Sunday, April 27, 2008

CELO EQUIVOCADO



CELO EQUIVOCADO


Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. (Rom. 10: 2).


Hay un celo ruidoso, sin objeto ni propósito, que no obra de acuerdo con el conocimiento, sino que actúa ciegamente y, como resultado, destruye. No es el celo cristiano, pues éste se rige por principios y no es esporádico. Es ferviente, profundo y fuerte, embarga toda el alma y pone en ejercicio la sensibilidad moral. Para él, la salvación de las almas y los intereses del reino de Dios son asuntos de la más alta importancia. ¿Qué objeto hay que exija mayor fervor que la salvación de las almas y la gloria de Dios? Hay en esto consideraciones que no se pueden pasar por alto livianamente. Son de tanto peso como la eternidad. Los destinos eternos están en juego. Hombres y mujeres se deciden para bien o para mal. El celo cristiano no se agotará en palabrerías, sino que será sensible y actuará con vigor y eficiencia. Sin embargo, el celo cristiano inducirá a orar fervientemente y con humildad, y a la fidelidad en los deberes del hogar. En el círculo del hogar se verá la amabilidad y el amor, la benevolencia y la compasión, que son siempre frutos del celo cristiano. . .


¡Oh, cuán pocos aprecian el valor de las almas! ¡Cuán pocos están dispuestos a sacrificarse para llevar almas al conocimiento de Cristo! Se habla mucho, se profesa gran amor por las almas que perecen, pero el hablar cuesta poco. Lo que se necesita es ferviente celo cristiano, un celo que se manifiesta en obras. Todos deben trabajar ahora para sí mismos, y cuando tengan a Jesús en su corazón, lo confesarán a otros. Más fácil es impedir que las aguas del Niágara se despeñen por las cataratas, que impedir a un alma poseedora de Cristo que lo confiese.


La vida eterna debiera despertar el más profundo interés de todo cristiano. ¡Ser colaborador de Cristo y de los ángeles celestiales en el gran plan de salvación! ¿Qué obra puede compararse con ésta? De toda alma salvada asciende a Dios una ofrenda de gloria que se refleja sobre el salvado y sobre el que fue instrumento para su salvación.


Maranata, E. G. White, p.124.