custodia de los mensajeros celestiales y se salvó. Así también los discípulos de Cristo fueron advertidos acerca de la destrucción de Jerusalén. Los que se fijaron en la señal de la ruina inminente y huyeron de la ciudad, escaparon de la destrucción. Así también ahora hemos sido advertidos acerca de la segunda venida de Cristo y de la destrucción que ha de sobrecoger al mundo. Los que presten atención a la advertencia se salvarán.
Por cuanto no sabemos la hora exacta de su venida, se nos ordena que velemos. "Bienaventurados aquellos siervos, a los cuales su Señor cuando venga, halle velando". Los que velan esperando la venida de su Señor no aguardan en ociosa expectativa. La espera de la venida de Cristo debe inducir a los hombres a temer al Señor y sus juicios sobre los transgresores. Les ha de hacer sentir cuán grande pecado es rechazar sus ofrecimientos de misericordia. Los que aguardan al Señor purifican sus almas obedeciendo la verdad. Con la vigilancia combinan el trabajo ferviente. Por cuanto saben que el Señor está a las puertas, su celo se vivifica para cooperar con los seres divinos y trabajar para la salvación de las almas. Estos son los siervos fieles y prudentes que dan a la familia del Señor "a tiempo. . . su ración" (Luc. 12: 42). Declaran la verdad que tiene aplicación especial a su tiempo. Como Enoc, Noé, Abrahán y Moisés declararon cada uno la verdad para su tiempo, así también los siervos de Cristo dan ahora la amonestación especial para su generación.
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Maranata, E. G. White, p.34.
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Tuesday, September 15, 2009
El Tiempo de Gracia Terminara Sin Advertencia
Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche. (1 Tes. 5: 1, 2).
Los justos y los pecadores estarán viviendo aún sobre la tierra en su estado mortal: los hombres estarán plantando y edificando, comiendo y bebiendo, inconscientes de que arriba, en el santuario celestial, habrá sido pronunciada la decisión final e irrevocable. Antes del diluvio, después que Noé entró en el arca, Dios lo guardó allí, y dejó a los impíos afuera, pero la gente, ignorando que su condena estaba determinada, prosiguió por siete días más en su descuido, en su vida amante de placeres, y se mofaron de las advertencias del juicio inminente. "Así" dice el Salvador, "será la venida del Hijo del Hombre". La hora decisiva que fijará el destino de cada hombre, el retiro final de la misericordia ofrecida a los culpables, vendrá silenciosa, inadvertidamente, como ladrón en la noche.
Los hombres se están dejando adormecer en una seguridad fatal y sólo despertarán cuando la ira de Dios se derrame sobre la tierra.
Cuando al fin del tiempo, el Señor se encamine hacia la tierra para ejecutar su juicio, las temidas plagas comenzarán a caer. Entonces, los que menospreciaron la Palabra de Dios, los que la estimaron livianamente, errarán de mar a mar, de norte a sur, irán de aquí para allá buscando la Palabra del Señor y no la hallarán. . . Los ministros de Dios habrán realizado su última obra, ofrecido sus últimas oraciones, derramado su última amarga lagrima en favor de una iglesia rebelde y un pueblo impío.
La vista de Jesús, al mirar a través de las edades, se fijó en nuestro tiempo cuando dijo: "¡Si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz!" Este es aún tu día, oh iglesia de Dios, a quien él ha hecho la depositaria de su ley. Este día de oportunidad y gracia está llegando a su fin. El sol se está ocultando rápidamente. ¿Podría ocurrir que se esté ocultando y tú no conozcas "lo que es para tu paz"? ¿Habrá de pronunciarse la irrevocable sentencia, "mas ahora está encubierto de tus ojos"? (Luc. 19: 42).
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Maranata, E. G. W., p.262.
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Nota: Negritas agregadas.
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