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Saturday, June 30, 2018

Actitudes y ambiciones cristianas


30 de junio

Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno. No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 1 Juan 2:14, 15.  


Mi corazón se conmueve dentro de mí cuando veo y percibo cuán poco tiempo nos queda para trabajar. Nunca me ha parecido como ahora que tan grandes resultados dependen de nosotros como pueblo. Nunca ha habido una época como ahora cuando se necesitó que jóvenes de toda edad y país hicieran fervorosamente la obra que hay que hacer.

La sociedad espera algo de la juventud de hoy. Los hombres que han permanecido en el frente de batalla, llevando la responsabilidad en medio del calor del día, abandonarán el escenario de la vida activa. ¿Dónde se encuentran los jóvenes que ocuparán su lugar cuando estos sabios instructores y consejeros no puedan asumir más responsabilidades? Estos deberes tienen que recaer sobre los jóvenes. Cuán importante es, entonces, que los jóvenes se estén educando, porque sobre ellos recaerán estos deberes.

Prepárate, hijo mío [Guillermo], para desempeñar tus deberes con incorruptible fidelidad. Me gustaría poder impresionar a los jóvenes con lo que pueden llegar a ser y hacer si pudieran comprender lo que Dios espera de ellos. Les ha dado talentos, no para que se estanquen en la indolencia, sino para que los fortalezcan y los eleven mediante acciones nobles...

Hay que formar el carácter. Es la obra de la vida entera. Es una obra que requiere meditación. El buen juicio se debe ejercer; los hábitos de trabajo y perseverancia se deben consolidar. Considera con meditación y oración qué clase de carácter te gustaría poseer delante del mundo... Otras personas te pueden animar en tu trabajo, pero jamás podrán hacer tu tarea personal de vencer la tentación. No puedes ser honrado ni veraz, trabajador y virtuoso en lugar de ellos, ni ellos tampoco lo pueden ser en tu lugar. En cierto sentido debes permanecer solo para librar tus propias batallas. Pero no estarás solo, porque tendrás a Jesús y a los ángeles de Dios para que te ayuden. No obstante pocos alcanzan el nivel que podrían en cuanto a excelencia de carácter, porque no se fijan un blanco suficientemente elevado. La prosperidad y la felicidad jamás son el fruto de la generación espontánea. Son el resultado del trabajo, el fruto de mucho cultivo.—Carta 22, del 30 de junio de 1875, dirigida a su hijo W. C. White, cuando tenía veinte años. 


Cada Día con Dios, p.188.


Thursday, August 31, 2017

Dios aborrece el engaño




16 de febrero


Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado.
Isaías 58:1.


La hipocresía le resulta especialmente ofensiva a Dios. La gran mayoría de los hombres y las mujeres que profesan conocer la verdad, prefieren recibir mensajes delicados. No quieren que se ponga delante de ellos sus pecados y defectos. Prefieren a los pastores acomodadizos, que no convenzan al presentar la verdad. Prefieren también a los hombres que los adulan, y a su vez ellos alaban al pastor por manifestar tan “buen” espíritu, mientras atacan al fiel siervo de Dios...

Muchos ensalzan al ministro que habla mucho de la gracia, el amor y la misericordia de Jesús, que no pone énfasis en los deberes y las obligaciones, que no amonesta acerca de los peligros de la hipocresía, o que no predica acerca de los terrores de la ira de Dios.

La obra del Señor debe hacerse con fervor y decisión, por encima del engaño y la hipocresía. Sus verdaderos pastores no alabarán ni exaltarán al hombre. Comparecerán delante del pueblo con un claro “Así dice el Señor, el Santo de Israel”. Darán el mensaje, ya sea que los hombres lo quieran escuchar o lo rechacen. Si los hombres desprecian la Palabra de Dios y confían en la opresión, la hipocresía y la mundanalidad, los pastores deben declarar contra ellos las denuncias de Dios para que, si fuera posible, sean inducidos a arrepentirse. Si son demasiado orgullosos para arrepentirse y confesar sus errores, para volver a Dios, dando la bienvenida a la salvación y buscando su favor, el Señor retirará su luz de ellos y dejará que caminen por la senda que han escogido.

Los que empujen a los fieles mensajeros del Señor a situaciones sin salida, los que los desanimen, los que se interpongan entre ellos y el pueblo, de manera que su mensaje no ejerza la influencia que Dios quería que tuviera, serán responsables de los engaños y las herejías que se introduzcan en la iglesia como resultado de su conducta. Tienen una terrible cuenta que rendir ante Dios. Después que el Señor ha amonestado repetidamente a su pueblo, si aún rehúsan escuchar su voz y no quieren ser instruidos, su culpa es particularmente abominable para el Señor. El detalle de su rebelión se anota en un libro que está ante él, y tendrán que enfrentarse con ese informe cuando el juicio comience y los libros se abran.—Manuscrito 10, del 16 de febrero de 1899, “Palabras de advertencia”.


Cada Día con Dios, Página 53.