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Saturday, April 7, 2018

Los sinceros serán rescatados del engaño


El medio por el cual se puede vencer al maligno, es aquel por el cual Cristo venció: el poder de la Palabra. Dios no domina nuestra mente sin nuestro consentimiento; pero si deseamos conocer y hacer su voluntad, se nos dirige su promesa: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. “Si alguno quisiere hacer su voluntad, conocerá de mi enseñanza”. Apoyándose en estas promesas cada uno puede quedar libre de las trampas del error y del dominio del pecado.

Cada hombre está libre para elegir el poder que quiera ver dominar sobre él. Nadie ha caído tan bajo, nadie es tan vil que no pueda hallar liberación en Cristo. El endemoniado, en lugar de oraciones, no podía sino pronunciar las palabras de Satanás; sin embargo, la muda súplica de su corazón fue oída. Ningún clamor de un alma en necesidad, aunque no llegue a expresarse en palabras, quedará sin ser oído. Los que consienten en hacer pacto con el Dios del cielo, no serán abandonados al poder de Satanás o a las flaquezas de su propia naturaleza. Son invitados por el Salvador: “Echen mano... de mi fortaleza; y hagan paz conmigo. ¡Sí, que hagan paz conmigo!” Los espíritus de las tinieblas contenderán por el alma que una vez estuvo bajo su dominio. Pero los ángeles de Dios lucharán por esa alma con una potencia que prevalecerá.—El Deseado de Todas las Gentes, 223, 224 (1898).

El Evangelismo, p.454.

Saturday, December 23, 2017

El egoísmo y el amor al mundo




Queridos hermanos G,

Hace algún tiempo que he querido escribirles. Cuando la luz que el Señor me dio apareció claramente delante de mí, algunas cosas impresionaron con fuerza mi mente mientras me encontraba delante de la gente en _____. Albergué la esperanza de que ustedes asistieran a otra reunión, y que la labor comenzada allí pudiera ser proseguida. Pero me apena ver que cuando nuestros hermanos asisten a un congreso, generalmente no se dan cuenta de la importancia de prepararse para esa reunión. En lugar de consagrarse a Dios antes de venir, esperan hasta encontrarse en la reunión para que esa obra se haga allí. Traen su hogar con ellos, y consideran que las cosas que han dejado atrás son de más valor e importancia que la preparación del corazón para su venida. Por lo tanto, casi todos se van más o menos como cuando vinieron. Para asistir a estas reuniones hay que gastar mucho dinero, y si los que vienen no sacan provecho, sufren una pérdida, y dificultan la tarea de los que tienen la responsabilidad de trabajar por ellos. Nuestros hermanos se retiraron del congreso demasiado pronto. Habríamos presenciado una obra muy especial por parte de Dios, si todos se hubieran quedado para participar en la tarea.

Hna. G: tengo un mensaje para usted. Usted está lejos del reino. Ama este mundo, y ese amor la ha vuelto fría, egoísta, exigente y avara. Su gran motivo de interés es el poderoso dólar. ¡Cuán poco sabe usted de cómo considera Dios a los que se hayan en su condición! Está terriblemente engañada. Se está conformando a este mundo en lugar de transformarse por la renovación de su entendimiento. El egoísmo y el amor propio se manifiestan en su vida en medida apreciable. No ha vencido este desgraciado defecto de carácter. Si no le pone remedio, perderá el Cielo, y su felicidad aquí se malogrará grandemente. Esto ya ha ocurrido. La nube que le ha seguido entenebreciendo su vida, crecerá y se volverá más oscura hasta que todo su cielo esté cubierto de nubes. Mirará a la derecha, y no habrá luz allí; y a la izquierda, y no descubrirá un solo rayo.

Usted se crea problemas donde no existen, porque no anda bien. No es consagrada. Su actitud quejosa y mezquina la vuelve infeliz y desagrada a Dios. Durante toda su vida se ha cuidado a sí misma, tratando de ser feliz. Esa es una miserable tarea; una actividad sin provecho. Mientras más invierta en esto, mayor será la pérdida. Mientras menos acciones tenga en el negocio de servirse a sí misma, más ganará. No sabe nada del amor desinteresado y carente de egoísmo, y mientras no se dé cuenta de que hay un pecado especial en la carencia de este precioso rasgo de carácter, no manifestará diligencia para cultivarlo.

Usted se casó con su esposo porque lo amaba. Sabía que al hacerlo sellaba un pacto con él mediante el cual se convertía en la madre de sus hijos. Pero he observado que usted es deficiente en esto. Sí, lamentablemente deficiente. No ama a los hijos de su esposo, y a menos que se produzca un cambio total, una reforma completa en usted, y en la forma de administrar su casa, estas preciosas joyas se arruinarán. El amor, el manifestar afecto, no forman parte de su carácter. ¿Le diré la verdad y me convertiré en su enemiga por eso? Usted es demasiado egoísta para amar a los hijos de otra persona. Se me mostró que el fruto de su unión no prosperará, ni recibirá la bendición de la fuerza, la vida y la salud, y que el Espíritu de Dios la va a abandonar, a menos que usted se someta a un cambio total, y mejore en lo que es tan deficiente. En la misma medida en que su egoísmo agosta y marchita a los jóvenes corazones que la rodean, la maldición de Dios agostará y marchitará las promesas sobre las cuales se basa su unión y su amor egoísta. Y si usted persiste en esa clase de conducta, Dios se acercará más a usted, eliminará uno tras otro los ídolos que están delante de su rostro, hasta que humille en su presencia su corazón orgulloso, egoísta e insumiso.

Vi que tendrá que rendir cuenta en el día de Dios por el incumplimiento de su cometido. Está amargando demasiado la vida de esos queridos niños, especialmente de la niña. ¿Dónde están el afecto, las amantes caricias y la paciencia? El odio reside en su corazón no santificado, y no el amor. La censura brota de sus labios más a menudo que la alabanza y las palabras de ánimo. Sus modales, su aspereza, su naturaleza antipática son para esa niña tan sensible como el granizo que cae sobre una tierna planta. Se doblega frente a cada arremetida suya, hasta que su vida queda oprimida, magullada y quebrantada.

Su manera de manejar la casa está secando las corrientes del amor, la esperanza y el gozo en sus hijos. Una tristeza constante se manifiesta en el rostro de la niña, pero ese hecho, en lugar de despertar su simpatía y su ternura, la impacienta y le causa positivo disgusto. Podría cambiar esa actitud por el ánimo y la alegría si lo quisiera. “¿No ve Dios esto? ¿No lo sabe acaso?” fueron las palabras del ángel. Dios la va a castigar por estas cosas. Usted asumió voluntariamente esta responsabilidad, pero Satanás se ha aprovechado de su carácter infeliz, de su falta de amor, de su amor propio, su mezquindad y su egoísmo, y ahora este carácter suyo aparece con toda su deformidad, incorrecto, insumiso, atándola como si fueran cadenas de hierro. Los niños leen en el rostro de la madre; se dan cuenta si éste expresa amor o disgusto. Usted no se da cuenta de la obra que está haciendo. ¿No despierta piedad en usted esa carita triste, ese suspiro que brota de un corazón oprimido que anhela amor? No, en usted no. Aleja, en cambio, al niño de usted, y aumenta su disgusto.

Vi que el padre no había seguido la conducta que debiera haber seguido. A Dios no le agrada su actitud. Alguien robó el corazón de ese padre de los que son sangre de su sangre y hueso de sus huesos. Hno. G: usted debería haber asumido una actitud firme, y no haber permitido que las cosas tomaran el rumbo que han seguido. Usted se dio cuenta de que las cosas no iban bien, y a veces se sintió preocupado, pero el temor de desagradar a su actual esposa, y producir un infeliz desacuerdo en el seno de la familia, lo indujo a guardar silencio cuando debería haber hablado. Usted no ha asumido una actitud firme en este asunto. Sus hijos no tienen una madre que los defienda, que los proteja de la censura mediante sus palabras juiciosas.

Sus hijos, y todos los niños que han perdido a la persona de cuyo pecho fluía el amor maternal, han experimentado una pérdida irreparable. Pero cuando alguien se atreve a ocupar el lugar de la madre frente a ese pequeño y dolorido rebaño, asume una responsabilidad que implica una doble preocupación, en el sentido de ser más amorosa si es posible, dispuesta a no censurar ni amenazar más de lo que la madre lo hubiera hecho, para tratar de suplir de esa manera la pérdida que ha experimentado ese pequeño rebaño. Usted, Hno. G, ha estado como un hombre dormido. Estreche a sus hijos contra su corazón, rodéelos con sus brazos protectores, ámelos tiernamente. Si usted no lo hace, la frase que se escribirá acerca de usted será ésta: “Has sido hallado falto”.

Ambos tienen que hacer una obra. Terminen para siempre con sus murmuraciones. No permita, Hno. G, que la actitud exigente, mezquina y egoísta de su esposa influya sobre sus actos. Ambos han participado del mismo espíritu, y ambos le han robado a Dios. El pretexto de la pobreza ha brotado de los labios de ustedes; el Cielo sabe que eso es falso; pero sus palabras se convertirán en realidad, y serán ciertamente pobres, si continúan albergando el amor al mundo que han manifestado hasta ahora. “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición”. Malaquías 3:8, 9. Eviten esta maldición tan rápidamente como sea posible.

Hno. G, como mayordomo de Dios fije su mirada en él. A él le va a tener que rendir cuenta de su mayordomía, no a su esposa. Son los bienes de Dios los que está manejando. Se los ha prestado sólo por un poco de tiempo para probarlo, para ver si serán “ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna”. 1 Timoteo 6:18, 19. Dios va a reclamar lo suyo con usura. Quiera él ayudarlos a prepararse para el juicio venidero. Crucifiquen el yo. Permitan que las preciosas gracias del Espíritu vivan en los corazones de ustedes. Apártense del mundo y de sus deseos corrompidos. “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él”. 1 Juan 2:15. Aunque la profesión de fe de ustedes fuera tan alta como el cielo, si son egoístas y amantes del mundo no tendrán parte en el Cielo con los santificados, los puros y los santos. “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”. Mateo 6:21. Si el tesoro de ustedes está en el Cielo, allí estará su corazón. Hablarán acerca del Cielo, la vida eterna, la corona inmortal. Si el tesoro de ustedes está en la tierra, hablarán de cosas terrenales, se preocuparán de pérdidas y ganancias. “¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” Mateo 16:26.

Habrá luz y salvación para ustedes solamente si llegan a la conclusión de que las necesitan; en caso contrario, perecerán. Jesús puede salvar hasta lo sumo. Pero, Hna. G, si Dios ha hablado alguna vez por mí, le digo que está terriblemente engañada con respecto a sí misma, y debe experimentar una conversión completa, o en caso contrario nunca se contará entre los que pasarán por una gran tribulación, lavarán sus ropas y las blanquearán con la sangre del Cordero.


Testimonios para la Iglesia, Tomo 2, pp. 51-55.


Saturday, March 4, 2017

La más urgente necesidad del hombre





Capítulo 2—La más urgente necesidad del hombre



El hombre estaba dotado originalmente de facultades nobles y de un entendimiento bien equilibrado. Era perfecto y estaba en armonía con Dios. Sus pensamientos eran puros, sus designios santos. Pero por la desobediencia, sus facultades se pervirtieron y el egoísmo reemplazó el amor. Su naturaleza quedó tan debilitada por la transgresión que ya no pudo, por su propia fuerza, resistir el poder del mal. Fué hecho cautivo por Satanás, y hubiera permanecido así para siempre si Dios no hubiese intervenido de una manera especial. El tentador quería desbaratar el propósito que Dios había tenido cuando creó al hombre. Así llenaría la tierra de sufrimiento y desolación y luego señalaría todo ese mal como resultado de la obra de Dios al crear al hombre.

En su estado de inocencia, el hombre gozaba de completa comunión con Aquel “en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia.”1 Pero después de su caída no pudo encontrar gozo en la santidad y procuró ocultarse de la presencia de Dios. Tal es aún la condición del corazón que no ha sido regenerado. No está en armonía con Dios ni encuentra gozo en la comunión con El. El pecador no podría ser feliz en la presencia de Dios; le desagradaría la compañía de los seres santos. Y si se le pudiese admitir en el cielo, no hallaría placer allí. El espíritu de amor abnegado que reina allí, donde todo corazón corresponde al Corazón del amor infinito, no haría vibrar en su alma cuerda alguna de simpatía. Sus pensamientos, sus intereses y móviles serían distintos de los que mueven a los moradores celestiales. Sería una nota discordante en la melodía del cielo. Este sería para él un lugar de tortura. Ansiaría esconderse de la presencia de Aquel que es su luz y el centro de su gozo. No es un decreto arbitrario de parte de Dios el que excluye del cielo a los impíos. Ellos mismos se han cerrado las puertas por su propia ineptitud para el compañerismo que allí reina. La gloria de Dios sería para ellos un fuego consumidor. Desearían ser destruídos a fin de ocultarse del rostro de Aquel que murió para salvarlos.


Saturday, January 21, 2017

El sentimiento no es un guía seguro


El sentimiento no es un guía seguro
, 23 de abril


El justo en su fe vivirá. 


Muchos pasan largos años en las tinieblas y la duda, debido a que no sienten como quieren. Pero el sentimiento no tiene nada que ver con la fe. Esa fe que obra por el amor y purifica el alma no es cuestión de impulso. Se arriesga a salir, basada en las promesas de Dios, creyendo firmemente que lo que él ha dicho es capaz de realizarlo. Nuestras almas deben ser enseñadas a creer, a confiar en la Palabra de Dios. Esa palabra declara que “el justo vivirá por la fe” (Romanos 1:17), y no por el sentimiento.—The Youth’s Instructor, 8 de julio de 1897.

Desechemos todo lo que sea parecido a la desconfianza y a la falta de fe en Jesús. Comencemos una vida de confianza sencilla e infantil, no confiando en los sentimientos, sino en la fe. No deshonremos a Jesús dudando de sus preciosas promesas. El quiere que creamos en él con fe inconmovible. Hay una clase de personas que dicen: “Yo creo, yo creo”, y reclaman todas las promesas que se dan bajo la condición de la obediencia; pero no hacen las obras de Cristo. Dios no es honrado por esa clase de fe. Es espuria. Otra clase de personas tratan de guardar todos los mandamientos de Dios, pero muchas de ellas no se ponen a la altura de su exaltado privilegio reclamando las promesas que les fueron dadas. Las promesas de Dios son para aquellos que guardan sus mandamientos, y obran lo que es placentero para él.

Yo encuentro que cada día debo pelear la buena batalla de la fe. Debo ejercer toda mi fe, y no confiar en los sentimientos; debo obrar como si supiera que el Señor me oye y contestará mis pedidos y me bendecirá. La fe no es un vuelo feliz de los sentimientos; es simplemente confiar en la Palabra de Dios, creyendo que él cumplirá sus promesas porque ha dicho que lo haría.—Carta 49, 1888.

Esperad en Dios, confiad en él y en sus promesas, ya sea que os sintáis felices o no. Una buena emoción no es una evidencia de que seáis hijos de Dios, ni tampoco los sentimientos que producen aflicción y perplejidades son una evidencia de que no sois hijos de Dios. Acudid a las Escrituras y recibid inteligentemente la Palabra de Dios como él la ha dicho. Cumplid con las condiciones y creed que él os aceptará como sus hijos. No seáis faltos de fe, sino creyentes.—Carta 52, 1888.
 
Nuestra Elevada Vocacion
, p. 121



Saturday, November 19, 2016

Misioneros de sostén propio


Los misioneros que se sostienen a sí mismos tienen con frecuencia mucho éxito. Iniciada de una manera humilde y reducida, su obra crecerá a medida que avancen bajo la dirección del Espíritu de Dios. Emprenden dos o tres juntos la obra de evangelización. Quizás los que dirigen la obra no les prometan ayuda financiera; sigan, sin embargo, adelante, orando, alabando, enseñando y viviendo la verdad. Pueden empezar a colportar, y de esa manera introducirán la verdad en muchas familias. Mientras progresan en su obra, adquirirán una experiencia bendecida. Les infunde humildad su sentido de su responsabilidad, pero el Señor va delante de ellos y hallan favor y ayuda tanto entre los ricos como entre los pobres. Aun la pobreza de estos misioneros consagrados es un medio de acceder a la gente. Mientras siguen adelante, son ayudados de muchas maneras por aquellos a quienes imparten alimento espiritual. Llevan el mensaje que Dios les dio y sus esfuerzos se verán coronados de éxito. Serán llevados a un conocimiento de la verdad muchos que, de no ser por estos humildes instructores, nunca habrían sido ganados para Cristo. 

Dios llama a obreros que entren en el campo de la mies que ya blanquea. ¿Tendremos que aguardar porque la tesorería está agotada, porque hay apenas lo suficiente para sostener a los obreros que están ya en el campo? Salid con fe, y Dios estará con vosotros. La promesa es: “Irá andando y llorando el que lleva la preciosa simiente; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas”. Salmos 126:6. 

Nada contribuye tanto al éxito como el éxito mismo. Obténgase éste por esfuerzo perseverante, y la obra progresará. Se abrirán nuevos campos. Muchas almas serán llevadas al conocimiento de la verdad. Lo que se necesita es que aumente la fe en Dios.

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Nuestro pueblo ha recibido gran luz, y sin embargo, muchos de los ministros dedican sus esfuerzos a las iglesias, enseñando a los que debieran ser instructores; iluminando a los que debieran ser “la luz del mundo”; regando a aquellos de los cuales debieran fluir ríos de aguas vivas; enriqueciendo a los que podrían ser minas de verdad preciosa; repitiendo la invitación del Evangelio a los que, dispersos hasta los últimos confines de la tierra, debieran estar dando el mensaje del cielo a los que nunca lo han oído; alimentando a aquellos que debieran estar en los caminos y los vallados dando la invitación: “Las bodas a la verdad están aparejadas”. 

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Aquellos cuyas ligaduras de pecado han sido rotas, que han buscado al Señor con corazón contrito y han obtenido respuesta a su anhelante petición de justicia, no son nunca fríos ni sin aliento. Su corazón está lleno de amor abnegado por los pecadores. Desechan de sí toda ambición mundanal, todo egoísmo. Su trato con las cosas profundas de Dios los hace más y más semejantes a su Salvador. Se regocijan en los triunfos de él y se sienten henchidos de su gozo. Día tras día crecen hasta alcanzar la plena estatura de hombres y mujeres en Cristo.


Testimonios para la Iglesia, Tomo 7, pp.25,26.




Saturday, October 22, 2016

Los Sufrimientos de Cristo


A fin de apreciar plenamente el valor de la salvación, es necesario comprender cuál ha sido su costo. Como consecuencia de las ideas limitadas referentes a los sufrimientos de Cristo, muchos estiman en poco la gran obra de la expiación. El glorioso plan proyectado para la salvación del hombre se puso por obra mediante el amor infinito de Dios Padre. En este plan divino se ve la manifestación más admirable del amor de Dios hacia la especie caída. Un amor como el que se manifiesta en el don del amado Hijo de Dios asombraba a los ángeles. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16. Este Salvador era el esplendor de la gloria del Padre, y la imagen expresa de su persona. Divinamente majestuoso, perfecto y excelente, era igual a Dios. “Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud”. Colosenses 2:19. “El cual, siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual a Dios: sin embargo, se anonadó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y hallado en la condición como hombre, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Filipenses 2:6-8.

Cristo consintió en morir en lugar del pecador, a fin de que el hombre, mediante una vida de obediencia, pudiese escapar a la penalidad de la ley de Dios. Su muerte no anuló la ley; no la eliminó, ni disminuyó sus santos requerimientos, ni redujo su sagrada dignidad.  La muerte de Cristo proclamó la justicia de la ley de su Padre al castigar al transgresor, al consentir en someterse él mismo a la penalidad de la ley, a fin de salvar de su maldición al hombre caído. La muerte del amado Hijo de Dios en la cruz revela la inrnutabilidad de la ley de Dios. Su muerte la magnifica y la honra, y evidencia ante el hombre su carácter inmutable. De sus labios divinos se oyen las palabras: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas: no he venido para abrogar, sino a cumplir”. Mateo 5:17. La muerte de Cristo justificó las demandas de la ley.



Tuesday, October 18, 2016

Un engaño terrible


 
 ¡Cuán terriblemente engañados están los que piensan que el mundo está mejorando! Cristo declara: “Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre”. “Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre”. A una situación semejante llegará el mundo al rechazar la ley de Dios. 
 
“Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que recibe la marca de su nombre”.  
 
Juan fue llamado a contemplar a un pueblo distinto de los que adoran a la bestia o a su imagen al guardar el primer día de la semana. La observancia de este día es la marca de la bestia. Juan declara: “Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús”.
 
“Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo”. Se nos muestra claramente que existirán dos bandos en el momento en que aparezca nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¿En cuál bando deseamos ser hallados? “He aquí, yo vengo pronto—dice Cristo—, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último. Bienaventurados los que lavan sus ropas [guardan sus mandamientos], para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad”. Este es el destino de los que observan los mandamientos. ¿No debemos todos desear estar entre el número de personas que tendrán derecho al árbol de la vida, y que entrarán por las puertas en la ciudad?  
 
Adán y Eva y su posteridad perdieron el derecho al árbol de la vida a causa de su desobediencia. “Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado”. Adán y Eva transgredieron la ley de Dios. Esto hizo necesario que fueran alejados del Edén y separados del árbol de la vida, pues al comer de él después de su transgresión, hubieran perpetuado el pecado. “Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida”. El hombre dependía del árbol de la vida para la inmortalidad, y el Señor tomó estas precauciones para que los hombres no comieran de ese árbol y vivieran para siempre, llegando a ser pecadores inmortales.  
 
La muerte entró en el mundo a causa de la transgresión. Pero Cristo dio su vida para que el hombre tuviera otra oportunidad. El no murió en la cruz para abolir la ley de Dios, sino para asegurarle al hombre un segundo tiempo de gracia. No murió para que el pecado llegara a ser un atributo inmortal; murió para asegurar el derecho a destruir a aquel que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo. Sufrió plenamente la sanción que merecía el quebrantamiento de la ley por parte del mundo entero. Esto lo hizo, no para que los hombres continuaran en la transgresión, sino para que reanudaran su lealtad y guardaran los mandamientos de Dios y su ley como la niña de su ojo. 
 
Testimonios para los Ministros, p.132.
 
 

Saturday, August 20, 2016

"La gran salvación ofrecida, se cierra cuando cesa el ministerio de Cristo""..


Dios ha dado su Palabra para que todos la investiguen, a fin de que puedan conocer el camino de la vida. Nadie necesita errar, si tan sólo quiere someterse a las condiciones impuestas en la Palabra de Dios para la salvación. A todos se les concede el tiempo de gracia, a fin de que todos puedan formar su carácter para la vida eterna. Se da a todos oportunidad de decidirse por la vida o por la muerte. Los hombres serán juzgados de acuerdo con la medida de luz que les haya sido dada. Ninguno tendrá que dar cuenta de sus tinieblas y sus errores, si no le ha sido comunicada la luz. No pecó al no poseer lo que no le fue dado. Todos serán probados antes que Cristo abandone su puesto del lugar santísimo. El tiempo de gracia de todos termina cuando él deja de interceder por los pecadores, y se reviste de las vestiduras de venganza.

Muchos opinan que será concedido un tiempo de gracia después que Jesús acabe su obra de Mediador en el departamento santísimo. Este es un sofisma de Satanás. Dios prueba al mundo por la luz que se complace en darle antes de la venida de Cristo. Entonces se habrá formado el carácter para la vida o la muerte. Pero el tiempo de gracia de aquellos que prefieran vivir una vida de pecado, y descuidar la gran salvación ofrecida, se cierra cuando cesa el ministerio de Cristo, precisamente antes de su aparición en las nubes de los cielos.

Las personas que aman al mundo, cuyos ánimos son carnales y enemigos de Dios, se harán la ilusión de que se les otorgará un tiempo de gracia después que Cristo aparezca en las nubes de los cielos. El corazón carnal, que es tan adverso a someterse y obedecer se verá seducido por esta opinión placentera. Muchos permanecerán en seguridad carnal, y continuarán en rebelión contra Dios lisonjeándose con la idea de que habrá entonces un momento para arrepentirse del pecado, y que tendrán oportunidad de aceptar la verdad que es ahora impopular, y que tanto contraría sus inclinaciones y deseos naturales. Creen que aprovecharán la oportunidad de salvarse cuando no tengan nada que aventurar ni que perder al obedecer a Cristo y la verdad.

Testimonios para la Iglesia, Tomo 2, p. 609.


Saturday, July 16, 2016

Un poder misterioso que convence



Capítulo 3—Un poder misterioso que convence

¿Como se justificará el hombre con Dios? ¿Cómo se hará justo el pecador? Sólo por intermedio de Cristo podemos ser puestos en armonía con Dios y con la santidad; pero ¿cómo debemos ir a Cristo? Muchos formulan hoy la misma pregunta que hizo la multitud el día de Pentecostés, cuando, convencida de pecado, exclamó: “¿Qué haremos?” La primera palabra de la contestación del apóstol Pedro fué: “Arrepentíos.” Poco después, en otra ocasión, dijo: “Arrepentíos pues, y volveos a Dios; para que sean borrados vuestros pecados.”1CC 23.1

El arrepentimiento comprende tristeza por el pecado y abandono del mismo. No renunciamos al pecado a menos que veamos su pecaminosidad. Mientras no lo repudiemos de corazón, no habrá cambio real en nuestra vida.CC 23.2

Muchos no entienden la naturaleza verdadera del arrepentimiento. Muchas personas se entristecen por haber pecado, y aun se reforman exteriormente, porque temen que su mala vida les acarree sufrimientos. Pero esto no es arrepentimiento en el sentido bíblico. Lamentan el dolor más bien que el pecado. Tal fué el pesar de Esaú cuando vió que había perdido su primogenitura para siempre. Balaam, aterrorizado por el ángel que estaba en su camino con la espada desenvainada, reconoció su culpa porque temía perder la vida, mas no experimentó un sincero arrepentimiento del pecado; no cambió de propósito ni aborreció el mal. Judas Iscariote, después de traicionar a su Señor, exclamó: “¡He pecado entregando la sangre inocente!”2CC 23.3

Esta confesión fué arrancada a su alma culpable por un tremendo sentimiento de condenación y una pavorosa expectación de juicio. Las consecuencias que habría de cosechar le llenaban de terror, pero no experimentó profundo quebrantamiento de corazón ni dolor en su alma por haber traicionado al Hijo inmaculado de Dios y negado al Santo de Israel. Cuando el faraón de Egipto sufría bajo los juicios de Dios, reconocía su pecado a fin de escapar al castigo, pero volvía a desafiar al Cielo tan pronto como cesaban las plagas. Todos los mencionados lamentaban los resultados del pecado, pero no experimentaban pesar por el pecado mismo.


Friday, June 24, 2016

¿y por qué moriréis, oh casa de Israel?



Y FUÉ á mí palabra de Jehová, diciendo:


2 Hijo del hombre, habla á los hijos de tu pueblo, y diles: Cuando trajere yo espada sobre la tierra, y el pueblo de la tierra tomare un hombre de sus términos, y se lo pusiere por atalaya,

3 Y él viere venir la espada sobre la tierra, y tocare corneta, y avisare al pueblo;

4 Cualquiera que oyere el sonido de la corneta, y no se apercibiere, y viniendo la espada lo tomare, su sangre será sobre su cabeza.

5 El sonido de la corneta oyó, y no se apercibió; su sangre será sobre él: mas el que se apercibiere, librará su vida.

6 Pero si el atalaya viere venir la espada, y no tocare la corneta, y el pueblo no se apercibiere, y viniendo la espada, tomare de él alguno; por causa de su pecado fué tomado, mas demandaré su sangre de mano del atalaya.

7 Tú pues, hijo del hombre, yo te he puesto por atalaya á la casa de Israel, y oirás la palabra de mi boca, y los apercibirás de mi parte.

8 Diciendo yo al impío: Impío, de cierto morirás; si tú no hablares para que se guarde el impío de su camino, el impío morirá por su pecado, mas su sangre yo la demandaré de tu mano.

9 Y si tú avisares al impío de su camino para que de él se aparte, y él no se apartare de su camino, por su pecado morirá él, y tú libraste tu vida.

10 Tú pues, hijo del hombre, di á la casa de Israel: Vosotros habéis hablado así, diciendo: Nuestras rebeliones y nuestros pecados están sobre nosotros, y á causa de ellos somos consumidos: ¿cómo pues viviremos?

11 Diles: Vivo yo, dice el Señor Jehová, que no quiero la muerte del impío, sino que se torne el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros caminos: ¿y por qué moriréis, oh casa de Israel?

12 Y tú, hijo del hombre, di á los hijos de tu pueblo: La justicia del justo no lo librará el día que se rebelare; y la impiedad del impío no le será estorbo el día que se volviere de su impiedad; y el justo no podrá vivir por su justicia el día que pecare.

13 Diciendo yo al justo: De cierto vivirá, y él confiado en su justicia hiciere iniquidad, todas sus justicias no vendrán en memoria, sino que morirá por su iniquidad que hizo.

14 Y diciendo yo al impío: De cierto morirás; si él se volviere de su pecado, é hiciere juicio y justicia,

15 Si el impío restituyere la prenda, devolviere lo que hubiere robado, caminare en las ordenanzas de la vida, no haciendo iniquidad, vivirá ciertamente y no morirá.

16 No se le recordará ninguno de sus pecados que había cometido: hizo juicio y justicia; vivirá ciertamente.

17 Luego dirán los hijos de tu pueblo: No es recta la vía del Señor: la vía de ellos es la que no es recta.

18 Cuando el justo se apartare de su justicia, é hiciere iniquidad, morirá por ello.

19 Y cuando el impío se apartare de su impiedad, é hiciere juicio y justicia, vivirá por ello.

20 Y dijisteis: No es recta la vía del Señor. Yo os juzgaré, oh casa de Israel, á cada uno conforme á sus caminos.


Ezequiel 33:1-20


Saturday, October 10, 2015

El santuario terrenal “era figura de aquel tiempo presente,."


En los tiempos patriarcales, el ofrecimiento de sacrificios relacionados con el culto divino recordaba perpetuamente el advenimiento de un Salvador; y lo mismo sucedía durante toda la historia de Israel con el ritual de los servicios en el santuario. En el ministerio del tabernáculo, y más tarde en el del templo que lo reemplazó, mediante figuras y sombras se enseñaban diariamente al pueblo las grandes verdades relativas a la venida de Cristo como Redentor, Sacerdote y Rey; y una vez al año se le inducía a contemplar los acontecimientos finales de la gran controversia entre Cristo y Satanás, que eliminarán del universo el pecado y los pecadores. Los sacrificios y las ofrendas del ritual mosaico señalaban siempre hacia adelante, hacia un servicio mejor, el celestial. El santuario terrenal “era figura de aquel tiempo presente, en el cual se ofrecían presentes y sacrificios;” y sus dos lugares santos eran “figuras de las cosas celestiales;” pues Cristo, nuestro gran Sumo Sacerdote, es hoy “ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que el Señor asentó, y no hombre.” Hebreos 9:9, 23; 8:2.

Profetas y Reyes, p.504,505

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Saturday, September 19, 2015

Tierno y amante Jesús nos invita



Himnario Adventista 206 Tierno y amante Jesús nos invita




Jose A. Feliciano


Uploaded on Sep 9, 2010


Dirigido por la Asociacion Adventista de Mayaguez, Dios los bendiga.

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Saturday, June 20, 2015

Pronto habrá terminado la batalla y se habrá ganado la victoria.


En la tierra renovada, los redimidos participarán en las ocupaciones y los placeres que daban felicidad a Adán y Eva en el principio. Se vivirá la existencia del Edén, en huertos y campos. “Y edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas. No edificarán, y otro morará; no plantarán, y otro comerá: porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos perpetuarán las obras de sus manos.” Isaías 65:21, 22.

Allí toda facultad será desarrollada, toda capacidad aumentada. Las mayores empresas podrán llevarse a cabo, satisfacerse las aspiraciones más sublimes, realizarse las más encumbradas ambiciones. Y sin embargo surgirán nuevas alturas que superar, nuevas maravillas que admirar, nuevas verdades que comprender, nuevos objetos de estudio que agucen las facultades del espíritu, del alma y del cuerpo.

Los profetas a quienes fueron reveladas estas grandiosas escenas anhelaron comprender todo su significado. “Han inquirido y diligentemente buscado, escudriñando cuándo y en qué punto de tiempo significaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos... A los cuales fué revelado, que no para sí mismos, sino para nosotros administraban las cosas que ahora os son anunciadas.” 1 Pedro 1:10-12.

A nosotros que estamos a punto de ver su cumplimiento, ¡de cuánto significado, de cuán vivo interés, son estos delineamientos de las cosas por venir, acontecimientos por los cuales, desde que nuestros primeros padres dieron la espalda al Edén, los hijos de Dios han estado velando y aguardando, anhelando y orando!

Compañeros de peregrinación, estamos todavía entre las sombras y la agitación de las actividades terrenales; pero pronto aparecerá nuestro Salvador para traer liberación y descanso. Contemplemos por la fe el bienaventurado más allá, tal como lo describió la mano de Dios. El que murió por los pecados del mundo está abriendo de par en par las puertas del Paraíso a todos los que creen en él. Pronto habrá terminado la batalla y se habrá ganado la victoria. Pronto veremos a Aquel en quien se cifran nuestras esperanzas de vida eterna. En su presencia las pruebas y los sufrimientos de esta vida resultarán insignificantes. De lo que existió antes “no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento.” “No perdáis pues vuestra confianza, que tiene grande remuneración de galardón: porque la paciencia os es necesaria; para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aun un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará.” “Israel es salvo ... con salud eterna; no os avergonzaréis, ni os afrentaréis, por todos los siglos.” Isaías 65:17; Hebreos 10:35-37; Isaías 45:17.

Alcemos los ojos y dejemos que nuestra fe aumente de continuo. Dejemos que esta fe nos guíe a lo largo de la senda estrecha que ha de llevarnos por las puertas de la ciudad al gran más allá, al amplio e ilimitado futuro de gloria que espera a los redimidos. “Pues, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia, hasta que reciba la lluvia temprana y tardía. Tened también vosotros paciencia: confirmad vuestros corazones: porque la venida del Señor se acerca.” Santiago 5:7, 8.

Las naciones de los salvos no conocerán otra ley que la del cielo. Todos constituirán una familia feliz y unida, ataviada con las vestiduras de alabanza y agradecimiento. Al presenciar la escena, las estrellas de la mañana cantarán juntas, y los hijos de los hombres aclamarán de gozo, mientras Dios y Cristo se unirán para proclamar: No habrá más pecado ni muerte.

“Y será que de mes en mes, y de sábado en sábado, vendrá toda carne a adorar delante de mí, dijo Jehová.” “Y manifestaráse la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá.” “El Señor Jehová hará brotar justicia y alabanza delante de todas las gentes.” “En aquel día Jehová de los ejércitos será por corona de gloria y diadema de hermosura a las reliquias de su pueblo.”


Profetas y Reyes, p.540,541
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Friday, May 22, 2015

Los sinceros serán rescatados del engaño



El medio por el cual se puede vencer al maligno, es aquel por el cual Cristo venció: el poder de la Palabra. Dios no domina nuestra mente sin nuestro consentimiento; pero si deseamos conocer y hacer su voluntad, se nos dirige su promesa: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. “Si alguno quisiere hacer su voluntad, conocerá de mi enseñanza”. Apoyándose en estas promesas cada uno puede quedar libre de las trampas del error y del dominio del pecado.

Cada hombre está libre para elegir el poder que quiera ver dominar sobre él. Nadie ha caído tan bajo, nadie es tan vil que no pueda hallar liberación en Cristo. El endemoniado, en lugar de oraciones, no podía sino pronunciar las palabras de Satanás; sin embargo, la muda súplica de su corazón fue oída. Ningún clamor de un alma en necesidad, aunque no llegue a expresarse en palabras, quedará sin ser oído. Los que consienten en hacer pacto con el Dios del cielo, no serán abandonados al poder de Satanás o a las flaquezas de su propia naturaleza. Son invitados por el Salvador: “Echen mano... de mi fortaleza; y hagan paz conmigo. ¡Sí, que hagan paz conmigo!” Los espíritus de las tinieblas contenderán por el alma que una vez estuvo bajo su dominio. Pero los ángeles de Dios lucharán por esa alma con una potencia que prevalecerá.—El Deseado de Todas las Gentes, 223, 224 (1898).


El Evangelismo, p. 454.
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Saturday, May 16, 2015

Vivimos en el gran día de la expiación



12 de noviembre


A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová.
Levítico 23:27.

Estamos viviendo ahora en el gran día de la expiación. Cuando en el servicio simbólico el sumo sacerdote hacía la propiciación por Israel, todos debían afligir sus almas arrepintiéndose de sus pecados y humillándose ante el Señor, si no querían verse separados del pueblo. De la misma manera, todos los que desean que sus nombres sean conservados en el libro de la vida, deben ahora, en los pocos días que les quedan de este tiempo de gracia, afligir sus almas ante Dios con verdadero arrepentimiento y dolor por sus pecados. Hay que escudriñar honda y sinceramente el corazón. Hay que deponer el espíritu liviano y frívolo al que se entregan tantos cristianos de profesión. Empeñada lucha espera a todos aquellos que quieran subyugar las malas inclinaciones que tratan de dominarlos. La obra de preparación es obra individual. No somos salvados en grupos. La pureza y la devoción de uno no suplirá la falta de estas cualidades en otro. Si bien todas las naciones deben pasar en juicio ante Dios, sin embargo él examinará el caso de cada individuo de un modo tan rígido y minucioso como si no hubiese otro en la tierra. Cada cual tiene que ser probado y encontrado sin mancha, ni arruga, ni cosa semejante.

Solemnes son las escenas relacionadas con la obra final de la expiación. Incalculables son los intereses que ésta envuelve. El juicio se lleva ahora adelante en el santuario celestial. Esta obra se viene realizando desde hace muchos años. Pronto—nadie sabe cuándo—les tocará ser juzgados a los vivos. En la augusta presencia de Dios nuestras vidas deben ser pasadas en revista. En éste más que en cualquier otro tiempo conviene que toda alma preste atención a la amonestación del Señor: “Velad y orad: porque no sabéis cuándo será el tiempo”. “Y si no velares, vendré a ti como ladrón, y no sabrás en qué hora vendré a ti”. Marcos 13:33; Apocalipsis 3:3.

Cuando quede concluida la obra del juicio investigador, quedará también decidida la suerte de todos para vida o para muerte. El tiempo de gracia terminará poco antes de que el Señor aparezca en las nubes del cielo. Al mirar hacia ese tiempo, Cristo declara en Apocalipsis: “¡El que es injusto, sea injusto aún; y el que es sucio, sea sucio aún; y el que es justo, sea justo aún; y el que es santo, sea aún santo! He aquí, yo vengo presto, y mi galardón está conmigo, para dar la recompensa a cada uno según sea su obra”.Apocalipsis 22:11-12.—el Conflicto de los Siglos, 544-545.

En el servicio ritual típico el sumo sacerdote, hecha la propiciación por Israel, salía y bendecía a la congregación. Así también Cristo, una vez terminada su obra de mediador, aparecerá “sin pecado... para la salvación” (Hebreos 9:28), para bendecir con el don de la vida eterna a su pueblo que le espera.—Ibid. 539.


Exaltad a Jesús,
p. 324
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