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Wednesday, September 7, 2016

Las 5 Industrias como Herramientas de la Propaganda







¿CONSPIRACION? 18:51



La Industria del Deporte:


El ya citado Goebbels dijo con referencia a los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936: “Este grandioso evento será la demostración experimental que mostraremos al mundo de nuestras ideas.” Goebbels se refería a las teorías raciales y eugenésicas. Pues bien, en 1936 las olimpiadas se celebraron en la Alemania nazi… después la guerra… y ocho años después, se celebraron en Londres, y a los cuatros siguientes también en Londres. La locura racial no fue ni mucho menos exclusiva de los nazis. De hecho, hubo una campaña propagandística de masas que buscó la criminalización del nacional-socialismo, alrededor de los excesos que compartieron con sus enemigos aliados. La eugenesia es europea, el colectivismo tecnocrático es europeo… y el deporte también es europeo.


El poder propagandístico del deporte es inmenso en la sociedad global. Incide con virulencia en la emotividad de las masas para transmitir contenidos pseudo-heroicos a niños y adultos. Erradica las referencias viriles genuinas de la cultura, para sustituirlas por modelos comportamentales prefabricados. Por ejemplo: un niño hindú normal crecía escuchando historias de Arjuna, un niño español normal se criaba escuchando leyendas del Cid Campeador, o un niño egipcio normal aprendía de los relatos que escuchaba de Dhul-Nun. En el mundo globalizado, esa autenticidad cultural fue sustituida por Leo Messi, Cristiano Ronaldo, Kobe Bryan, Tiger Woods, Michael Phelps y compañía.


Una vez más, la técnica se aplicó en este medio propagandístico con el desarrollo de una medicina y una farmacología propia: la medicina deportiva y su correspondiente doping. ¿Qué sería del deporte de élite norteamericano (NBA, NFL, etc) sin doping? Nada. ¿Y qué sería de la industria del deporte sin el deporte de élite norteamericano? Nada de nada.
Porque el deporte de élite es el campo de pruebas de la investigación farmacológica y biotecnológica desarrollada por las mismas instituciones siniestras que aquí se han citado. Las principales universidades en esta área son las británicas de siempre (Cambridge y Oxford) y ciertas universidades norteamericanas (en especial, californianas. Llevan más de cien años fabricando héroes de plástico; y con el deporte se ha llegado al límite inferior en el cual los fantoches producidos ni tan si quiera se asemejan a un ser humano.


La Industria del Cine:


Si el deporte es la principal herramienta de propaganda global sobre los instintos activo-masculinos, la Industria del Cine se sirve de la pasividad inherente a todo espectador para llevar a cabo una profundísima manipulación psicológica.


Que nadie lo dude: el cine es un medio propagandístico. Como industria nació en Los Angeles a principios de siglo XX, y en él siempre prevaleció la “producción” por encima de cualquier dirección artística o trabajo interpretativo a sueldo. El dueño de una película es siempre el “productor”. El cine no es un medio artístico en el que se insertó una industria. No, no, no.


Es una industria de propaganda en la que dentro existen destellos artísticos que en última instancia están a sueldo de la producción. En palabras aún más claras: el cine no es el séptimo arte; sino que es -y siempre fue desde su aparición- la principal herramienta de propaganda global.


Sobre todo después de la crisis de los años cuarenta, el cine de Hollywood ni tan si quiera es rentable en términos económicos. De nuevo, la financiación de una herramienta propagandística (en este caso, el cine todo ello) se apoya en una sofisticada estructura de fundaciones, entidades privadas y subvenciones públicas más interesadas en su función propagandística y publicitaria.


¿Os habéis preguntado cuánta gente tendría que ir al cine y pagar su entrada para pagar los cachés de Steven Spielberg, Angelina Jolie o Tom Hanks?
No hay gente ni salas de cine en el mundo suficientes para sufragar esas cifras. Hay otros financistas y otros intereses.


¿Cuál es la función simbólica de una “estrella”? La de guiar: la Estrella Polar (o el Crucero del Sur) nos guía; la Estrella de Oriente guía a los Reyes Magos; alguien bien guiado es alguien “con estrella”. Obsérvese que se ha creado un explícito “sistema de estrellas” (star system; literalmente así llamado).


La población mundial es guiada científicamente por unas referencias comportamentales sistematizadas: las “estrellas” de cine. Para formar parte de ese sistema estelar, además de ser actor, hay que tener algunos de los siguientes requisitos: o ser de origen judeo-asquenazita, o estar divorciado, o tener un pasado problemático con las drogas y el alcohol (o en muchos casos, los tres al mismo tiempo). De forma descarada, algunas de estas referencias estelares se presentan como “Embajadores de Buena Voluntad de la ONU”; otros como “caballeros” de la Reina de Inglaterra; y otros directamente como directores y miembros de entidades educativas, academias artísticas, fundaciones filantrópicas, ministerios de cultura, universidades varias… Estos sinvergüenzas son las referencias comportamentales de todo el mundo globalizado, y a estas alturas la influencia de esta herramienta de ingeniería social se encuentra en extremo desbocada.




La Industria del Sexo:


Conviene tomarse en serio como enemigo a la llamada Industria del Sexo. En volumen de negocio sólo tiene parangón con la industria del cine convencional. Si se estudia su financiación y su origen se comprende qué función propagandística tiene. Con la pornografía (tal y como con el opio o la cocaína) ocurre que los primeros consumidores y traficantes formaban parte de la misma élite política. Los primeros pornógrafos fueron nobles europeos e industriales norteamericanos más o menos pervertidos. Con las revoluciones culturales de los sesenta y los setenta, la población tuvo acceso libre a la pornografía, a través de empresas con el mismo origen que las cinematográficas.


Hollywood está a lado de San Fernando Valley.


Para comprender rápidamente la importancia de la Industria del Sexo en el plan global de destrucción cultural, basta saber que uno de sus magnates, Hugh Hefner, fue asistente registrado de varias reuniones Bilderberg. ¿Por qué comparten mesa tipos como Hugh Hefner o Larry Flint con tipos como Henry Kissinger o David Rockefeller? Insisto en que hay que tomarse en serio la amenaza de la industria pornográfica: ataca y arrasa cimientos culturales con poquísimo esfuerzo, rápido y en masa. No se trata sólo de que el onanismo desvitalice al consumidor de estos contenidos hasta límites que prácticamente ningún moderno va a reconocer por un hipócrita pudor. La pornografía de masa va más lejos: la misma actividad sexual se muestra como una mera masturbación con otro cuerpo, profanando toda valencia sagrada de la sexualidad. Personalmente me niego a pensar que existen tantos onanistas dispuestos a pagar como para mantener una estructura empresarial que mueve tantos millones de dólares. Como ocurre con el cine convencional, el cine porno se apoya en una financiación suministrada por entidades interesadas en su papel propagandístico.


Si se observa a sus productores, se verán unos puntos comunes. Gran porcentaje de los productores y actores porno se criaron en contextos sociales y familiares de un extremo puritanismo. Entre las actrices porno, abundan las hijas de reverendos protestantes, activos moralistas y férreos militares. No es una contradicción: sólo en el puritanismo secular puede florecer una industria como la pornográfica. Al repasar la biografía de algunos de los protagonistas de esta industria, comprobé interesantes datos comunes en muchos de ellos. Por ejemplo, una de las parejas de productores de más éxito del siglo XXI, tiene un currículo curioso: Michelle Belladona es hija de una autoridad religiosa cristiano-mormona y militar de alta graduación en el Ejército de los Estados Unidos; y su pareja y socio, el español Nacho Vidal fue miembro de las Fuerzas Especiales del Ejército Español.