"La mayor necesidad del mundo es la de hombres que no se vendan ni se compren; hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas; hombres que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde; hombres cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo; hombres que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos". Ellen G. White.
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Monday, March 10, 2025
Monday, December 15, 2014
OPINIÓN: ¿El reinado de Estados Unidos como una superpotencia está terminando?

15 diciembre 2014
04:24 PM ET
Por Andreas Krieg
Nota del editor: Andreas Krieg es profesor adjunto en el Departamento de Estudios de Defensa de King's College London. Actualmente trabaja como consejero para las Fuerzas Armadas de Catar en Doha. Síguelo en Twitter. Las opiniones expresadas en este comentario son exclusivamente las del autor.
(CNN) – La reciente declaración del Pentágono en relación a que Irán podría haber llevado a cabo ataques aéreos contra objetivos de ISIS en la provincia iraquí de Diyala equivale a una aprobación tácita de Estados Unidos hacia una creciente presencia militar de Irán en Iraq.
Ninguna operación militar de semejante escala elude la detección por parte de los radares de Estados Unidos. Incluso si no son aprobadas o coordinadas con anticipación, las operaciones aéreas y terrestres de Irán en contra de los criminales asesinos del auto proclamado califa Abu Bakr al-Baghdadi hacen que la República Islámica sea efectivamente un socio de Estados Unidos en la lucha contra el mayor enemigo de dicho país: el fundamentalismo islamista.
La estrategia de Estados Unidos respecto al Medio Oriente desde la Primavera Árabe ha sido definida por una retirada proactiva y por la vacilación.
Perseguidos por el legado de Irak y Afganistán, el público estadounidense no está preparado para involucrarse en operaciones militares terrestres intensas y prolongadas, particularmente no para participar en un conflicto que al menos en Washington se percibe esencialmente como un asunto de interés regional.
Y parece ser que, en casa, aparte de una fatiga general por la guerra y un rechazo a que haya más víctimas, el presidente de los Estados Unidos Barack Obama, no quiere ser recordado como el presidente que se embarcó en una tercera aventura en el Medio Oriente. Como rehén de la opinión pública, Obama en su segundo mandato, parece ser cada vez más el hombre impotente que elige un camino de mínima resistencia en el extranjero, tomando decisiones que no están basadas en consideraciones estratégicas a largo plazo sino en un enfoque a corto plazo de control de daños.
En Libia, Siria e Irak, Estados Unidos se ha relegado, llamando a socios locales y representantes para que lo releven. Cualquier exclusión previa de tropas sobre el terreno significa que Estados Unidos no llevará su poder militar para ocuparse de aquellos que amenazan con destruir el Medio Oriente.
En Siria, Estados Unidos ignoró el problema de Bashar Al-Assad, en Irak se hizo de la vista gorda a las políticas de exclusión de Nouri al-Maliki mientras que permitía en Libia que se degenerara a un estado de anarquía. Sin una estrategia proactiva sostenible hacia el Medio Oriente, la política estadounidense hacia la región se vio frecuentemente moldeada en no reaccionar a los sucesos que se intensificaban rápidamente en el terreno.
Como resultado, los Estados Unidos hoy ven a una región donde los estados de Libia, Siria e Irak han efectivamente dejado de existir. El vacío sociopolítico se ha llenado con agentes transanacionales no estatales, de quienes mucho se suscriben a los estandartes negros del yihadismo... algo que deja al público estadounidense profundamente intranquilo.
Las imágenes transmitidas de ciudadanos estadounidenses siendo decapitados de manera brutal sacudieron a Estados Unidos hasta lo más profundo. Después de años de una relativa retirada e inactividad, Obama ahora se ve obligado finalmente a hacer algo en Siria e Iraq. De ese modo, el principio absoluto parece ser mantener el impacto militar a un nivel tan bajo como sea posible.
La principal carga de intervención tiene que ser soportada por multiplicadores de fuerza quienes sustituyen, de manera operacional y estratégica, a la disposición y capacidad de Estados Unidos... todo esto en una guerra cuyo propósito ya no es proteger los logros revolucionarios de la Primavera Árabe sino principalmente, contener la amenaza del fundamentalismo islamista.
En esta guerra, el general libio renegado Khalifa Haftar, al-Asad e Irán son el menor de los dos males. La improbable coalición moldeó la respuesta multilateral del gobierno de Estados Unidos al dilema de reconciliar las preocupaciones públicas de seguridad con la fatiga que el público siente hacia la guerra. Todos parecen bienvenidos. Sin embargo, Irán parece ser el socio más confiable: una súper potencia regional con la capacidad, voluntad estratégica y participación necesarias en tierra.
Una buena cooperación con Teherán, incluso si es indirecta, le permite a Estados Unidos poner presión sobre sus socios árabes en el Golfo para que intensifiquen sus medidas contra el fundamentalismo islámico en la región.
Al mismo tiempo, Estados Unidos quiere que el Consejo de Cooperación de los Estados Árabes del Golfo se comprometa a proveer las opciones sobre el terreno, que Estados Unidos ya no puede o no quiere ofrecer. No hay que olvidar que el acercamiento con Irán también permite que Obama le ponga punto final a la ostentosa exhibición de poder militar de Netanyahu en relación a Teherán. Aunque está comprometido con la seguridad de Irsael, Estados Unidos no estará disponible para dar una solución militar al programa nuclear iraní.
El acercamiento de Estados Unidos con Irán en el campo de batalla más sensible de la región, sobre todas las cosas, socava la posición de Estados Unidos en el Medio Oriente.
Aparte de perder la confianza y el interés de la región, la credibilidad de Estados Unidos como una súper potencia estará en duda siempre y cuando la capacidad se vea constreñida por la falta de voluntad política para utilizarla.
Sin la fuerza de voluntad estadounidense para tomar un enfoque más a largo plazo a fin de abordar de raíz las causas sociopolíticas del levantamiento regional, los participantes regionales, entre ellos al Asad, intervendrán para desarrollar sus propias estrategias de manera independiente. El resultado será una gradual intensificación de la confrontación regional a lo largo de líneas de división ideológicas y sectarias; una confrontación en la que Estados Unidos será un simple espectador.
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Tuesday, March 9, 2010
La demencial ofensiva por la hegemonía de EE.UU. amenaza la vida en la tierra

El camino al Apocalipsis
El Washington Times es un periódico que mira con benevolencia las guerras de agresión en Oriente Próximo de Bush/Cheney/Obama y los neoconservadores y está a favor de que sean los terroristas los que paguen por el 11-S. Por ello, me sorprendió el 24 de febrero que la historia más popular en el sitio en el Internet del periódico durante los últimos tres días haya sido el informe “Explosive News” de “Inside the Beltway” [Dentro de Washington DC], sobre las 31 conferencias de prensa en ciudades en EE.UU. y en el extranjero realizadas el 19 de febrero por Arquitectos e Ingenieros por la Verdad sobre el 11-S, una organización de profesionales que ahora tiene más de 1.000 miembros.
Más aún me sorprendió que la información tratara seriamente las conferencias de prensa.
¿Cómo se desintegraron repentinamente en polvo fino tres rascacielos del World Trade Center (WTC)? ¿Cómo fallaron repentinamente macizas vigas de acero como resultado de incendios breves, aislados y de baja temperatura? Mil arquitectos e ingenieros quieren saberlo y llaman al Congreso a que ordene una nueva investigación sobre la destrucción de las Torres Gemelas y del Edificio 8,” informa el Washington Times.
El periódico informa de que los arquitectos e ingenieros han concluido que la Agencia Federal para Manejo de Emergencias (FEMA) y el Instituto Nacional de Normas y Tecnología (NIST por sus siglas en inglés), suministraron “informes insuficientes, contradictorios y fraudulentos sobre las circunstancias de la destrucción de las torres” y “llaman a una investigación de gran jurado de los funcionarios del NIST.”
El periódico informa de que Richard Gage, el portavoz de los arquitectos e ingenieros dijo que: “Los funcionarios gubernamentales serán notificados de que el “Encubrimiento de la traición”, Código 18 de EE.UU. (Sección 2382) es un serio delito federal, que requiere que los que tienen evidencia de traición actúen como corresponda. Las implicaciones son enormes y podrían tener profundo impacto en el próximo juicio de Khalid Sheik Mohamed.”
Existe ahora una organización, Bomberos por la Verdad sobre el 11-S. En la principal conferencia de prensa en San Francisco Eric Lawyer, jefe de la organización, anunció el apoyo de los bomberos a las exigencias de los arquitectos e ingenieros. Informó de que no se realizó una investigación forense de los incendios que supuestamente destruyeron los tres edificios y que el que no haya tenido lugar constituye un crimen. No se siguieron los procedimientos especificados, y en lugar de preservar e investigar, la escena del crimen fue destruida. También informó de que existen más de cien miembros de los organismos de emergencia que oyeron y vieron explosiones y que existe evidencia de explosiones en transmisiones de radio, audio y vídeo.
El físico Steven Jones también presentó en la conferencia de prensa la evidencia de nano-termita en los residuos de los edificios del WTC, hallada por un panel internacional de científicos dirigidos por el nano-químico de la Universidad de Copenhague, profesor Niels Harrit. Nano-termita es un explosivo/pirotécnico de alta tecnología capaz de fundir instantáneamente vigas de acero.
Antes de que gritemos “teoría conspirativa” deberíamos saber que los arquitectos, ingenieros, bomberos y científicos no presentan ninguna teoría. Suministran evidencia que disputa la teoría oficial. Esa evidencia no va a desaparecer.
Si el hecho de que exprese dudas o reservas sobre la historia oficial en el Informe de la Comisión del 11-S convierte a una persona en un chiflado por las teorías conspirativas, tenemos que incluir a ambos copresidentes de la Comisión del 11-S y al asesor legal de la Comisión, todos los cuales han escrito libros en los que declaran claramente que funcionarios del gobierno les mintieron cuando realizaron su investigación, o, más bien, cuando presidieron la investigación realizada por el director ejecutivo Philip Zelikow, miembro del equipo de transición del presidente George W. Bush y del Consejo Consultor de Inteligencia Exterior y coautor de la secretaria de Estado de Bush Condi Rice.
Siempre habrá estadounidenses que crean cualquier cosa que les diga el gobierno, sin importar que sepan que el gobierno les ha mentido en numerosas ocasiones. A pesar de costosas guerras que amenazan la Seguridad Social y Medicare, guerras basadas en armas iraquíes de destrucción masiva inexistentes, en conexiones no existentes de Sadam Hussein con al-Qaida, en una participación afgana inexistente en los ataques del 11-S, y en las bombas atómicas iraníes inexistentes que son exageradas como motivo para la próxima guerra de agresión de EE.UU. en Oriente Próximo, más de la mitad de la población estadounidense sigue creyendo la historia fantástica que el gobierno les ha contado sobre el 11-S: una conspiración musulmana que fue más lista que todo el mundo occidental.
Además, a esos estadounidenses no les importa la frecuencia con la que el gobierno cambia su versión. Por ejemplo, los estadounidenses oyeron hablar por primera vez de Osama bin Laden porque el régimen de Bush lo culpó de los ataques del 11-S. Con el pasar de los años se presentó al crédulo público estadounidenses vídeo tras vídeo con declaraciones de bin Laden. Los expertos descartaron los vídeos como falsificaciones, pero los estadounidenses siguieron siendo tan crédulos como siempre. Luego, repentinamente el año pasado, un nuevo “cerebro” del 11-S apareció para tomar el sitio de bin Laden, el cautivo Khalid Sheik Mohamed, el detenido sometido 183 veces a la tortura de asfixia simulada con agua hasta que confesó haber planeado y organizado el ataque del 11-S.
En la Edad Media las confesiones obtenidas mediante la tortura constituían evidencia, pero la autoincriminación ha sido rechazada en el sistema legal de EE.UU. desde su fundación. Con el régimen de Bush y los jueces federales republicanos, quienes habían prometido que defenderían la Constitución de EE.UU., la autoincriminación de Sheik Mohamed representa actualmente la única evidencia que posee el gobierno de ese país de que los terroristas musulmanes llevaron a cabo el 11-S.
Al considerar las proezas atribuidas a Khalid Sheik Mohamed se ve que son simplemente increíbles. Sheik Mohamed es un superhéroe brillante y más capaz que ‘V’ en la película fantástica, “V de venganza.” Sheik Mohamed fue más listo que todas las 16 agencias de inteligencia de EE.UU. junto con aquéllas de todos los aliados o títeres de ese país, incluido el Mosad de Israel. Ningún servicio de inteligencia del mundo, o todos ellos combinados, pudo compararse con Sheik Mohamed.
Sheik Mohamed fue más listo que el Consejo Nacional de Seguridad de EE.UU., Dick Cheney, el Pentágono, el Departamento de Estado, NORAD, la Fuerza Aérea de EE.UU., y el Control de Tráfico Aéreo.
Llevó la Seguridad de Aeropuertos a fracasar cuatro veces en una sola mañana. Llevó al fracaso de las defensas aéreas con tecnología de vanguardia del Pentágono, permitiendo que un avión comercial secuestrado, que estuvo desviado de su rumbo toda la mañana, se estrellara contra el Pentágono, mientras la Fuerza Aérea de EE.UU., por primera vez en la historia, fue incapaz de enviar aviones de intercepción.
Sheik Mohamed fue capaz de realizar esas proezas con pilotos no calificados.
Sheik Mohamed, incluso como detenido torturado, logró impedir que el FBI diera a conocer los numerosos vídeos confiscados que mostraban, según la versión oficial, al avión secuestrado estrellándose contra el Pentágono.
¿Cuán ingenuo hay que ser para creer que algún ser humano, o si se quiere un personaje de fantasía de Hollywood, sea tan poderoso y capaz?
Si Sheik Mohamed tiene esas capacidades sobrehumanas, ¿cómo lo capturaron los incompetentes estadounidenses? Este sujeto es un chivo expiatorio torturado para que confiese a fin de conseguir que los ingenuos estadounidenses crean la teoría conspirativa del gobierno.
Lo que pasa es que el gobierno de EE.UU. tiene que terminar con el misterio del 11-S. El gobierno tiene que juzgar y condenar a un culpable para poder cerrar el caso antes que estalle. Cualquiera, torturado 183 veces, confesaría cualquier cosa.
El gobierno de EE.UU. ha reaccionado ante la evidencia que se acumula contra su descabellada teoría conspirativa del 11-S mediante la redefinición de la guerra contra el terror de enemigos externos a internos. La secretaria de seguridad interior, Janet Napolitano, dijo el 21 de febrero, que extremistas estadounidenses constituyen ahora una preocupación tan grande como los terroristas internacionales. Extremistas, claro está, son los que interfieren en los planes del gobierno, como los 1.000 Arquitectos e Ingenieros por la Verdad sobre el 11-S. El grupo lo formaban 100, ahora son 1.000. ¿Y si llegan a ser 10.000?
Cass Sunstein, funcionario del régimen de Obama, tiene una solución para los escépticos respecto al 11-S: Infiltrarlos y provocarlos para que hagan declaraciones y acciones que puedan ser utilizadas para desacreditarlos o arrestarlos. Pero librarse de ellos a toda costa.
¿Por qué emplear medidas tan extremas contra presuntos chiflados si sólo producen entretenimiento y risas? ¿Está preocupado el gobierno por que hayan encontrado algo?
En lugar de proponer semejantes medidas, ¿por qué no enfrenta simplemente el gobierno de EE.UU. la evidencia presentada y responde a ella?
Si los arquitectos, ingenieros, bomberos, y científicos son sólo chiflados, será algo simple reconocer su evidencia y refutarla. ¿Por qué es necesario infiltrarlos con agentes de la policía y tenderles trampas?
Muchos estadounidenses responderían que “su” gobierno no soñaría con matar estadounidenses secuestrando aviones y destruyendo edificios para promover sus planes. Pero el 3 de febrero, el director nacional de inteligencia Dennis Blair dijo al Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes que el gobierno de EE.UU. puede asesinar a sus propios ciudadanos cuando están en el extranjero. No precisa de arresto, juicio o condena por un crimen castigado con la pena capital. Es simplemente un asesinato.
Obviamente, si el gobierno de EE.UU. puede asesinar a sus ciudadanos en el extranjero también puede asesinarlos en el país, y lo ha hecho. Por ejemplo, 100 davidianos fueron asesinados en Waco, Texas, por el gobierno de Clinton sin una razón legítima. El gobierno simplemente decidió utilizar su poder a sabiendas de que podía salirse con la suya, y así lo hizo.
Los estadounidenses que piensan que “su” gobierno es una especie de operación moralmente pura harían bien en familiarizarse con la Operación Northwoods. La Operación Northwoods fue un complot urdido por el Estado Mayor Conjunto de EE.UU. para que la CIA cometiera actos de terrorismo en ciudades estadounidenses y preparara evidencia culpando a Castro para que EE.UU. pudiera conseguir apoyo interno e internacional para un cambio de régimen en Cuba. El plan secreto fue rechazado por el presidente John F. Kennedy y fue desclasificado por el John F. Kennedy Assassination Records Review Board. Se encuentra en línea en el Archivo de Seguridad Nacional. Existen numerosos informes en línea, incluyendo Wikipedia. El libro de James Bamford “Body of Secrets,” también resume el complot:
“La Operación Northwoods, que tenía la aprobación escrita del jefe (general Lemnitzer) y de cada uno de los miembros del Estado Mayor Conjunto, requería que se matara a tiros a gente inocente en las calles de EE.UU.; que se hundiera en alta mar botes con refugiados que huían de Cuba; que se lanzara una ola de terrorismo violento en Washington, D.C., Miami, y otros sitios; que se acusara a gente de atentados que no habían cometido; que se secuestrara aviones. Utilizando evidencia falsa, se acusaría de todo a Castro, dando así a Lemnitzer y su conciliábulo la excusa, así como el respaldo público e internacional, que necesitaban para lanzar su guerra.”
Antes del 11-S los neoconservadores estadounidenses fueron explícitos en que las guerras de agresión que querían lanzar en Oriente Próximo necesitaban “un nuevo Pearl Harbor.”
Por su propio bien y el del mundo en general, los estadounidenses tienen que prestar atención al creciente grupo de expertos que les dicen que la versión del 11-S del gobierno no pasa su investigación. El 11-S lanzó el plan neoconservador para la hegemonía mundial de EE.UU. Mientras escribo estas líneas el gobierno de EE.UU. está comprando el acuerdo de gobiernos extranjeros fronterizos con Rusia para que acepten bases de intercepción de misiles estadounidenses. EE.UU. quiere cercar a Rusia con sus bases de misiles desde Polonia pasando por Europa central y Kosovo hasta Georgia, Azerbaiyán y Asia Central. [Vea www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=17709] El enviado de EE.UU., Richard Holbrooke declaró el 20 de febrero que al-Qaida está penetrando antiguas partes constituyentes centroasiáticas de la Unión Soviética, como Tayikistán, Kirguistán, Uzbekistán, Turkmenistán y Kazajstán. Holbrooke está solicitando bases en esas antiguas repúblicas soviéticas bajo capa de la “guerra contra el terror” en permanente expansión.
EE.UU. ya ha rodeado Irán con bases militares. El gobierno de EE.UU. se propone neutralizar a China apoderándose de Oriente Próximo y cortándole el acceso al petróleo.
Este plan presupone que Rusia y China, Estados con armas nucleares, serán intimidados por las defensas anti-misiles de EE.UU. y aceptarán su hegemonía y que a China le faltará petróleo para sus industrias y sus fuerzas armadas.
El gobierno de EE.UU. delira. Los dirigentes militares y políticas de Rusia han respondido a la obvia amenaza declarando que la OTAN constituye una amenaza directa para la seguridad de Rusia y anunciando un cambio en la doctrina de guerra rusa hacia el lanzamiento preventivo de armas nucleares. Los chinos son demasiado seguros de sí mismos como para ser intimidados por una “superpotencia” estadounidense acabada.
Los imbéciles en Washington van lejos con la idea de la guerra nuclear. El impulso demencial por la hegemonía estadounidense amenaza la vida en la tierra. El pueblo estadounidense, al aceptar las mentiras y engaños de “su” gobierno, facilita ese resultado.
© Copyright Paul Craig Roberts, Global Research, 2010
Texto original en inglés : www.globalresearch.ca/PrintArticle.php?articleId=17821
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Global Research Articles by Paul Craig Roberts
Más aún me sorprendió que la información tratara seriamente las conferencias de prensa.
¿Cómo se desintegraron repentinamente en polvo fino tres rascacielos del World Trade Center (WTC)? ¿Cómo fallaron repentinamente macizas vigas de acero como resultado de incendios breves, aislados y de baja temperatura? Mil arquitectos e ingenieros quieren saberlo y llaman al Congreso a que ordene una nueva investigación sobre la destrucción de las Torres Gemelas y del Edificio 8,” informa el Washington Times.
El periódico informa de que los arquitectos e ingenieros han concluido que la Agencia Federal para Manejo de Emergencias (FEMA) y el Instituto Nacional de Normas y Tecnología (NIST por sus siglas en inglés), suministraron “informes insuficientes, contradictorios y fraudulentos sobre las circunstancias de la destrucción de las torres” y “llaman a una investigación de gran jurado de los funcionarios del NIST.”
El periódico informa de que Richard Gage, el portavoz de los arquitectos e ingenieros dijo que: “Los funcionarios gubernamentales serán notificados de que el “Encubrimiento de la traición”, Código 18 de EE.UU. (Sección 2382) es un serio delito federal, que requiere que los que tienen evidencia de traición actúen como corresponda. Las implicaciones son enormes y podrían tener profundo impacto en el próximo juicio de Khalid Sheik Mohamed.”
Existe ahora una organización, Bomberos por la Verdad sobre el 11-S. En la principal conferencia de prensa en San Francisco Eric Lawyer, jefe de la organización, anunció el apoyo de los bomberos a las exigencias de los arquitectos e ingenieros. Informó de que no se realizó una investigación forense de los incendios que supuestamente destruyeron los tres edificios y que el que no haya tenido lugar constituye un crimen. No se siguieron los procedimientos especificados, y en lugar de preservar e investigar, la escena del crimen fue destruida. También informó de que existen más de cien miembros de los organismos de emergencia que oyeron y vieron explosiones y que existe evidencia de explosiones en transmisiones de radio, audio y vídeo.
El físico Steven Jones también presentó en la conferencia de prensa la evidencia de nano-termita en los residuos de los edificios del WTC, hallada por un panel internacional de científicos dirigidos por el nano-químico de la Universidad de Copenhague, profesor Niels Harrit. Nano-termita es un explosivo/pirotécnico de alta tecnología capaz de fundir instantáneamente vigas de acero.
Antes de que gritemos “teoría conspirativa” deberíamos saber que los arquitectos, ingenieros, bomberos y científicos no presentan ninguna teoría. Suministran evidencia que disputa la teoría oficial. Esa evidencia no va a desaparecer.
Si el hecho de que exprese dudas o reservas sobre la historia oficial en el Informe de la Comisión del 11-S convierte a una persona en un chiflado por las teorías conspirativas, tenemos que incluir a ambos copresidentes de la Comisión del 11-S y al asesor legal de la Comisión, todos los cuales han escrito libros en los que declaran claramente que funcionarios del gobierno les mintieron cuando realizaron su investigación, o, más bien, cuando presidieron la investigación realizada por el director ejecutivo Philip Zelikow, miembro del equipo de transición del presidente George W. Bush y del Consejo Consultor de Inteligencia Exterior y coautor de la secretaria de Estado de Bush Condi Rice.
Siempre habrá estadounidenses que crean cualquier cosa que les diga el gobierno, sin importar que sepan que el gobierno les ha mentido en numerosas ocasiones. A pesar de costosas guerras que amenazan la Seguridad Social y Medicare, guerras basadas en armas iraquíes de destrucción masiva inexistentes, en conexiones no existentes de Sadam Hussein con al-Qaida, en una participación afgana inexistente en los ataques del 11-S, y en las bombas atómicas iraníes inexistentes que son exageradas como motivo para la próxima guerra de agresión de EE.UU. en Oriente Próximo, más de la mitad de la población estadounidense sigue creyendo la historia fantástica que el gobierno les ha contado sobre el 11-S: una conspiración musulmana que fue más lista que todo el mundo occidental.
Además, a esos estadounidenses no les importa la frecuencia con la que el gobierno cambia su versión. Por ejemplo, los estadounidenses oyeron hablar por primera vez de Osama bin Laden porque el régimen de Bush lo culpó de los ataques del 11-S. Con el pasar de los años se presentó al crédulo público estadounidenses vídeo tras vídeo con declaraciones de bin Laden. Los expertos descartaron los vídeos como falsificaciones, pero los estadounidenses siguieron siendo tan crédulos como siempre. Luego, repentinamente el año pasado, un nuevo “cerebro” del 11-S apareció para tomar el sitio de bin Laden, el cautivo Khalid Sheik Mohamed, el detenido sometido 183 veces a la tortura de asfixia simulada con agua hasta que confesó haber planeado y organizado el ataque del 11-S.
En la Edad Media las confesiones obtenidas mediante la tortura constituían evidencia, pero la autoincriminación ha sido rechazada en el sistema legal de EE.UU. desde su fundación. Con el régimen de Bush y los jueces federales republicanos, quienes habían prometido que defenderían la Constitución de EE.UU., la autoincriminación de Sheik Mohamed representa actualmente la única evidencia que posee el gobierno de ese país de que los terroristas musulmanes llevaron a cabo el 11-S.
Al considerar las proezas atribuidas a Khalid Sheik Mohamed se ve que son simplemente increíbles. Sheik Mohamed es un superhéroe brillante y más capaz que ‘V’ en la película fantástica, “V de venganza.” Sheik Mohamed fue más listo que todas las 16 agencias de inteligencia de EE.UU. junto con aquéllas de todos los aliados o títeres de ese país, incluido el Mosad de Israel. Ningún servicio de inteligencia del mundo, o todos ellos combinados, pudo compararse con Sheik Mohamed.
Sheik Mohamed fue más listo que el Consejo Nacional de Seguridad de EE.UU., Dick Cheney, el Pentágono, el Departamento de Estado, NORAD, la Fuerza Aérea de EE.UU., y el Control de Tráfico Aéreo.
Llevó la Seguridad de Aeropuertos a fracasar cuatro veces en una sola mañana. Llevó al fracaso de las defensas aéreas con tecnología de vanguardia del Pentágono, permitiendo que un avión comercial secuestrado, que estuvo desviado de su rumbo toda la mañana, se estrellara contra el Pentágono, mientras la Fuerza Aérea de EE.UU., por primera vez en la historia, fue incapaz de enviar aviones de intercepción.
Sheik Mohamed fue capaz de realizar esas proezas con pilotos no calificados.
Sheik Mohamed, incluso como detenido torturado, logró impedir que el FBI diera a conocer los numerosos vídeos confiscados que mostraban, según la versión oficial, al avión secuestrado estrellándose contra el Pentágono.
¿Cuán ingenuo hay que ser para creer que algún ser humano, o si se quiere un personaje de fantasía de Hollywood, sea tan poderoso y capaz?
Si Sheik Mohamed tiene esas capacidades sobrehumanas, ¿cómo lo capturaron los incompetentes estadounidenses? Este sujeto es un chivo expiatorio torturado para que confiese a fin de conseguir que los ingenuos estadounidenses crean la teoría conspirativa del gobierno.
Lo que pasa es que el gobierno de EE.UU. tiene que terminar con el misterio del 11-S. El gobierno tiene que juzgar y condenar a un culpable para poder cerrar el caso antes que estalle. Cualquiera, torturado 183 veces, confesaría cualquier cosa.
El gobierno de EE.UU. ha reaccionado ante la evidencia que se acumula contra su descabellada teoría conspirativa del 11-S mediante la redefinición de la guerra contra el terror de enemigos externos a internos. La secretaria de seguridad interior, Janet Napolitano, dijo el 21 de febrero, que extremistas estadounidenses constituyen ahora una preocupación tan grande como los terroristas internacionales. Extremistas, claro está, son los que interfieren en los planes del gobierno, como los 1.000 Arquitectos e Ingenieros por la Verdad sobre el 11-S. El grupo lo formaban 100, ahora son 1.000. ¿Y si llegan a ser 10.000?
Cass Sunstein, funcionario del régimen de Obama, tiene una solución para los escépticos respecto al 11-S: Infiltrarlos y provocarlos para que hagan declaraciones y acciones que puedan ser utilizadas para desacreditarlos o arrestarlos. Pero librarse de ellos a toda costa.
¿Por qué emplear medidas tan extremas contra presuntos chiflados si sólo producen entretenimiento y risas? ¿Está preocupado el gobierno por que hayan encontrado algo?
En lugar de proponer semejantes medidas, ¿por qué no enfrenta simplemente el gobierno de EE.UU. la evidencia presentada y responde a ella?
Si los arquitectos, ingenieros, bomberos, y científicos son sólo chiflados, será algo simple reconocer su evidencia y refutarla. ¿Por qué es necesario infiltrarlos con agentes de la policía y tenderles trampas?
Muchos estadounidenses responderían que “su” gobierno no soñaría con matar estadounidenses secuestrando aviones y destruyendo edificios para promover sus planes. Pero el 3 de febrero, el director nacional de inteligencia Dennis Blair dijo al Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes que el gobierno de EE.UU. puede asesinar a sus propios ciudadanos cuando están en el extranjero. No precisa de arresto, juicio o condena por un crimen castigado con la pena capital. Es simplemente un asesinato.
Obviamente, si el gobierno de EE.UU. puede asesinar a sus ciudadanos en el extranjero también puede asesinarlos en el país, y lo ha hecho. Por ejemplo, 100 davidianos fueron asesinados en Waco, Texas, por el gobierno de Clinton sin una razón legítima. El gobierno simplemente decidió utilizar su poder a sabiendas de que podía salirse con la suya, y así lo hizo.
Los estadounidenses que piensan que “su” gobierno es una especie de operación moralmente pura harían bien en familiarizarse con la Operación Northwoods. La Operación Northwoods fue un complot urdido por el Estado Mayor Conjunto de EE.UU. para que la CIA cometiera actos de terrorismo en ciudades estadounidenses y preparara evidencia culpando a Castro para que EE.UU. pudiera conseguir apoyo interno e internacional para un cambio de régimen en Cuba. El plan secreto fue rechazado por el presidente John F. Kennedy y fue desclasificado por el John F. Kennedy Assassination Records Review Board. Se encuentra en línea en el Archivo de Seguridad Nacional. Existen numerosos informes en línea, incluyendo Wikipedia. El libro de James Bamford “Body of Secrets,” también resume el complot:
“La Operación Northwoods, que tenía la aprobación escrita del jefe (general Lemnitzer) y de cada uno de los miembros del Estado Mayor Conjunto, requería que se matara a tiros a gente inocente en las calles de EE.UU.; que se hundiera en alta mar botes con refugiados que huían de Cuba; que se lanzara una ola de terrorismo violento en Washington, D.C., Miami, y otros sitios; que se acusara a gente de atentados que no habían cometido; que se secuestrara aviones. Utilizando evidencia falsa, se acusaría de todo a Castro, dando así a Lemnitzer y su conciliábulo la excusa, así como el respaldo público e internacional, que necesitaban para lanzar su guerra.”
Antes del 11-S los neoconservadores estadounidenses fueron explícitos en que las guerras de agresión que querían lanzar en Oriente Próximo necesitaban “un nuevo Pearl Harbor.”
Por su propio bien y el del mundo en general, los estadounidenses tienen que prestar atención al creciente grupo de expertos que les dicen que la versión del 11-S del gobierno no pasa su investigación. El 11-S lanzó el plan neoconservador para la hegemonía mundial de EE.UU. Mientras escribo estas líneas el gobierno de EE.UU. está comprando el acuerdo de gobiernos extranjeros fronterizos con Rusia para que acepten bases de intercepción de misiles estadounidenses. EE.UU. quiere cercar a Rusia con sus bases de misiles desde Polonia pasando por Europa central y Kosovo hasta Georgia, Azerbaiyán y Asia Central. [Vea www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=17709] El enviado de EE.UU., Richard Holbrooke declaró el 20 de febrero que al-Qaida está penetrando antiguas partes constituyentes centroasiáticas de la Unión Soviética, como Tayikistán, Kirguistán, Uzbekistán, Turkmenistán y Kazajstán. Holbrooke está solicitando bases en esas antiguas repúblicas soviéticas bajo capa de la “guerra contra el terror” en permanente expansión.
EE.UU. ya ha rodeado Irán con bases militares. El gobierno de EE.UU. se propone neutralizar a China apoderándose de Oriente Próximo y cortándole el acceso al petróleo.
Este plan presupone que Rusia y China, Estados con armas nucleares, serán intimidados por las defensas anti-misiles de EE.UU. y aceptarán su hegemonía y que a China le faltará petróleo para sus industrias y sus fuerzas armadas.
El gobierno de EE.UU. delira. Los dirigentes militares y políticas de Rusia han respondido a la obvia amenaza declarando que la OTAN constituye una amenaza directa para la seguridad de Rusia y anunciando un cambio en la doctrina de guerra rusa hacia el lanzamiento preventivo de armas nucleares. Los chinos son demasiado seguros de sí mismos como para ser intimidados por una “superpotencia” estadounidense acabada.
Los imbéciles en Washington van lejos con la idea de la guerra nuclear. El impulso demencial por la hegemonía estadounidense amenaza la vida en la tierra. El pueblo estadounidense, al aceptar las mentiras y engaños de “su” gobierno, facilita ese resultado.
© Copyright Paul Craig Roberts, Global Research, 2010
Texto original en inglés : www.globalresearch.ca/PrintArticle.php?articleId=17821
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Global Research Articles by Paul Craig Roberts
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