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Saturday, February 14, 2015

Historia de la Iglesia ~ El Concilio Vaticano II




GerryDragon76G  Uploaded on Dec 13, 2010


El Concilio Vaticano II fue un concilio ecuménico de la Iglesia católica convocado por el papa Juan XXIII, quien lo anunció en el mes de enero de 1959. Fue uno de los eventos históricos que marcaron el siglo XX.

El Concilio constó de cuatro sesiones: la primera de ellas fue presidida por el mismo Papa en el otoño de 1962. Él no pudo concluir este Concilio ya que falleció un año después, (el 3 de junio de 1963). Las otras tres etapas fueron convocadas y presididas por su sucesor, el Papa Pablo VI, hasta su clausura en 1965. La lengua oficial del Concilio fue el latín.

Fue el Concilio que contó con más representación de todos, con una media de asistencia de unos dos mil padres conciliares procedentes de todas las partes del mundo y de una gran diversidad de lenguas y razas. Asistieron además miembros de otras confesiones religiosas cristianas.

El Concilio se convocó con los fines principales de:

Promover el desarrollo de la fe católica.
Lograr una renovación moral de la vida cristiana de los fieles.
Adaptar la disciplina eclesiástica a las necesidades y métodos de nuestro tiempo.
Lograr la mejor interrelación para con las demás religiones, principalmente las orientales.
Se pretendió que fuera un aggiornamento o puesta al día de la Iglesia, renovando los elementos que más necesidad tuvieran de ello, revisando el fondo y la forma de todas sus actividades.

Pretendió proporcionar una apertura dialogante con el mundo moderno, actualizando la vida de la Iglesia sin definir ningún dogma, incluso con nuevo lenguaje conciliatorio frente a problemas actuales y antiguos.

El Concilio Vaticano I (1869-1870) no había terminado debido a la suspensión impuesta por el estallido de la guerra franco-prusiana. Algunos querían que se continuara este concilio pero no fue así. Los sectores más liberales o modernistas dentro de la Iglesia lo consideran uno de los 5 concilios más importantes (Niceno I, Calcedonense, Lateranense IV, Tridentino y Vaticano II). Trató de la Iglesia, la revelación, la liturgia, la libertad religiosa, etc. siendo sus características más importantes la renovación y la tradición.

En cambio los sectores más conservadores aplican un término llamado la hermenéutica de la continuidad para leer los textos conciliares a la luz de la Tradición y el Magisterio bimilenario para que no entre en contradicción.

Pero los sectores tradicionalistas, como la Hermandad San Pío X denuncian que el Concilio enseña errores y que hay puntos que deben ser condenados porque contradicen abiertamente la Tradición, el Magisterio Papal y de los anteriores Concilios de la Iglesia católica.
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Wednesday, January 14, 2015

Papa en encuentro interreligioso: No al uso de la religión para justificar violencia y guerra





Published on Jan 13, 2015


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En su discurso dijo que las personas no tienen que renunciar a su identidad étnica o religiosa para vivir en armonía. También pidió que no se use la religión para justificar la violencia.

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Monday, December 22, 2014

El Papa conmemorará la Reforma junto a luteranos alemanes




Ecumenismo


Será la oportunidad de pedir “perdón al Señor Jesucristo por las culpas recíprocas, junto con la alegría de compartir y recorrer juntos un camino ecuménico”, dijo Francisco.


FUENTES WCC, Religión Digital AUTOR Redacción P+D ROMA 19 DE DICIEMBRE DE 2014 14:21 h 

 

El Papa, atendiendo a una delegación de la Iglesia Evangélica Luterana Alemana. / Catholic.net




Este jueves el Papa Francisco y la Iglesia Evangélica Luterana Alemana dieron una muestra más de su buena sintonía, en una reunión de carácter ecuménico celebrada en el Vaticano.

Católicos y luteranos trabajan de forma oficial desde hace casi cincuenta años, en los que se han presentado documentos conjuntos de amplio alcance, a los que hizo referencia el Papa. Los progresos logrados “constituyen un sólido fundamento para de amistad sincera vivida en la fe y en la espiritualidad”, dijo Francisco.

A pesar de las diferencias teológicas que persisten en diversas cuestiones de fe, “la colaboración y la convivencia fraterna caracterizan la vida de las Iglesias y comunidades eclesiales católicas y luteranas”, comprometidas en un camino ecuménico común, y textos conjuntos como la ‘Declaración Común sobre la Doctrina de la Justificación’ entre la Federación Luterana Mundial y el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, firmada oficialmente hace quince años en Augsburg, “son -dijo el Papa- piedras angulares, que permiten seguir con confianza el camino emprendido”.

“Y aunque el objetivo común de la unidad plena y visible de los cristianos a veces parezca alejarse a causa de diferentes interpretaciones sobre lo que es la Iglesia y su unidad, es necesario no ceder a la resignación sino concentrarse en el próximo paso posible”, expresó el Papa.

“No olvidemos -recalcó el Papa- que recorremos juntos el camino de la amistad, del respeto mutuo y de la investigación teológica; un camino que nos hace mirar con esperanza al futuro. Por eso el pasado 21 de noviembre las campanas de todas las catedrales de Alemania tocaron para invitar a todos los hermanos cristianos a un servicio litúrgico común por el quincuagésimo aniversario de la promulgación del Decreto Unitatis Redintegratio del Vaticano II”.

Bergoglio manifestó su complacencia porque la Comisión de diálogo bilateral entre la Conferencia Episcopal Alemana y la Iglesia Evangélica Luterana de Alemania están a punto de terminar un trabajo dedicado a ‘Dios y la dignidad del hombre’, y subrayó la gran actualidad de “los temas relacionados con la dignidad de la persona humana en el principio y el final de su vida, así como las relacionadas con la familia, el matrimonio y la sexualidad, que no pueden ser excluidos o dejados de lado solo porque no se quiere poner en peligro el consenso ecuménico alcanzado hasta el momento. Sería una pena que, en temas tan importantes relacionados con la existencia humana, hubiera nuevas diferencias confesionales'”.

“El diálogo ecuménico ya no puede separarse hoy de la realidad y de la vida de nuestras iglesias. En 2017 los cristianos luteranos y católicos conmemorarán conjuntamente el quinto centenario de la Reforma. En esa ocasión ambos tendrán, por primera vez, la oportunidad de compartir la misma conmemoración ecuménica en todo el mundo, no como una celebración triunfalista, sino como una profesión de nuestra fe común en el Dios uno y trino. El fulcro de este evento serán, por tanto, la oración en común y la petición de perdón al Señor Jesucristo por las culpas recíprocas, junto con la alegría de compartir y recorrer juntos un camino ecuménico. De este hecho es muestra significativa el documento elaborado por la Comisión luterano-católica para la Unidad y publicado el año pasado ‘Del conflicto a la comunión. La conmemoración conjunta luterano-católico de la Reforma en 2017’. ¡Que esta conmemoración -finalizó el Papa- nos lleve a todos a dar, con la ayuda de Dios y el apoyo de su Espíritu, nuevos pasos hacia la unidad y a no limitarnos sólo a lo que ya hemos logrado!”.

La Iglesia Evangélica Luterana de Alemania es la federación que aglutina a varias denominaciones históricas en el país germano. Está formada por iglesias luteranas, reformadas y regionales, independientes en funcionamiento pero unidas por un Sínodo y Consejo Eclesial común. Tiene parroquias y pastores en más de 60 países y, según el Consejo Mundial de Iglesias, una membresía de más de 26 millones de personas.



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Monday, August 11, 2014

Desea determinar si los jesuitas controlan su iglesia:



1. ¿Está su iglesia todavía protestando contra la tiranía del papado?


2. ¿Está su iglesia todavía enseñando que el papado es el anticristo, o es algo que su iglesia una vez enseñaba, pero ahora rehuye porque no es políticamente correcto?


3. ¿Está su iglesia teniendo servicios de estilo celebración, que son más contemporáneos con los tiempos y es la música más optimista? Esto fue parte del plan del papado en el Concilio Vaticano II para hacerse cargo de todas las iglesias.


4. ¿Está su iglesia olvidando sus enseñanzas históricas y es cada vez más moderna, desechando las viejas verdades como reliquias del pasado?


5. ¿Estan los periódicos su Iglesia encontrando cosas buenas que decir sobre el papado, incluso teniendo en cuenta los líderes del Vaticano como buenos cristianos?


6. ¿Está su iglesia dispuesta a unirse al movimiento ecuménico, incluso si eso significa sacrificar algunas enseñanzas o principios básicos que la iglesia una vez creyó?


7) ¿Esta su iglesia ahora adoptando prácticas católicas que no hubiera tolerado unos pocos años atrás,.. sotanas sustituyendo trajes, velas, comuniones, etc.



Fuente: http://galeon.com/lluviatardia/jesuitas.pdf
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Tuesday, May 6, 2014

Católicos 'carismáticos' inyectan alegría a su iglesia




El movimiento religioso que comparten la iglesia católica, evangélica, anglicana y luterana cobra fuerza entre la comunidad hispana




Católicos del movimiento El Sembrador durante un servicio carismático en la Iglesia Santo Tomás en Los Ángeles.

Foto: J. Emilio Flores/La Opinión

PUBLICADO: May, 5, 2014 8:00 am EST

Una alegre salsa se escucha en un templo de Los Ángeles. "Yo quiero ser instrumento de tu paz", repite la canción y decenas bailan, aplauden, oran con los ojos cerrados y levantan las manos como queriendo tocar el cielo. Es viernes por la noche y aquí, en efecto, están de fiesta.

"¡Gloria! ¡Gloria! ¡Y alabanza a Dios!", exclama el predicador. Recién inició este servicio y algunos ya alcanzaron el clímax: una mujer brinca sin parar como si estuviera en un concierto de música electrónica y un hombre habla con los ojos cerrados y golpea su cabeza con una biblia negra. 
 
 
De no ser por un cuadro de la Virgen de Guadalupe que cuelga en la pared se pensaría que éste es uno de tantos templos protestantes en el oeste de Los Ángeles.


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Saturday, February 8, 2014

Vaticano - Revolución en la Iglesia [Vatican - Revolution dans L'Eglise]



Historia de la Iglesia ~ El Concilio Vaticano II




GerryDragon76G


Uploaded on Dec 13, 2010


El Concilio Vaticano II fue un concilio ecuménico de la Iglesia católica convocado por el papa Juan XXIII, quien lo anunció en el mes de enero de 1959. Fue uno de los eventos históricos que marcaron el siglo XX.

El Concilio constó de cuatro sesiones: la primera de ellas fue presidida por el mismo Papa en el otoño de 1962. Él no pudo concluir este Concilio ya que falleció un año después, (el 3 de junio de 1963). Las otras tres etapas fueron convocadas y presididas por su sucesor, el Papa Pablo VI, hasta su clausura en 1965. La lengua oficial del Concilio fue el latín.

Fue el Concilio que contó con más representación de todos, con una media de asistencia de unos dos mil padres conciliares procedentes de todas las partes del mundo y de una gran diversidad de lenguas y razas. Asistieron además miembros de otras confesiones religiosas cristianas.

El Concilio se convocó con los fines principales de:

Promover el desarrollo de la fe católica.
Lograr una renovación moral de la vida cristiana de los fieles.
Adaptar la disciplina eclesiástica a las necesidades y métodos de nuestro tiempo.
Lograr la mejor interrelación para con las demás religiones, principalmente las orientales.
Se pretendió que fuera un aggiornamento o puesta al día de la Iglesia, renovando los elementos que más necesidad tuvieran de ello, revisando el fondo y la forma de todas sus actividades.

Pretendió proporcionar una apertura dialogante con el mundo moderno, actualizando la vida de la Iglesia sin definir ningún dogma, incluso con nuevo lenguaje conciliatorio frente a problemas actuales y antiguos.

El Concilio Vaticano I (1869-1870) no había terminado debido a la suspensión impuesta por el estallido de la guerra franco-prusiana. Algunos querían que se continuara este concilio pero no fue así. Los sectores más liberales o modernistas dentro de la Iglesia lo consideran uno de los 5 concilios más importantes (Niceno I, Calcedonense, Lateranense IV, Tridentino y Vaticano II). Trató de la Iglesia, la revelación, la liturgia, la libertad religiosa, etc. siendo sus características más importantes la renovación y la tradición.

En cambio los sectores más conservadores aplican un término llamado la hermenéutica de la continuidad para leer los textos conciliares a la luz de la Tradición y el Magisterio bimilenario para que no entre en contradicción.

Pero los sectores tradicionalistas, como la Hermandad San Pío X denuncian que el Concilio enseña errores y que hay puntos que deben ser condenados porque contradicen abiertamente la Tradición, el Magisterio Papal y de los anteriores Concilios de la Iglesia católica.
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Saturday, April 6, 2013

Discurso de la Luna - Concilio Vaticano II





INPAS Apóstol Santiago

Published on May 3, 2012

Papa Juan XXIII
Día Inauguración del Concilio Vaticano II
11 octubre 1962
Visita nuestro especial web: www.inpas.cl/concilio
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Vaticano II - Revolucion dentro de la Iglesia



1962 - Concilio Vaticano II - Revolucion dentro de la Iglesia



tovelay

Published on Jun 3, 2012


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Saturday, March 16, 2013

Guía para entender a los jesuitas


La Compañía de Jesús, fundada en 1540 por Ignacio de Loyola, es la mayor congregación de la Iglesia Católica. En el pontificado de Juan Pablo II vivió una situación difícil, pero la relación con el Vaticano se estabilizó con Benedicto XVI. Este ascenso les permitió, por primera vez en sus 473 años de existencia, tener un Papa de sus filas.


por Luis Concha





CONCEBIDA como una orden que emulaba a una unidad militar, desde su fundación, en 1540 por Ignacio de Loyola, los miembros de la Compañía de Jesús responden al estereotipo que implica su nombre. Se les ha descrito como soldados disciplinados, inquietos intelectuales, especializados, entrenados espiritualmente y obedientes al Pontífice.

Todos los jesuitas, en su primer año de estudios, están obligados a someterse por 30 días a un retiro de silencio absoluto, bajo un riguroso sistema de meditación y oración diseñado hace más de 600 años por Loyola como parte de su proceso de conversión. A esto lo llamó ejercicios espirituales, en los que bajo la guía de un director y siguiendo las etapas descritas por el fundador de la Compañía de Jesús, buscan la presencia de Dios en el mundo y la forma de seguirlo.

Los ejercicios son parte esencial de la espiritualidad ignaciana, por lo que los jesuitas los realizan varias veces en su vida. “Pasear, caminar y correr son ejercicios corporales, de la misma manera que todo modo debe preparar y disponer el alma para quitar de sí todas las afecciones desordenadas y después de quitadas buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud del alma”, escribió Loyola.

Jorge Mario Bergoglio, uno de esos jesuitas, se transformó esta semana en el primero de la Compañía de Jesús en ostentar el cargo de Sumo Pontífice: el Papa Francisco.

La nominación llegó en un complicado momento histórico para la Iglesia. La Santa Sede enfrenta cruzadas acusaciones luego del escándalo de filtración de documentos y, tras la renuncia de Benedicto XVI, hubo consenso en la necesidad de que su reemplazante implicara un cambio en la conducción del catolicismo. Los jesuitas, en tanto, enfrentan su llegada a la cumbre vaticana luego de años de destierro y supremacía de las tendencias conservadoras.

Sin embargo, las caídas y los ascensos han sido una constante para una orden religiosa que en su historia ha compartido con el poder y alejado de él, enfrentado guerras, suspensiones, intervenciones y, después de 473 años de historia, sigue siendo una de las congregaciones más importantes y numerosas de la Iglesia Católica.

* Peso actual en el mundo

Hoy es la mayor congregación masculina. Tiene unos 19 mil religiosos, entre sacerdotes y hermanos, en los cinco continentes.

Organizada en 91 provincias geográficas alrededor del mundo, según cifras de la Compañía de 2010, los jesuitas se concentran en el sur de Asia (23%), Estados Unidos (13%) y América Latina (8%). La Curia General de la Compañía de Jesús, en el número 4 del Borgo Santo Spirito de Roma, con el sacerdote español Adolfo Nicolás Pachón, de 76 años, dirige desde 2008 unas 200 universidades, 700 colegios y miles de obras sociales y religiosas en 127 países. En Roma, entre otras labores, están a cargo de la Universidad Gregoriana, el Instituto Bíblico, la revista Civittá Católica, el observatorio papal y la residencia papal de Castelgandolfo.

* Influencia en educación

La Pontificia Universidad Gregoriana, una de las instituciones académicas más destacadas de Roma y de la Iglesia, es patrimonio de los jesuitas. También, la Universidad de Georgetown, en EE.UU. Así, hay muchos ejemplos de la influencia de la Compañía en materias educacionales, que ha sido una de las grandes misiones de la congregación desde su fundación en el siglo XVI.

Dicha labor la ejercieron tradicionalmente en el seno de las elites
, situación que repitieron en labores evangelizadoras, como en la Colonia en América. Por un lado, realizaban misiones con los pueblos indígenas y por otro, educaban a las elites gobernantes.
La pérdida de influencia se manifestó en la orden desde fines de los 70 y también afectó a esta área de acción jesuita. La arremetida de congregaciones de carácter conservador y su nueva llegada a la elite también se evidenció en el ámbito educacional, en particular con el Opus Dei, con quien, según los analistas, existe una competencia por ser la “elite intelectual” de la Iglesia.

Diversas publicaciones han especulado sobre cómo el ascenso de Francisco repercutirá en las áreas en las que el Opus Dei ha acrecentado su poder los últimos 30 años.

* Relación con el poder

El Concilio Vaticano II (1962-1965) fue clave para el porvenir de los jesuitas durante la segunda mitad del siglo XX. La Compañía, que históricamente se había destacado por su dedicación a la enseñanza, las elites y la academia, se vinculó, después de la convención religiosa, a posturas más vanguardistas vinculadas con la doctrina social y defendió la Teología de la Liberación en Latinoamérica, que posteriormente fue condenada por el Vaticano. Así, de las universidades bajó a las favelas y a la violencia de las comunidades más pobres de América Latina, filtreando con movimientos guerrilleros.
Tras el giro, los jesuitas perdieron miembros en los años siguientes. Si antes del Concilio éstos se cifraban en 36 mil, para comienzos de los 80, apenas sobrepasaban los 28 mil. La situación, sin embargo, no significó un cuestionamiento para la orden. “Cuando hoy vemos actuar al Opus Dei es como mirarnos al espejo para decir así fuimos y así no podemos seguir siendo”, dijo el superior general Pedro Arrupe -un médico vasco que en Hiroshima el día de la tragedia atómica operó con tijeras de coser ropa, en medio de los escombros-, según recordó recientemente el diario español El País.

Lo que sí se resintió fue la relación de los jesuitas con la elite y el poder. Les significó una de las mayores intervenciones papales en su historia y además, que congregaciones como el Opus Dei y otras de corte conservador ingresaran tanto en la Curia como en las áreas que antes de Vaticano II habían sido de influencia jesuita, en particular, la relación con la elite y la educación.

* Intervenciones del Vaticano

Varios han sido los conflictos que los jesuitas han enfrentado con los centros de poder, tanto religiosos como políticos, a lo largo de su historia. Dos son, sin embargo, los de mayor gravedad.

En el siglo XVIII, el poder ostentado por la Compañía, su apoyo al Papa y la defensa que realizaron de las poblaciones indígenas en las colonias europeas, hicieron que varios gobiernos presionaran por la expulsión y el cierre de la orden. España y Portugal fueron algunos de los primeros países que los desterraron de sus dominios. En 1773, el Papa Clemente XIV decretó el cierre de la orden. La medida duró hasta 1814, cuando el Papa Pío VII revocó la medida y permitió el reingreso jesuita a la Iglesia.
El segundo momento complejo se vivió con Juan Pablo II, detractor de la orden y quien mantuvo una tensa relación con los jesuitas durante su pontificado.

* Ostracismo con Juan Pablo II

“En el papado de Juan Pablo II, los jesuitas vivieron una situación difícil tanto interna como en su relación con la máxima autoridad”, dijo en 2010 el vaticanista Sandro Magister.

Después del Concilio Vaticano II de 1965, la congregación se acercó a materias económicas y sociales, muchos de sus miembros adscribieron a la Teología de la Liberación y los sacerdotes se acercaron a la izquierda en EE.UU., Nicaragua y El Salvador, entre otros países. El Papa, por estas razones, nunca vio con buenos ojos a la Compañía de Jesús.

El episodio que gatilló la crisis se vivió en 1981, a raíz de la sucesión de Pedro Arrupe, quien había liderado a los jesuitas desde 1965 y a quien Juan Pablo II responsabilizaba por la apertura de la orden a posturas más de izquierda, a raíz de la “promoción de la justicia” proclamada por la congregación. El Papa no aceptó que Arrupe, aquejado de una trombosis cerebral, fuera sucedido por el sacerdote estadounidense Vincent O’Keefe, a quien le correspondía el cargo de acuerdo con la dinámica interna de la Compañía. En cambio, envió dos interventores -sacerdotes italianos, también jesuitas-, mientras los miembros de la Compañía elegían a su nuevo líder. Los jesuitas desestimaron a los representantes del Pontífice y eligieron al holandés Peter Hans Kolvenbach como prefecto general. El historiador francés Jean Lacouture denominó este hecho como un “golpe de Estado pontificio”. Desde entonces, Juan Pablo II evitó que tuvieran un papel predominante.

En efecto, el Pontífice prefirió a otras congregaciones, como el Opus Dei, para puestos claves en la Curia. “Algunos nos han abandonado, otros han seguido con notable fidelidad. Nosotros hicimos una opción consecuente con las preocupaciones que habíamos manifestado de unir fe y justicia”, dijo el jesuita chileno Felipe Berríos, en 2005. El protectorado del Papa en la Compañía duraría dos largos años, hasta la congregación general de 1983, en la que sería elegido el holandés Peter Hans Kolvenbach en primera votación.

* Ascenso en era Benedicto XVI

Cuando falleció Juan Pablo II, en 2005, el sector más avanzado del catolicismo anhelaba el regreso de los jesuitas al liderazgo de la Iglesia. Y en efecto, la congregación estabilizó sus relaciones con el Vaticano durante la era de Benedicto XVI y volvieron a escalar en la Curia.

Ratzinger volvió a dar relevancia a las congregaciones tradicionales y dos miembros de la Compañía ocuparon puestos clave. Federico Lombardi reemplazó al vocero Opus Dei de Juan Pablo II, Joaquín Navarro Valls. El arzobispo español Luis Ladaria fue designado como segundo hombre de la Congregación para la Doctrina y la Fe. En 2008, además, asumió como jefe de los jesuitas Adolfo Nicolás Pachón, quien se relaciona bien con las corrientes internas y ha ordenado el variado escenario de la orden.

La declinación de representantes de congregaciones conservadoras, como el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, también contribuyó a que los jesuitas ascendieran en la escala de poder desde 2005 a la fecha.


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Tuesday, February 19, 2013

Lealtad a la Estructura en Vez de Lealtad a la Verdad




LEALTAD A LA ESTRUCTURA EN VEZ DE LEALTAD A LA VERDAD

Sistemas sofisticados de engaño están disponibles para los jesuitas como los desarro-llados por el católico Dzerzhinsky, fundador de la temible policía CHECA y precursor del NKVD y la KGB en Rusia. Este sistema fue “ideado y perfeccionado para obtener el consentimiento de los que están siendo engañados” (The Keys of This Blood, p. 219).

Roma utiliza efectivamente a especialistas en distorsionar la verdad, para hacer fracasar todo intento efectuado para descubrir su conspiración. Mientras disminuye el amor por la verdad y la mundanalidad y doctrinas falsas invaden la iglesia, la lealtad a la estructura de la iglesia suplanta la lealtad a la verdad. 

Esa estructura es vulnerable para muchos. Quedan pocos que quieren o que les importa distinguir entre la verdad y el error. La salvación llega a ser una cuestión de obediencia a la jerarquía.

Un dogma de la orden jesuita declara que si la iglesia dice que el negro es blanco, a la sazón negro es blanco. Al seguir este principio, multitudes están promoviendo inconscientemente la absorción del adventismo por Roma.

La medalla otorgada al Papa, entregada por uno que es ahora el director del Departamento de Libertad Religiosa; el dogma católico romano; el rechazo de los oficiales de la Asociación General del libro El conflicto de los siglos y la posición de las Escrituras en cuanto al Papado y el affidávit jurado de la Asociación General en el caso del pleito contra Marikay McCleod en el cual la Asociación General declaró que la ex postura anticatólica de la iglesia ha sido arrojada al montón de basura de la historia; los  artículos de Indianapolis Star [La estrella de Indianápolis] del 13 y 14 de julio de 1990, en el cual los representantes de la Asociación General declaran que un folleto que contiene la posición de El conflicto de los siglos en cuanto a Roma, es basura. Y que unos pocos todavía se adhieren a él como una espina en la carne. El documento BRI:

“Una apelación para la Unidad de la Iglesia” (p. 5) que declara que la iglesia mundial jamás ha considerado que las doctrinas de la naturaleza de Cristo, la naturaleza del pecado y la doctrina de la justificación por la fe en el marco del tiempo del fin, son esenciales para la salvación; el emplear a católicos romanos en nuestras instituciones...  todos apuntan a la eficacia de la interacción de las fuerzas de la mundanalidad y de la propaganda, influencia, propósitos y política de Roma dentro de nuestra iglesia. Su gran propósito es absorber al adventismo y a todas las otras creencias hacia el redil de Roma.

“Habrá espíritus seductores y doctrinas de demonios en medio de la iglesia, y estas malas influencias aumentarán. Pero mantén tu confianza firme hasta el fin...” (Alza tus ojos, p. 166).

“Cuando estos engaños espiritistas se manifiesten como lo que realmente son, es a saber, la obra misteriosa de los malos espíritus, los que hayan tomado parte en ellos serán como hombres que han perdido el juicio” (Cada día con Dios, p. 313).

“Todos necesitan sabiduría para investigar cuidadosamente el misterio de iniquidad que figura en forma tan destacada en las postrimerías de la historia de esta tierra... En el tiempo mismo en que vivimos, el Señor ha llamado a su pueblo y le ha dado un mensaje para presentar. Lo ha llamado a exponer la maldad del hombre de pecado, que ha hecho que la ley del domingo un poder distintivo, que ha pensado en cambiar los tiempos y la ley, y ha oprimido al pueblo de Dios que se mantiene firme para honrarlo y guardar el único verdadero día de reposo, el sábado de la creación, como santo para el Señor” (Testimonios para los ministros, p. 115).

“Las persecuciones de los protestantes por parte del catolicismo, debido a las cuales la religión de Jesús fue casi aniquilada, serán más que imitadas cuando se unan el protestantismo y el papado” (Eventos de los últimos días, p. 151).

Roma organiza su trampa con consumada habilidad. Un mundo a quien ella llevó a la celebración, pronto sentirá el puño de una furibunda inquisición más encarnizada que la de la Edad de las tinieblas.

Los documentos del Vaticano II divulgan la estrategia de Roma de usar un servicio universal de celebración para asimilar a todas las iglesias a su redil. El pueblo de Dios está frente a una encrucijada. ¿Obedecerá a Dios y disfrutará la resplandeciente libertad eterna o seguirá a Roma a la esclavitud y a la muerte eterna? Son de Dios solamente si le obedecen y se visten con la justicia de Cristo purificando sus almas en obediencia a la verdad.

“La Palabra de Dios ha dado advertencias respecto a tan inminente peligro; descuide estos avisos y el mundo protestante sabrá cuáles son los verdaderos propósitos de Roma, pero ya será tarde para salir de la trampa. Roma está aumentando sigilosamente su  poder. Sus doctrinas están ejerciendo su influencia en las cámaras legislativas, en las Iglesias y en los corazones de los hombres. Ya está levantando sus soberbios e imponentes edificios en cuyos secretos recintos reanudará sus antiguas persecuciones. Está acumulando ocultamente sus fuerzas y sin despertar sospechas para alcanzar sus propios fines y para dar el golpe en su debido tiempo. Todo lo que Roma desea es asegurarse alguna ventaja, y ésta ya le ha sido concedida. Pronto veremos y palparemos los propósitos del romanismo. Cualquiera que crea u obedezca a la Palabra de Dios incurrirá en oprobio y persecución” (Seguridad y paz en el conflicto de los siglos, p. 639).



Fuente

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Thursday, October 11, 2012

El papa pide que se apoye en el Vaticano II para anunciar de nuevo a Cristo




El papa Benedicto XVI saluda a los fieles / EFE



El papa Ratzinger dijo que el supremo interés del Vaticano II fue que "el sagrado depósito de la doctrina cristiana sea custodiado y enseñado de forma cada vez más eficaz"


EFE

11 DE OCTUBRE 2012 - 05:02 AM


El papa dijo que es necesario que se reavive en la Iglesia el mismo anhelo que hubo durante el Vaticano II de anunciar a Cristo al hombre de hoy, pero que "para que no se quede en un ideal ni se caiga en la confusión" es necesario apoyarse en los documentos salidos del concilio.

Benedicto XVI así lo manifestó en la homilía de la misa solemne que oficia en la plaza de San Pedro del Vaticano en la apertura del Año de la Fe, jornada en la que se cumple el 50 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II.

El papa Ratzinger dijo que el supremo interés del Vaticano II fue que "el sagrado depósito de la doctrina cristiana sea custodiado y enseñado de forma cada vez más eficaz".

Recordó que él asistió y que durante el evento "había una emocionante tensión con relación a la tarea común de hacer resplandecer la verdad y la belleza de la fe" en su tiempo, "sin sacrificarla a las exigencias del presente ni encadenarla al pasado".

"Por ello considero que lo más importante es que se reavive en la Iglesia aquella tensión positiva, aquel anhelo de volver a anunciar a Cristo al hombre contemporáneo. Pero, con el fin de que este impulso interior a la nueva evangelización no se quede solamente en un ideal, ni caiga en la confusión, es necesario que se apoye en una base concreta y precisa, que son los documentos del Concilio", dijo.

El Obispo de Roma señaló que el Año de la Fe que hoy comienza y se prolongará hasta noviembre de 2013 está vinculado "coherentemente" con todo el camino de la Iglesia en los últimos 50 años.

"Si hoy la Iglesia propone un nuevo Año de la Fe y la nueva evangelización es porque hay necesidad, todavía más que hace 50 años y la respuesta que hay que dar a esta necesidad es la misma que quisieron dar los papas y los padres del Concilio, y que está contenida en sus documentos", señaló el papa en su defensa del Vaticano II.

Benedicto XVI agregó que en estos años ha aumentado la "desertización espiritual" y que si ya en tiempos del Concilio se podía saber, "por algunas trágicas páginas de la historia (en velada referencia al nazismo y el comunismo) lo que significa un mundo sin Dios, ahora -añadió- lamentablemente lo vemos cada día a nuestro alrededor. Se ha difundido el vacío".


Fuente

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Thursday, October 4, 2012

El papa proclama el Año de la Fe por el 50º aniversario del Concilio Vaticano II



.AFP - ‎hace 11 horas‎


CIUDAD DEL VATICANO — El papa Benedicto XVI celebrará el 50º aniversario del Concilio Vaticano II, una ruptura histórica en la historia de de dos mil años de cristianismo, y tratará de dar un nuevo impulso a la iglesia con el lanzamiento del Año de la Fe.


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Monday, April 2, 2012

Catolicismo pluralista ante la pluralidad



por Juan D. Galaz |Publicado el 27 marzo, 2012



La manera que hoy tenemos de comprender y valorar la pluralidad, ha sido elaborada a partir del pensamiento moderno. En lo central, afirmamos que donde hay una comunidad de personas libres, necesariamente hay diversidad. Desde este paradigma, aspiramos formar una comunidad donde las personas puedan realizar proyectos vitales según sus propias convicciones, de manera tal que ni la comunidad ni la libertad se destruyan en ese proceso. Con ese desafío vamos caminando.

Como la mayoría de los frutos de la modernidad, la pluralidad comenzó a ser abordada sistemáticamente por el magisterio católico en el Concilio Vaticano II. Después de siglos ejerciendo hegemonía cultural sobre Occidente, tendiendo a uniformar doctrinas y prácticas, los documentos conciliares ofrecen una renovada comprensión de la diversidad. Como se mostrará, la superación de los axiomas “el error no tiene derechos” y “fuera de la iglesia no hay salvación”, ofrece una mirada actualizada, cuya base es reconocer la posible verdad de aquellos que piensan y viven de manera diferente a lo planteado por la Iglesia. Comprendido así, tenemos una invitación a la convivencia en cooperación y al reconocimiento recíproco, algo elemental para la justicia y la paz social en nuestro tiempo.

El primer axioma (el error no tiene derechos) fue utilizado en los estados católicos con dos finalidades principales: justificar la prohibición de reconocer tradiciones religiosas no admitidas por el Vaticano e impedir que se dicten normas contrarias a su magisterio. Aquello opuesto al planteamiento eclesial, por tanto errado, no podía ser adoptado en un Estado como norma. Aún cuando el progresivo reconocimiento de las libertades de conciencia y culto desde el siglo XVII debilitó este axioma, y la instalación de estados laicos y la Declaración Universal de Derechos Humanos en el siglo XX lo dejaron prácticamente sin aplicación, la discusión en torno a él no fue pacífica.

La redacción de Dignitatis Humanae Personae[1] (1965), declaración del Concilio Vaticano II que trata el tema, fue realizada en medio de airadas discusiones de aula (con destacada participación del Cardenal Raúl Silva Henríquez[2] a favor de las libertades), gruesos artículos de prensa y muchos diálogos “de pasillo”. En él “se peleaba cada coma”, pues lo que estaba en juego excede por mucho el ámbito formal. Su contenido no trata ni de tranzar con algo que íntimamente se sigue considerando un error, ni de ofrecer una adecuada resignación democrática que tolera la palabra ajena. Al contrario, su superación[3] se basa en la auténtica convicción de que en otras tradiciones religiosas (y doctrinas) hay “un destello de aquella verdad que ilumina a todos los hombres”[4] que merece ser respetado y oído. Para efectos teológicos, representa la superación del segundo axioma: puede haber verdad fuera de la Iglesia Católica y con ello salvación.

Para quien participe o tenga cierta familiaridad con la vida eclesial y sus términos, notará que reconocer la posibilidad de salvación extra-eclesial significa un gesto de humildad institucional a favor del Misterio de Dios y las experiencias que nos permiten vivirlo. Se podría decir que, aunque generalmente necesaria, existen condiciones en que su institucionalidad no es imprescindible. Para el lector no informado en estos temas, baste señalar que la salvación es aquel atributo inherente a Dios y que dona gratuitamente de sí para la plenitud de sus creaturas. Su efecto actual es cierta alegría que hace libre para amar (preferentemente a los que sufren) y participar de la vida eterna. De lo dicho, es evidente que admitir que no se posee el monopolio para la administración de semejante promesa, luego de haberla detentado (al menos en el discurso) por más de mil años, es propiamente una revolución.

Decir que Dios es el que salva sin perjuicio de la mediación institucional, significa aceptar que en otros modos de creer, otras doctrinas filosóficas o morales que buscan la plenitud humana, hay un camino de salvación para quienes las viven honestamente. Significa también que “no se salva, en cambio, el que no permanece en el amor, aunque esté incorporado a la Iglesia, pues está en el seno de la Iglesia con el cuerpo, pero no con el corazón (Lumen Gentium 14)”.

En este cambio de mirada nace el pluralismo ante la pluralidad, es decir, la valoración positiva de la diversidad como disposición para habitarla. En términos prácticos significa declarar que la diversidad es una oportunidad de crecimiento recíproco y no una amenaza, donde el depósito de humanidad contenido en nuestra Tradición se ofrece como un regalo y no como razón para la violencia o discriminación. Significa que el modo de relacionarse es a partir del diálogo respetuoso y no de la condena anticipada, asumiendo que nuestras afirmaciones son parciales y situadas, por tanto susceptibles de ser corregidas cuando nos abrimos a la verdad que el otro tiene para mostrarnos. Igualmente, nos recuerda que nosotros no predicamos a la doctrina de la Iglesia, sino que compartimos la experiencia de Dios en ella conservada. Somos seducidos por el encuentro, antes que por su sistematización teológica.

Lo anterior adquiere su sentido total, de manera urgente y necesaria, en la invitación a colaborar con todos aquellos que, sin creer o creyendo de manera diferente, quieren construir un mundo de mayor humanidad en la justicia y la paz. Al final, nuestras convicciones solo se van a conocer por la comunidad que construyamos desde ellas.




Friday, December 2, 2011

Desde el Vaticano, indicaciones firmes sobre el Concilio

12/ 1/2011


El Concilio Vaticano II

“L’Osservatore Romano” publica un artículo del vicario general del Opus Dei, que participó en el diálogo doctrinal con los lefebvrianos. Responde a las objeciones de la Fraternidad San Pío X
Andrea Tornielli
Ciudad DEL VATICANO

El Concilio Vaticano II no ha definido dogmas nuevos, y, aunque ha sido un concilio “pastoral” no quiere decir que no haya sido doctrinal. Lo explica el teólogo Fernando Ocáriz (vicario general del Opus Dei, además de miembro de la delegación vaticana que protagonizó el diálogo con la Fraternidad San Pío X) en un artículo publicado por “L’Osservatore Romano”. La reflexión de Ocáriz, titulada “Sobre la adhesión al concilio Vaticano II”, fue publicada en diferentes lenguas y se puede consultar en el sitio web del periódico vaticano (www.osservatoreromano.va); su motivación es el quincuagésimo aniversario de la convocatoria de Juan XXIII para el gran eje ecuménico del 25 de diciembre de 1961.

Pero el autor no se limita a recordar las circunstancias de la convocatoria o los contenidosde la bula relativa. Responde, en cambio, a toda una serie de objeciones que han caracterizado el debate sobre la recepción del Concilio en los últimos tiempos: desde las de los lefebvrianor, que consideran que el Vaticano II representa un alejamiento de la plurisecular tradición católica, a las que han presentado historiadores y teólogos que comparten ciertos puntos de vista con los tradicionalistas, como Roberto de Mattei (autor de una Historia del Concilio Vaticano II, visto desde la derecha) o monseñor Brunero Gherardini (autor de otro libro titulado Concilio Vaticano II. Un discurso pendiente, que concluye con un mensaje al papa para que aclare cuàl es la correcta interpretación de ciertas páginas de los textos conciliares).

El artículo publicado por “L’Osservatore Romano”, mientras no esté relacionado de ninguna forma con la llegada inminente de la respuesta de la Fraternidad San Pío X a la Santa Sede con respecto a la propuesta de septiembre (que consiste en un “preámbulo doctrinal” que hay que suscribir), toca justamente la cuestión central que discuten los lefebvrianos con las autoridades vaticanas. Ocáriz precisa «la naturaleza de la debida adhesión intelectual a las enseñanzas del Concilio», dada «la «persistencia de perplejidades manifestadas, incluso en la opinión pública, en relación con la continuidad de algunas enseñanzas conciliares respecto a las precedentes enseñanzas del Magisterio de la Iglesia».

Sobre todo, el teólogo explica que «la intención pastoral del Concilio no significa que éste no sea doctrinal», pues «las perspectivas pastorales de hecho se basan en la doctrina, como no podría ser de otro modo» y la doctrina «es parte integrante de la pastoral».

De esta forma, se responde a la tesis que dice que el Vaticano II, al bo haber definido dogmas nuevos y al haber sido solo un concilio pastoral, tendría, por eso mismo, un valor menor. El hecho de que un «un acto del Magisterio de la Iglesia no se ejerza mediante el carisma de la infalibilidad no significa que pueda considerarse “falible” el sentido de que transmita una “doctrina provisional” o bien “opiniones autorizadas”». El Vaticano II, explica Ocáriz, tiene el carisma y la autoridad de todo el episcopado que se reunió con Pedro y bajo la autoridad de Pedro, «para enseñar a la Iglesia universal, sería negar algo de la esencia misma de la Iglesia».

En el artículo se también se explica que, «naturalmente no todas las afirmaciones contenidas en los documentos conciliares tienen el mismo valor doctrinal y por lo tanto no todas requieren el mismo grado de adhesión». Justamente, sobre los tres diferentes grados de adhesión a las doctrinas propuestas por el magisterio de la Iglesia, cita la “Professio Fidei”, la profesión de fe que se le exige a los que asumen un cargo eclesiástico. Y la “Professio fidei” tambié representa el alma del “preámbulo” que el Vaticano entregó a los lefebvrianos hace dos meses y medio.

En los documentos del Vaticano II hay, pues, afirmaciones que «recuerdan verdades de fe» y, por lo mismo, «requieren, obviamente, la adhesión de fe teologal», explica Ocáriz, de la misma maneran que «requieren un asentimiento pleno y definitivo las otras doctrinas recordadas por el Vaticano II que ya habían sido propuestas con acto definitivo por precedentes intervenciones magisteriales». Se trata, en estos dos primeros casos, de verdades contenidas en la revelación (se requiere la adhesión de fe) o establecidas definitivamente por la Iglesia (se requiere un adhesión completa y definitiva).

En cuanto a las demás enseñanzas conciliares, explica el artículo de “L’Osservatore Romano”, « requieren de los fieles el grado de adhesión denominado “religioso asentimiento de la voluntad y de la inteligencia”. Un asentimiento “religioso”, por lo tanto no fundado en motivaciones puramente racionales», que más que ser un acto de fe es un acto de «obediencia no sencillamente disciplinaria, mas enraizada en la confianza en la asistencia divina al Magisterio». En los textos del magisterio, y también en los del Vaticano II, «puede haber también elementos no propiamente doctrinales, de naturaleza más o menos circunstancial (descripciones del estado de las sociedades, sugerencias, exhortaciones, etc.). Tales elementos deben acogerse con respeto y gratitud, pero no requieren una adhesión intelectual en sentido propio».

El artículo subraya que la característica «esencial» del magisterio es su «continuidad y homogeneidad» en el tiempo, pero esta continuidad «no significa ausencia de desarrollo; la Iglesia, a lo largo de los siglos, progresa en el conocimiento, en la profundización y en la consiguiente enseñanza magisterial de la fe y moral católica».

Ocáriz explica que en el Vaticano II «hubo varias novedades de orden doctrinal: sobre la sacramentalidad del episcopado, sobre la colegialidad episcopal, sobre la libertad religiosa, etc.». Algunas de ellas, reconoce el autor, «fueron y siguen siendo objeto de controversias sobre su continuidad con el Magisterio precedente, o bien sobre su compatibilidad con la Tradición», a pesar de que requieran el obsequio de la voluntad y del intelecto. Se sabe que justamente la libertad religiosa, es decir el contenido de la declaración Dignitatis humanae, en la que se afirma que todos los seres humanos tienen derecho a un espacio de inmunidad en relación con sus convicciones religiosas y que tienen derecho a que no se les impida seguirlas ni que se les obligue seguir otras, es considerada por los lefebvrianos como uno de los puntos e mayor ruptura con la tradición precedente.

Ocáriz, al respecto, precisa que no solo el magisterio más reciente hay que interpretarlo bajo esta óptica. También el magisterio más antiguo se debe leer con la misma clave. «No sólo hay que interpretar el Vaticano II –se lee en el artículo de “LOsservatore Romano”– a la luz de documentos magisteriales precedentes, sino que también algunos de éstos se comprenden mejor a la luz del Vaticano II. Ello no representa ninguna novedad en la historia de la Iglesia. Recuérdese, por ejemplo, que nociones importantes en la formulación de la fe trinitaria y cristológica (hypóstasis, ousía) empleadas en el Concilio I de Nicea se precisaron mucho en su significado por los Concilios posteriores».

Con respecto al magisterio, concluye el teólogo, «siguen siendo espacios legítimos de libertad teológica para explicar de uno u otro modo la no contradicción con la Tradición de algunas formulaciones presentes en los textos conciliares y, por ello, para explicar el significado mismo de algunas expresiones contenidas en esas partes». La libertad de discutir, la libertad de profundizar, incluso «aunque permanecieran aspectos racionalmente no comprendidos del todo». Pero el Concilio, en su conjunto, y sus enseñanzas, que son el “fil-rouge” de todo el artículo, no pueden hacerse a un lado o convertirse en objeto de críticas corrosivas como si se tratara tan solo de simples opiniones.

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Monday, October 10, 2011

Editorial: El lugar de los laicos en la Iglesia


Nº 2375 » OCTUBRE 2011
por Consejo de redacción

El legítimo pluralismo, la práctica del discernimiento y una conciencia formada son temas ineludibles toda vez que se reflexiona sobre los laicos en el ámbito eclesial.A medio siglo del extraordinario Concilio Vaticano II (1959-1965), convocado por Juan XXIII y llevado a término por Pablo VI, el tema de los laicos sigue siendo una cuestión de debate en el ámbito católico. El lugar de los laicos en la Iglesia no se define hoy negativamente (quienes no son clérigos) sino, ante todo, de un modo positivo. “A los laicos –se afirma en la constitución dogmática Lumen gentium– pertenece por propia vocación buscar el reino de Dios, tratando y ordenando según Dios los asuntos temporales”. La consagración del mundo a través de su actividad es entonces la vocación propia de los laicos, su competencia originaria, es decir, no delegada por la jerarquía eclesiástica, sino surgida directamente de su condición de bautizados.


Pero el hecho de que los laicos actúen en el mundo inspirados por la misma fe, no necesariamente se traduce en uniformidad en el nivel de las opciones prácticas. En efecto, la fe única puede llevar a visiones y compromisos diferentes. La actuación de los laicos da lugar, por lo tanto, a un legítimo pluralismo, análogo al de la sociedad civil democrática, aunque con un factor de unidad mucho más consistente, constituido por la comunión en la fe y la enseñanza de la Iglesia.
Para ello debe poseer una “conciencia formada” que le permita ver y juzgar la realidad a la luz del evangelio, de la enseñanza de la Iglesia y de la propia experiencia de vida cristiana. Pero también debe contar con un componente cognoscitivo que es específico de su misión: su competencia “profesional”, su conocimiento y pericia en el ámbito de las ciencias humanas. Este conocimiento tiene un carácter insustituible: no puede ser soslayado ni suplido por la fe, respecto de la cual goza de una “legítima autonomía”, como recuerda la constitución pastoral Gaudium et spes.

La jerarquía de la Iglesia, por su parte, tiene en el ámbito de las realidades temporales, y específicamente en el de la acción social y política, un rol principalmente “indirecto”, que consiste en iluminar la conciencia de los fieles con la luz del evangelio, para permitirles desempeñar adecuadamente su propia vocación, integrando en una síntesis coherente la fe y la acción en el mundo. Sólo excepcionalmente y a título de suplencia los pastores pueden asumir dicha acción de modo directo.

Sin embargo, en la relación entre carismas y funciones de los laicos y de los pastores, surgen distintos problemas. En la línea de lo ya expresado, una dificultad de los pastores es confundir a veces la iluminación de la conciencia de los fieles con la inculcación de directivas unívocas, que excluyen de antemano todo espacio para el discernimiento y la pluralidad de opciones. La formación se acerca así peligrosamente al adoctrinamiento.

Los laicos, por su parte, a veces se tornan demasiado dependientes de la jerarquía si carecen de una conciencia clara de la propia vocación y responsabilidad. En este sentido, ya los exhortaba el Concilio Vaticano II: “(los laicos) no piensen que sus pastores están siempre en condiciones de poder darles inmediatamente solución concreta en todas las cuestiones, aun graves, que surjan. No es ésta su misión. Cumplen más bien los laicos su propia función con la luz de la sabiduría cristiana y con la observancia atenta de la doctrina del Magisterio” (Gaudiun et spes).

Ambas situaciones (adoctrinamiento y dependencia) ilustran, por contraste, la necesidad de un laicado maduro, cuya capacidad de discernimiento sea permanentemente estimulada y respetada por sus pastores. Sólo así podrán dejarse atrás los vestigios preconciliares de la “sociedad desigual y jerárquica” y avanzar, en la línea del Concilio, hacia una nueva visibilización de la Iglesia como Pueblo de Dios.

¿Cómo se orienta el laico en ese marco plural en el cual raramente existe una “opción cristiana” única? Pablo VI responde a este interrogante en su carta apostólica Octogesima adveniens, dando un lugar central al tema del “discernimiento”. Es el laico mismo, en ejercicio de su responsabilidad como bautizado, quien debe practicar un prudente discernimiento acerca de la coherencia de las distintas opciones posibles con su compromiso de fe.

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Monday, May 16, 2011

La falacia del obispo Munilla


ELMERCURIODIGITAL
14.5.11

Por Rafael Fernando Navarro

Ciertos Obispos sufren una distorsión en su mapa neuronal. Creyéndose depositarios de la verdad universal, tanto religiosa como científica, ponen en evidencia esta distorsión cuando explícitamente exponen términos distintos haciéndolos aparecer como idénticos. Cuando esto se hace deliberadamente, tenemos que hablar de mala voluntad, porque pretenden que el oyente perciba como idéntico lo que el orador sabe expresamente que es desigual.

El Obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, lo ha dicho en una conferencia en la tribuna de Nueva Economía: “El laicismo -ha explicado- parte del supuesto de que la vida religiosa es una sensibilidad privada y de que al poder político le corresponde configurar una conciencia moral. Nosotros -ha añadido- asumimos una laicidad sana, pero no un laicismo anticlerical”. Ningún teólogo define hoy el laicismo como lo hace el Obispo Munilla. El Obispo tiene una visión pobre y falsa del laicismo. O mejor dicho, trata de dar esa visión empobrecida para reforzar su defensa de la religiosidad. En realidad, nada tiene que ver con la reducción de la religiosidad a la sensibilidad privada. Pero no es el fin de este artículo ahondar en las raíces del laicismo como liberación de un destino impuesto desde fuera por voluntad de unos dioses antropomorficamente concebidos.

“El culpable de todos estos males, según Munilla, es el “laicismo anticristiano”. Aquí aparece la engañosa identificación, intencionadamente buscada, para que como tal sea entendida y asimilada por el oyente. ¿Es lo mismo anticristianismo que anticlericalismo? Evidentemente no. Queda clara la estafa verbal de Monseñor que quiere sin duda que se identifiquen dos términos que nada tienen que ver entre sí. Las castas sacerdotales siempre han necesitado de lo sagrado en todas las religiones, lo cual no significa que lo sagrado necesite de castas sacerdotales. Por lo menos en el cristianismo. Jesús no fue ni de estirpe sacerdotal ni real. Fue ante todo un profeta de su tiempo, un testigo de su mundo. Por eso los poderes del momento quisieron terminar con la denuncia profética que evidenciaba el dominio absoluto de los de arriba y animaba a darle la vuelta a la historia. Estorbaba, como Mons. Romero, como Helder Cámara, como Casaldáliga, como Jon Sobrino y compañeros.

La Iglesia católica actual se cimenta sobre el clero, despreciando el Concilio Vaticano II que la definió como pueblo de Dios. Regresa a su cómoda y dominante visión clerical. Y los dos grandes responsables de esta marcha atrás son Juan Pablo II y Benedicto XVI.

He leído a muchos que están en desacuerdo con la beatificación de Juan Pablo II. Pero fundamentan su postura en temas de pederastia. Y tienen ciertamente razón. La Jerarquía no puede volver la vista ante semejantes crímenes. Pero he observado que pocos son los articulistas que nieguen la beatificación basándose en su actitud de volverle la espalda al Vaticano II convocado, según Juan XXIII, por inspiración del Espíritu. El pecado contra el amor es el único que no tiene perdón.

El Obispo Munilla falsifica la realidad. Si hay un anticlericalismo, ¿no deberían los Obispos junto al clero sacar a flote con absoluta sinceridad sus causas? Sin acudir al laicismo ni a falsas persecuciones que ciertamente no se dan. Desnudarse conlleva la visión real de uno mismo y la aceptación gozosa del misterio que somos.


Fuente: http://www.elmercuriodigital.net/2011/05/la-falacia-del-obispo-munilla.html
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Wednesday, December 9, 2009

Biografía no autorizada del Vaticano

* La teocracia suele ser un poder incluso más hegemónico que el político, porque proclama recurrentemente su autoridad espiritual y moral, lo que le permite construir consensos, arrogarse liderazgos y manipular conciencias y voluntades.

HUGO ACEVEDO



En "Biografía no autorizada del Vaticano", el escritor y periodista español Santiago Camacho construye una extensa investigación histórica, que denuncia prácticas de corrupción económica, negocios con la mafia, alianzas estratégicas con gobiernos autoritarios, diplomacia oculta y hasta aberrantes crímenes.

En este trabajo de más de trescientas páginas, el autor evoca el origen del Vaticano, que tras el estrepitoso derrumbe de los Estados Pontificios, quedó al borde del colapso financiero.

Camacho asume una prolija reconstrucción de la historia de la Iglesia Católica Apostólica Romana, desde sus ya lejanos orígenes hasta la actualidad.

En ese contexto, el pesquisante denuncia la sistemática falsificación de documentos perpetrados por los actores de la religión occidental dominante, con el propósito de legitimar la autoridad papal, la represión contra los disidentes y las atrocidades cometidas por la inquisición.

No obstante, el escritor se detiene particularmente en el pacto celebrado con la dictadura de Benito Mussolini, cuando el 11 de febrero de 1929, el Papa Pío XI firmó el Tratado de Letrán.

Este acuerdo consagró el estatus de El Vaticano como estado soberano, la restitución de bienes y propiedades y el otorgamiento de importantes dádivas del gobierno autoritario de la época.

A cambio de tantos favores, la Iglesia desistió de condenar los atropellos del régimen y acordó una soterrada alianza estratégica con el fascismo para combatir a la izquierda.

En el curso de su minuciosa investigación, el periodista español denuncia el vertiginoso crecimiento del imperio financiero del Vaticano, afirmando que la Santa Sede no dudó en participar en negocios clandestinos, prácticas de usura y hasta financiar la industria armamentista.

El escritor reconstruye el oscuro entramado de negociaciones secretas, que permitieron un acercamiento entre la Iglesia y la Alemania nazi, a través del Arzobispo Eugenio Pacelli, que luego fue ungido como Papa Pío XII.

El autor construye la compleja red de poder e influencias que se movilizaban por entonces en los territorios del Vaticano, que creció considerablemente durante el papado de Pío XII, uno de los pontífices más controvertidos de la historia de la institución.

En ese contexto, alude a los negocios secretos de su extenso sistema financiero, que poseía tres entidades bancarias en un minúsculo Estado de menos de mil habitantes.

Santiago Camacho recuerda también el poco conocido asesinato de más de medio millón de serbios, judíos y gitanos durante la Segunda Guerra Mundial en Croacia, por parte de un gobierno dictatorial procatólico y aliado a los nazis.

En esa aberrante experiencia de "limpieza étnica" casi ignorada por la memoria colectiva, tomaron parte numerosos sacerdotes, que llegaron incluso a dirigir campos de exterminio.

El autor afina su artillería, al denunciar la participación del Vaticano en la fuga de criminales de guerra nazis hacia América del Sur, entre ellos connotados asesinos y torturadores.

Corroborando su propósito de esclarecer la verdad mediante pruebas irrefutables, Camacho revela el nuevo pacto de posguerra entre El Vaticano y los Estados Unidos, con el propósito de detener al avance del otrora poderoso Partido Comunista Italiano.

En el marco de dicho operativo, millones de dólares procedentes de Washington fueron a parar a las cuentas bancarias vaticanas, a los efectos de financiar la reconstrucción de la agonizante Italia y la actividad del Partido Demócrata Cristiano.

Mientras tanto, desde los púlpitos de las iglesias, los sacerdotes demonizaban a la izquierda, con el propósito de desalentar e intimidar a los votantes.

Según Camacho, por entonces, para proteger sus cuantiosos intereses, El Vaticano no dudó en aliarse con connotados financistas de la mafia.

La Iglesia jugó un rol preponderante en la construcción del nuevo mapa político italiano, luego de la caída de la dictadura fascista y el comienzo del proceso de restauración.

En esta extensa cronología analítica, el investigador indaga en el breve pero crucial papado de Juan XXIII, que fue elegido en el curso de una compleja votación, en la que los sectores ultra conservadores fracasaron en su intento de cerrarle el camino al pontífice progresista.

Sin embargo, su prematura muerte dejó inconclusa la ardua tarea de transformar radicalmente las estructuras de la Iglesia Católica, aunque el legado del histórico II Concilio Vaticano tuvo una amplia repercusión mundial.

El insinuante acercamiento con el bloque socialista recurrentemente demonizado por el Vaticano y el Evangelio social proclamado por Juan XXIII, fueron ­con el tiempo- barridos literalmente por el poder de los dogmáticos.

El periodista transita luego los laberínticos territorios del poder financiero, al narrar la historia de Michele Sindona, el hábil banquero que controlaba los negocios de la mafia, que fue contratado por la Iglesia Católica para "poner la casa en orden".

Las maniobras de este inescrupuloso operador y empresario sorprenden por su audacia y frialdad. Creó su vasto imperio económico que trascendió fronteras, merced a sus estrechos vínculos con poderosas organizaciones del hampa norteamericana.

Camacho revela, sin eufemismos, un pestilente entramado de negocios turbios, que desnudan la doble moral del Vaticano. La contundencia y exactitud de las pruebas aportadas no dejan margen para la duda sobre la veracidad de las acusaciones.

En efecto, el autor aporta fechas, nombres de personas e instituciones financieras y minuciosos detalles sobre las operaciones, todo lo que avala el carácter inapelable de las graves imputaciones.

El pontificado de Pablo VI estuvo impregnado de una sórdida aureola de sospecha de corrupción y prácticas ilegales, que luego fueron plenamente confirmadas.

El autor no escatima artillería pesada, al denunciar el nuevo derrumbe de las finanzas vaticanas a comienzos de la década del setenta, cuando el tendal de fraudes y estafas dejado por el banquero Michele Sindona fue puesto al descubierto.

Lo que pareció inicialmente un buen negocio resultó ser un desastre de descomunales proporciones, cuando la quiebra del inmoral banquero provocó un efecto dominó que hirió de muerte a las habitualmente opulentas arcas eclesiales.

En el curso de este trabajo, Santiago Camacho otorga particular relevancia al efímero papado de Albino Luciani, ungido como Juan Pablo I, quien falleció misteriosamente apenas treinta y tres días después de haber accedido al trono de Pedro.

Fue un Papa humanista que aspiraba a restituir la ética solidaria y el compromiso social de la Iglesia, que había iniciado un gran operativo para terminar con la corrupción en El Vaticano.

Luciani enfrentó a las poderosas fuerzas de la mafia y a sus personeros. Su sorpresiva muerte fue catalogada como de altamente sospechosa por estar rodeada de oscuros entretelones, como la desaparición de documentos vitales para una eventual investigación y el rápido embalsamamiento del cadáver, lo que impidió toda posible autopsia.

El relato releva también minuciosamente el extenso y controvertido pontificando del polaco Karol Wojtyla, Juan Pablo II, quien restableció plenamente el perfil conservador de la Iglesia.

El primer tramo de su papado coincidió con la quiebra del Banco Ambrosiano, institución financiera que, con la pantalla del Vaticano, financiaba actividades fraudulentas de la mafia y la logia Propaganda II, lavado de dinero, tráfico de armas y hasta escuadrones de la muerte que operaban en América Latina.

Sugestivamente, parte del dinero contribuyó a solventar la actividad del sindicato polaco Solidaridad, brazo gremial de la oposición política al gobierno comunista y aliado estratégico del propio Papa.

El último capítulo de este libro ­que contiene información bastante más conocida- está íntegramente dedicado a los escándalos de abuso sexual y pedofilia cometidos por miembros de la Iglesia Católica, las prácticas inmorales y aberrantes y la encubierta compra de silencios.

"Biografía no autorizada del Vaticano" es una investigación tan extensa como reveladora, que transita a través de casi un siglo de historia de la Iglesia Católica, así como la actuación de seis pontífices.

Las denuncias contenidas en este libro desnudan oscuros entramamos de poder, luchas intestinas e impactantes casos de corrupción, corroborados por incontrastables pruebas documentales.

La obra, que está narrada con rigor y acento crítico, convoca a la reflexión en torno a la doble moral de una institución que se ha autoproclamado recurrentemente como un referente ético.

(Mr. Ediciones)


Fuente:
http://www.larepublica.com.uy/cultura/194500-biografia-no-autorizada-del-vaticano
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Tuesday, September 29, 2009

El Papa a los sacerdotes: usad los medios de comunicación


ZS09092901 - 29-09-2009
Permalink: http://www.zenit.org/article-32648?l=spanish

El Papa a los sacerdotes: usad los medios de comunicación


Tema para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2010


CIUDAD DEL VATICANO, martes 29 de septiembre de 2009 (ZENIT.org).- “El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la palabra” es el tema escogido por Benedicto XVI para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de 2010.

El Mensaje para la Jornada Mundial de la 44ª de las Comunicaciones Sociales se dirige especialmente a los sacerdotes, en este Año Sacerdotal y tras la celebración de la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.

Les invita a “considerar los nuevos medios como un poderoso recurso para su ministerio al servicio de la Palabra y quiere dirigir una palabra de aliento para afrontar los retos derivados de la nueva cultura digital”.

Así lo señala un comunicado del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales que anuncia el tema de la próxima Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, publicado por la Oficina de Información de la Santa Sede este martes 29 de septiembre, fiesta de los arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel.

“Si los nuevos medios se conocen y valoran adecuadamente, pueden ofrecer a los sacerdotes y a todos los agentes de pastoral una riqueza de datos y contenidos que antes eran de difícil acceso, y facilitan formas de colaboración y de crecimiento de comunión impensables en el pasado”, explica el Consejo Pontificio.

El comunicado destaca que “gracias a los nuevos medios, los que predican y dan a conocer el Verbo de la vida pueden llegar, con palabras, sonidos e imágenes –verdadera y expresiva gramática expresiva de la cultura digital- a individuos y a comunidades enteras de todos los continentes”.

Ello permite “crear nuevos espacios de conocimiento y de diálogo y llegar a proponer y a realizar itinerarios de comunión”.

“Si se usan sabiamente, con la ayuda de expertos en tecnología y cultura de la comunicación, los nuevos medios pueden así convertirse para los sacerdotes y para todos los agentes de pastoral en un válido y eficaz instrumento de verdadera y profunda evangelización y comunión”, indica.

Y augura: “Serán una nueva forma de evangelización para que Cristo llegue lejos en los caminos de nuestras ciudades y, ante las puertas de nuestras casas, diga nuevamente: Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo”.

El comunicado también recuerda que “la responsabilidad principal del sacerdote es anunciar la Palabra de Dios hecha carne, hombre, historia, convirtiéndose así en signo de esa comunión que Dios realiza con el hombre”.

La eficacia de este ministerio requiere, por tanto, que el sacerdote viva una relación íntima con Dios, radicada en un amor profundo y en un conocimiento vivo de las Sagradas Escrituras, “testimonio” escrito de la Palabra divina.

En 2009, la anterior Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales ha estado dedicada al tema "Nuevas tecnologías, nuevas relaciones. Promover una cultura de respeto, de diálogo, de amistad".

En su mensaje para aquella ocasión, el Papa invitaba “a todos los que emplean las nuevas tecnologías de la comunicación, en especial los jóvenes, a utilizarlas de una manera positiva y a comprender el gran potencial de esos medios para construir lazos de amistad y solidaridad que pueden contribuir a un mundo mejor”.

La Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales es la única celebración mundial que convocó el Concilio Vaticano II, y se celebra en casi todos los países del mundo el domingo precedente a Pentecostés.