Tuesday, August 12, 2014

Muere de ébola en Madrid el sacerdote español Miguel Pajares


El religioso había sido repatriado desde Liberia el pasado 7 de agosto


12 de agosto
09:36





El coche fúnebre que llevaba el cuerpo del sacerdote Miguel Pajares. / LUIS SEVILLANO




Madrid

El País

El sacerdote Miguel Pajares, de 75 años, que fue repatriado el pasado 7 de agosto desde Liberia para ser tratado en el Hospital Carlos III de Madrid del ébola que padecía, ha muerto este martes a las 9.28 a causa del virus, del que se contagió mientras trabajaba en un hospital de Monrovia. Así lo han confirmado a EL PAÍS fuentes del Hospital de La Paz. La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, a la que pertenecía el religioso, ha informado de que no dará entrevistas ni declaraciones. Su cadáver será "sellado e incinerado" de acuerdo con el reglamento de la Policía Sanitaria Mortuoria de la Comunidad de Madrid.

El cuerpo del religioso ha abandonado el centro sanitario poco antes de las 14.00 a bordo de un coche fúnebre, dentro de una caja sellada. La incineración será llevada a cabo en el tanatorio del Hospital de La Paz, situado en la carretera de Colmenar, en el límite de las localidades de Tres Cantos y Alcobendas. El hospital Carlos III ha confirmado que a la monja de nacionalidad española, Juliana Bonoha, que fue repatriada con el sacerdote, a pesar de no estar infectada con el ébola, no le repetirán las pruebas este martes, informa Alejandra Torres.

Antes de fallecer, Pajares presentaba un pronóstico "estable", según señalaron durante los últimos días integrantes de su familia, que había prohibido expresamente que se facilitaran datos de su parte médico. Según fuentes sindicales del Carlos III, el religioso permaneció en el hospital "consciente" y sin ser intubado, pero su estado empeoró en la madrugada de este martes y sufrió una parada respiratoria. El hospital ha informado públicamente de su fallecimiento debido a “complicaciones derivadas de la enfermedad por el virus del ébola”.

Pajares ha permanecido casi seis días en la planta sexta del centro hospitalario junto a la hermana Juliana Bonoha, entre las críticas del personal sanitario y las centrales por el "desmantelamiento" del Carlos III como centro de referencia de enfermedades tropicales e infecciosas, que tuvo además que ser vaciado de una treintena de pacientes para acoger a los religiosos. Según una fuente, la cápsula en la que fue trasladado desde la base aérea de Torrejón de Ardoz tras su viaje desde Monrovia (Liberia) en una ambulancia del Summa (Servicio de Emergencias madrileño) estaba también en la zona aislada para ambos pacientes, que estaban separados, porque “no sabían qué hacer con ella”.

Un equipo de cuidados intensivos formado por 12 personas (entre enfermeras, auxiliares y médicos), además del personal de limpieza, ha atendido a Pajares durante su estancia en el centro hospitalario, en tres turnos diarios. Todos acudían a la habitación sellada con máscaras, monos de seguridad y guantes que tuvieron que ser pedidos al exterior por el hospital ante esta emergencia, según señala otra fuente sanitaria, que asegura que “todo el operativo ha estado controlado desde el principio, a pesar de las dificultades del entorno, de la rapidez y de que ha habido que adaptarse a unas circunstancias totalmente novedosas”, informa Pilar Álvarez.

Pajares llevaba días recibiendo el ZMapp, el fármaco experimental que se está usando también en Estados Unidos con los dos pacientes ingresados allí y que también fueron repatriados desde África, el médico Kent Brantly y la cooperante Nancy Writebol. España importó el medicamento desde Ginebra, después de que la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), dependiente del Ministerio de Sanidad, lo autorizara excepcionalmente, al amparo de una legislación específica que permite el uso de sustancias no autorizadas en enfermos con riesgo de muerte. El medicamento se encuentra en fases iniciales de investigación y nunca había sido probado en humanos hasta que lo solicitó Estados Unidos para sus dos pacientes.

En los últimos días han muerto en Monrovia los compañeros religiosos de Pajares George Combey y Chantal Pascaline, que trabajaban junto a él en un hospital de Monrovia que ha sido cerrado.

Miguel Pajares era sacerdote de la orden de San Juan de Dios y superior del hospital católico de San José de Monrovia y había nacido en La Iglesuela, en la provincia de Toledo. El religioso español atendió al camerunés Patrick Nshamdze, director del centro hospitalario de Monrovia, hasta que falleció de ébola. Poco después, unos análisis confirmaban la sospecha de que el propio sacerdote estaba infectado con el virus, cuyo brote está fuera de control en África occidental.

El sacerdote, muy débil y con fiebre, fue trasladado en un Airbus 310 medicalizado desde la capital de Liberia. Un equipo médico le esperaba en Madrid para trasladarle al hospital Carlos III, donde ha permanecido hasta su fallecimiento en una habitación especialmente aislada y vigilada con cámaras. De hecho, la planta sexta de este centro sanitario se vació especialmente para recibirlo, tanto a él como a la religiosa Juliana Bonoha. Allí cuentan con habitaciones con presión negativa, que permite que no salga el aire de la estancia el exterior, y otras medidas de aislamiento, como esclusas individualizadas para sacar los residuos sanitarios en condiciones de seguridad.

En tanto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha elevado este lunes a 1.013 el número de muertos en África Occidental a causa del brote de la enfermedad.

El virus del Ébola se detectó por primera vez en 1976 en dos brotes epidémicos casi simultáneos ocurridos en Nzara (Sudán) y Yambuku (República Democrática del Congo). De los diferentes brotes que se han registrado desde 1976 hasta ahora, el actual es el que más muertes ha provocado, seguido del ocurrido en 1995 en Kiwit (Zaire), donde una epidemia de ébola-Zaire afectó a 315 personas y unas 254 fallecieron, con un índice de mortalidad del 81%.

Hay cinco variedades del virus del Ébola: Sudán, Zaire, Reston, Costa de Marfil y Bundibugyo, de las cuales, Sudán, Zaire y Bundibugyo se han asociado a importantes brotes de fiebre hemorrágica en África. El virus es transmitido al ser humano por animales salvajes y se propaga en las poblaciones humanas por contacto directo con sangre, líquidos orgánicos o tejidos de las personas infectadas.

Los primeros síntomas de esta enfermedad son fiebre repentina y alta, debilidad intensa y dolor muscular, de cabeza y de garganta, seguidos de vómitos, diarreas, erupción cutánea, funciones renal y hepáticas alteradas e intensas hemorragias internas y externas. El periodo de incubación -intervalo desde la infección hasta la aparición de los síntomas- varía de dos a 21 días. La fiebre hemorrágica del ébola es una de las enfermedades más mortíferas para el hombre al provocar brotes epidémicos con una tasa de mortalidad del 25 al 90%.


Un niño con alma de misionero


Miguel Pajares, de 75 años, nació en La Iglesuela, una pequeña localidad de apenas 500 habitantes, que está situada en el noroeste de la provincia de Toledo. Era el segundo de cuatro hermanos. A los 12 años, ingresó como miembro a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios y, más tarde, estudió Enfermería. Pero su vocación era religiosa y decidió ordenarse sacerdote. Los últimos 18 años de su vida los dedicó a las misiones, que lo llevaron por distintos países, entre ellos Irlanda, Ghana y, por último, Liberia.

Desde 2007 vivía en Monrovia, donde trabajaba en el hospital San José. Fue allí donde hace apenas 10 días falleció de ébola su director, el hermano Patrick Nshamdzea, a quien Pajares había cuidado, ya que al principio se descartó que tuviera ébola. Sin embargo, estaba infectado y contagió al sacerdote y a varios de sus compañeros.

El día 7 de agosto, Miguel Pajares se convertía en el primer europeo que llegaba al continente con el virus, al ser repatriado en un avión del Ejército del Aire que aterrizó en la base aérea de Torrejón de Ardoz, en Madrid, a primera hora de la mañana.

Desde que se conoció que estaba afectado de ébola, el pequeño municipio toledano donde nació vivía con una mezcla de preocupación y esperanza la situación del sacerdote porque según dicen los vecinos era "una persona maravillosa". "Es muy querido por todos, le tenemos mucho aprecio y ha ayudado siempre a los demás", son algunas de las palabras que le siguen dedicando sus paisanos.
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