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Wednesday, October 26, 2016

Francisco, Venezuela y la carta jesuita: El inicio de la transición pacífica para evitar una guerra civil



Oct 25, 2016 6:11 pm


Publicado en: Actualidad, Nacionales





La intervención del Papa Francisco en la crisis venezolana, oficializada a partir de la audiencia concedida el lunes al presidente Nicolás Maduro, veinticuatro horas antes de que la Asamblea Legislativa, dominada por la oposición, resolviese la apertura del juicio político contra el primer mandatario, es cualquier cosa menos una causalidad. Responde a una estrategia orientada a encontrar una fórmula que garantice una transición pacífica, evite una tragedia humanitaria y avente el peligro de una guerra civil.

Por Pascual Albanese, publicado originalmente en Infobae

Importa subrayar que Francisco es el primer Papa latinoamericano de la Historia, pero también el primer Papa jesuita. Por primera vez fue elegido un Sumo Pontífice no europeo. Desde marzo de 2013 la responsabilidad de la conducción de la Iglesia Católica se traslada a América Latina, la región con mayor número de católicos del mundo. Y es precisamente bajo el pontificado de este Papa latinoamericano y jesuita, que un sacerdote venezolano, Arturo Sosa Abascal, acaba de ser electo como el nuevo “Papa negro”, denominación con que suele caracterizarse al Superior General de la Compañía de Jesús. Es también la primera vez que el jefe de la orden fundada en 1540 por San Ignacio de Loyola no proviene de una nación del viejo continente sino que se trata de un latinoamericano, nacido en el país actualmente más convulsionado de toda América del Sur.


En la Iglesia puede haber misterios y milagros pero no casualidades. Lo importante es develar el enigma. Porque el nuevo Superior General de los jesuitas no es una personalidad desconocida en Venezuela. Es uno de los politólogos de mayor prestigio de su país, donde residió hasta hace dos años y desarrolló una intensa experiencia pastoral en las poblaciones pobres. En su primera conferencia de prensa concedida una vez electo, Sosa destacó que había dedicado la mayor parte de su vida académica a “comprender el proceso político venezolano y el papel de la Iglesia en él”.


Reveló asimismo que desde sus nuevas responsabilidades no olvida sus raíces. “Hay que construir puentes para el diálogo en Venezuela –recalcó-. En la coyuntura actual, los puentes hay que construirlos. Apenas se han puesto algunas bases para esa construcción”. Esa afirmación, días antes del la reunión del Papa con Maduro, anticipaba su voluntad de coadyuvar al éxito de la intervención del Vaticano, que fuera solicitada semanas atrás por la opositora Mesa de Unidad Democrática (MUD) y el propio gobierno de Caracas.


El nuevo padre General de los jesuitas, el llamado “papa negro”, el venezolano Arturo Sosa Abascal


La trayectoria de Sosa es reveladora de los cambios operados en la situación venezolana. En la actualidad, está considerado como un crítico de Maduro. En una orden signada por una férrea disciplina interna, es sugestivo que el jesuita colombiano Francisco de Roux, quien trabajó al lado de Sosa en defensa de los refugiados en la frontera entre sus dos países, haya salido rápidamente a aclarar la postura del Superior General: “Si bien es una persona de mucha avanzada, es contrario al ‘chavismo’, contrario a Maduro. Ha sido muy crítico, justamente porque considera que ese no es el camino para resolver las cosas”.


El comentario resultó oportuno, porque no siempre había sido así. En 1999, un año después de la elección de Chávez, en su carácter de Provincial de los jesuitas, Sosa apoyó su convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente. Expresó entonces que “el liderazgo personal que ha ejercido Hugo Chávez Frías en los últimos meses, por ausencia de liderazgos ciudadanos maduros, ha servido de muro de contención a las fuertes y crecientes corrientes impulsoras de la anomia y la anarquía en la sociedad venezolana”.


Con el transcurso de los años esa postura fue variando progresivamente, como ocurrió con la mayoría de los venezolanos. Hoy, su diagnóstico es muy preciso: “Estamos frente a un sistema de dominación, no frente a un sistema político que tiene legitimidad para funcionar tranquilamente”. “La propuesta chavista se autodenomina cívico-militar. Se reconoce que la forma militar es parte esencial del régimen. Si yo lo dijera, lo diría al revés, es un sistema militar-cívico, porque lo militar es más importante”, dice Sosa hoy.


La cultura del encuentro


Pero esa descripción crítica del régimen de Caracas, no implica un respaldo a la oposición. Con realismo, Sosa entiende que “no existe en Venezuela una alternativa política al chavismo; lo que existe es una oposición al régimen chavista, que une a todos aquéllos que por una razón o por otra están en contra del chavismo. Ninguna es una alternativa política que haga posible que esa fuerza social se convierta en gobierno”.


En una nada ingenua analogía, Sosa ensayó una comparación entre el camino necesario para superar la crisis en Venezuela y las negociaciones para poner fin a la guerra civil en Colombia. Puntualiza que “en Venezuela no hay un conflicto armado en las mismas condiciones, pero sí hay que hacer un proceso de reconciliación”.


En otros términos, Sosa estimaba conveniente reforzar la mediación internacional impulsada por la Unasur, una tarea a cargo de una comisión encabezada por el ex presidente colombiano Ernesto Samper y en la que ahora se involucra la diplomacia vaticana, que cuenta con la ventaja de que el actual Secretario de Estado de la Santa Sede, cardenal Pietro Paolo Parolin, antes de su designación por Francisco, era el Nuncio Apostólico en Caracas.


Este proceso está asociado con la reapertura del diálogo entre Estados Unidos y Cuba y con las tratativas de paz en Colombia, los dos acontecimientos centrales de la política latinoamericana de los últimos años, en los que se manifiesta el protagonismo de Francisco. Cuba, que agradece al Papa su intercesión ante Barack Obama, influyó sobre las FARC para la pacificación de Colombia y usa su ascendiente sobre Maduro para profundizar el diálogo en Venezuela.


Desde su nacimiento hace cinco siglos para resistir la embestida de la Reforma Protestante, la Compañía de Jesús, cuyos miembros se distinguen por su cuarto voto de obediencia al Papa, fue un instrumento de extraordinario valor para la Santa Sede. En esa historia no exenta de conflictos, que motivaron su disolución por Clemente XIV y su intervención por Juan Pablo II en 1981, la orden jugó siempre un rol de vanguardia política de la Iglesia.


Francisco, quien como sacerdote nunca mantuvo una relación idílica con la orden de la que fue Provincial en la Argentina de la década del 70, conoce bien su enorme potencialidad. No es extraño que su opinión haya incidido en la elección de Sosa Abascal, cuyas reflexiones sobre Venezuela están inspiradas en el espíritu de la “cultura del encuentro” preconizada por Francisco a escala global, que se refleja en la Argentina a través de los lazos que mantiene simultáneamente con el gobierno de Mauricio Macri y el peronismo en sus distintas expresiones. Es una paradoja cargada de sentido que el representante escogido por Francisco para asumir su representación en la mediación sea monseñor Emil Paul Tscherrig, actual Nuncio Apostólico en la Argentina.


Pascual Albanese: Vicepresidente del Instituto de Planeamiento Estratégico



Tuesday, October 11, 2016

Carta del Prelado (octubre de 2016)




"Se presenta de continuo el tiempo de abrirse en abanico para servir a más personas, también a quienes no tienen experiencia de la vida cristiana, o no tienen fe", dice el Prelado en su carta, con ocasión del 2 de octubre, un nuevo año en la historia del Opus Dei.

CARTAS PASTORALES1 de Octubre de 2016




Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Mañana celebramos, con la Iglesia y en la Iglesia, la conmemoración litúrgica de los Santos Ángeles Custodios, solemnidad en la Prelatura porque —en esa fecha de 1928— la Trinidad sembró en el alma y en el corazón de nuestro Fundador una semilla destinada a fructificar en millares y millares de gentes de toda lengua y nación. En repetidas ocasiones, san Josemaría comentó que siempre resonaban en su alma las campanas de la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, que hacían muy actual —hasta su tránsito al Cielo— el deber de hacer el Opus Dei con la fuerza del año 1928, y luego de 1930. Pido al Señor que cunda en nuestra conducta esa misma responsabilidad, porque cada una y cada uno es la continuidad.

Una vez más se ha cumplido la parábola de la pequeña simiente: y hemos de llenarnos de agradecimiento a Nuestro Señor. Ha pasado el tiempo y el Señor nos ha confirmado en la fe, concediéndonos tanto y más de lo que veíamos entonces. Ante esta realidad maravillosa en todo el mundo —realidad que es como un ejército en orden de batalla para la paz, para el bien, para la alegría, para la gloria de Dios—; ante esta labor divina de hombres y de mujeres en tan diferentes situaciones, de seglares y de sacerdotes, con una expansión encantadora que necesariamente encontrará puntos de aflicción, porque siempre estamos comenzando; tenemos que bajar la cabeza, amorosamente, dirigirnos a Dios y darle gracias. Y dirigirnos también a nuestra Madre del Cielo, que ha estado presente, desde el primer momento, en todo el camino de la Obra[1].

Las consideraciones de san Josemaría todavía golpean en mi alma. Me acuerdo como si fuese ayer de estas palabras pronunciadas como una oración llena de amor a Jesucristo presente en la Eucaristía, en el oratorio de la sede central de la Obra dedicado a Pentecostés. Nos sirven también ahora, al comenzar este nuevo año del Opus Dei, y así colmarnos nuevamente de esperanza, porque el Señor, que promovió la Obra, continúa manteniéndola activa y fecunda con el transcurso de los años, con tu respuesta y la mía.

Como san Josemaría en aquel aniversario de 1962, también hoy nos asombramos ante lo que vemos ya realizado en esta partecica de la Iglesia: la Obra. Es Él quien pone el incremento, haciendo realidad una vez más —como ha sucedido con frecuencia en la historia de la Iglesia— la parábola del grano de mostaza: la más pequeña de todas las semillas, pero cuando ha crecido es la mayor de las hortalizas, y llega a hacerse como un árbol, hasta el punto de que las aves del cielo acuden a anidar en sus ramas[2].

Lo mismo que en 1928, ahora y siempre resulta evidente la desproporción entre los medios y los frutos que Dios suscita. Su poder salvífico no ha disminuido, pero espera de cada una y de cada uno de nosotros, así como de las personas que se cobijan a la sombra de este árbol frondoso, una correspondencia generosa, la mayor de la que seamos capaces, con su ayuda.

Nace en nuestra alma la alabanza y el agradecimiento a Dios. ¡Gracias, Señor! Porque esta hornada de pan maravillosa está difundiendo ya el buen olor de Cristo (2 Cor 2, 15) en el mundo entero: gracias por estos miles de almas que están glorificando a Dios en toda la tierra. Porque todos son tuyos[3].

Gratitud completa a Dios que, a pesar de las variadas dificultades, jamás nos abandona. ¡Siempre está con nosotros! Por eso, cuando se presentan, hemos de sonreír en medio de la dureza de algunas circunstancias, repitiendo al Señor: gratias tibi, Deus, gratias tibi![4]. San Josemaría, en el fondo de su alma, escuchó un día: si Deus nobiscum, quis contra nos?[5]; si Dios está con nosotros, ni el ambiente secularizado e incluso agresivo, ni la falta de medios materiales o de salud, ni la precariedad del empleo en muchos lugares, ni las complicaciones familiares o externas al hogar, ¡nada!, han de hacer mella en nosotros.

Estos tiempos no se presentan peores a los anteriores. Lo advertía san Agustín: «¿Por qué, pues, has de pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor que los actuales? Desde el primer Adán hasta el Adán de hoy, ésta es la perspectiva humana: trabajo y sudor, espinas y cardos»[6].

El 2 de octubre resulta también muy adecuado para ver si individualmente nos conducimos como el instrumento que Dios espera que seamos. Asimilemos en nuestra alma la oración personal de san Josemaría en la fecha que conmemoramos: cuando me desperté esta mañana, pensé que querríais que os dijera unas palabras y debí ponerme colorado, porque me sentí abochornado. Entonces, yendo mi corazón a Dios, viendo que queda tanto por hacer, y pensando también en vosotros, estaba persuadido de que yo no daba todo lo que debo a la Obra. Él, sí; Dios, sí[7].

A pesar de la buena voluntad, que gracias a Dios no nos falta, supliquemos perdón por las faltas concretas de correspondencia ante los dones divinos: es decir, nuestra poca generosidad en ocasiones, nuestros errores personales que pueden desedificar a quienes se hallan cerca. Hagámoslo con una contrición alegre, que no nos ha de quitar la paz. Porque así como los hombres escribimos con la pluma, el Señor escribe con la pata de la mesa, para que se vea que es Él el que escribe: eso es lo increíble, eso es lo maravilloso[8].

El Papa insiste en que todos los cristianos hemos de iluminar con la fe las situaciones y personas con las que nos encontramos en nuestra senda; sintámonos llamados —en este nuevo año de la Obra— a «anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras», porque «la alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie»[9]. Son el eco de unas palabras de Cristo, que ardían en el alma de nuestro Fundador desde que comenzó a notar los barruntos de la llamada divina, diez o doce años antes de 1928. Ignem veni mittere in terram et quid volo nisi ut accendatur? (Lc 12, 49); he venido a poner fuego a la tierra, ¿y qué quiero sino que arda? Y la contestación: ecce ego quia vocasti me!(1 Sam 3, 8), aquí estoy, porque me has llamado. ¿Se lo volvemos a decir ahora, todos, a nuestro Dios?[10].

El 2 de octubre constituye una llamada que resuena en cada uno de nosotros con el convencimiento de la misión que el Señor nos ha encargado: estamos en el mundo para hacer la Obra como parte de la misión de la Iglesia. Por eso, nos sabemos —allí donde estamos— en la primera línea de la evangelización.

Se presenta de continuo el tiempo de abrirse en abanico para servir a más personas, también a quienes no tienen experiencia de la vida cristiana, o no tienen fe, o habitualmente no la ponen en práctica. Nos esperan, y esperan que les transmitamos nuestro gozo de haber encontrado a Jesucristo.

Cultivemos una profunda y real conciencia de ser anunciadores de la alegría del Evangelio en el propio ambiente y en todo momento; mujeres y hombres capaces de entablar amistad con todos —serviciales, llenos de disponibilidad, de amabilidad, de generosidad—, que no se limitan a unas meras gestiones apostólicas, sino que tratan de comportarse como apóstoles en todo tiempo y circunstancia. Y esto, hijos míos, presenta muchas manifestaciones concretas: tomarse muy en serio las implicaciones prácticas de la santificación del trabajo (justicia, caridad, humildad, interés por los demás, tono positivo, etc.); conducirnos como personas que unen, que colaboran, capaces de aprender lo bueno que cada uno puede aportar a la sociedad.

Lograremos mantener vivo este sentido de misión si cultivamos una profunda piedad y si fundamos nuestra acción en los medios sobrenaturales, en la contemplación de Cristo. Transmitir el mensaje evangélico es un bien que humaniza y ofrece respuesta a los deseos de felicidad de todos, cristianos y no cristianos. A veces será oportuno advertirles con cariño de algún aspecto en su comportamiento externo, en el que mejorar: ¡la corrección fraterna que recomienda Jesucristo en el Evangelio! Os hablé por extenso de este punto en la carta que escribí al comienzo del Año jubilar; por eso no me detengo más en este tema. Sólo deseo mencionaros que, siguiendo el buen criterio de nuestro Fundador, hemos de ejercitar esta obra de misericordia con prudencia, con serenidad, con humildad, conscientes de que todos precisamos de este auxilio tan humano y tan sobrenatural.

Termino pidiendo, como siempre, oraciones por el Santo Padre; en concreto, por el viaje a Georgia y a Azerbaiyán que está realizando en estos momentos, y por el que le llevará a Suecia a final de mes. Los dos se sitúan en el marco de la acción ecuménica del Papa, tras los pasos de sus predecesores.

Muy unidos a mis intenciones, rezad también por los 31 fieles de la Prelatura a quienes ordenaré diáconos el próximo día 29, y por todos los ministros sagrados de la Iglesia.

Con serenidad, y todavía con pena honda, os invito a recordar a las hijas mías que han fallecido en México por el accidente de tráfico. La pena se mantiene porque formamos una familia unida; la serenidad proviene también de la reacción unánime de plegarias que ha habido en todo el mundo. Roguemos al Señor que les conceda un Cielo muy grande, a la medida de la Misericordia divina.

Con todo cariño, os bendice

vuestro Padre

+ Javier

Roma, 1 de octubre de 2016.




[1] San Josemaría, Meditación, 2-X-1962 (AGP, biblioteca, P09, p. 57).

[2] Mt 13, 32.

[3] San Josemaría, Meditación, 2-X-1962 (AGP, biblioteca, P09, p. 59).

[4] Ibid, p. 57.

[5] Cfr. Rm 8, 31.

[6] San Agustín, Sermón Caillau-Saint Yves 2, 92 (PLS 2, 441-442, cit. enLiturgia horarum, segunda lectura del miércoles de la XX semana del Tiempo ordinario).

[7] San Josemaría, Meditación, 2-X-1962 (AGP, biblioteca, P09, p. 60).

[8] Ibid., p. 59.

[9] Papa Francisco, Exhort. apost. Evangelii gaudium, 24-XI-2013, n. 23.

[10] San Josemaría, Meditación, 2-X-1962 (AGP, biblioteca, P09, p. 62).




Friday, July 15, 2016

Adventistas defienden su forma de vida




15/07/2016 - Actualizado 06:12 pm




CARTA



JUEVES 14 DE JULIO DEL 2016 . 07:40PM



Por Redacción



El Movimiento Laico Iglesía Adventistas del Séptimo Día defendió las reglas con las que se desarrollan como grupos y el punto de vista que tienen en torno a algunos temas de la sociedad.

Los religiosos hicieron sus planteamientos a través de una carta enviada al director de este periódico, Osvaldo Santana.

A continuación el documento íntegro:

Santo Domingo, D.N

12 de julio del 2016



Director del periódico elCaribe

Distinguido señor:

Que Dios obra en su corazón tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad.

El jueves 06 de julio del presente año, recibí la copia de dos páginas, del periódico Listín Diario, de fecha: lunes 6 de junio del presente año.

En ese periódico, el Dr. Secundino Palacio nos acusa de manera implícita a nosotros: los Adventistas del Séptimo Día, fieles a las doctrinas bíblicas; de ser una secta que impone reglas no tradicionales.

Aunque el periódico usa el nombre de los menonitas, sus argumentos caen directamente sobre los Adventistas del 7mo Día, que buscamos ser fieles a nuestras doctrinas. Usando los puntos señalados por el doctor y el periódico, vemos que podemos recibir las mismas acusaciones con sus agravantes.

Citamos los puntos:

Salud: los adventistas del 7mo día fieles a las doctrinas bíblicas, tenemos la reforma por salud.

Es el método diseñado por Dios, para mantener y recuperar las salud física, mental, moral y espiritual. Este método se basa en el uso adecuado de los remedios naturales (aire, agua, sol, alimentación correcta, descanso, ejercicio físico, dominio propio y plena confianza en Dios.

Generalmente, descartamos el uso de drogas farmacéutica para el tratamiento de las enfermedades: más que atacar los síntomas, se deben eliminar las casusas. Muchos de nosotros no tenemos seguros médicos, ni nos interesa.

Educación: no significa adquirir conocimiento intelectual; ni prepararnos para vivir una vida “cómoda”, en esta tierra.

Educación: es la edificación de un carácter que nos prepara para morar en el reino de los cielos. Es el desarrollo de nuestras facultades físicas, mentales, morales y espirituales; para la gloria de Dios y el servicio útil a nuestros semejantes.

Nuestros hogares y nuestras escuelas deben estar ubicados en el campo, en lugares apartados de la contaminación ambiental y moral de las ciudades. Nuestra enseñanza debe estar fundamentada sobre la palabra de Dios, la Biblia. La materia base para la edificación del carácter es la agricultura.

Los títulos, los grados, las calificaciones y los exámenes: muchas veces resultan en un estorbo para la verdadera educación.

Muchos de los que estamos viviendo estos principios, hemos abandonado profesiones y/o cargos de importancia social y económica, para dedicarnos a la predicación de la palabra, la obra médica misionera, labores agrícolas y la industrialización de alimentos sanos.

Nuestros niños y jóvenes en muchos casos (no todos) los educamos nosotros mismo o contratamos personas de las nuestras, para que nos ayuden. Aún estando todavía en las ciudades, tenemos como conocimiento norma: la televisión en un instrumento satánico, que nos corrompe y nos aleja de Dios; por lo tanto debemos temerla y evitarla. La radio, el enemigo la utiliza con resultados parecidos, no debemos escuchar mensajes que contaminen nuestra mente y nuestras almas. Los celulares y la internet, deben mantenerse en los límites que no afecten los principios religiosos, Hay padres que mantienen a sus hijos completamente alejados de ellos y la mayoría se esfuerza en mantener sus uso bajo control.

Reconocemos la biblia como regla infalible. Dios nos enseña en su palabra que debemos corregir al muchacho, con vara, para salvarlo; con el debido cuidado de no dañarlo, porque merecen nuestro respeto, y es un miembro del Reino Celestial. Como los hermanos que ayuden en su educación son de nuestra confianza, tienen el derecho de usar los mismos métodos recomendados por Dios:

Proverbios 13:24; 19:18;22: 15;23:13-14;29:15,17

Claro que nuestros niños y jóvenes no deben mezclarse con niños y jóvenes de otras costumbres, deben establecer círculo social entre ellos mismos, y extenderlo solo con la finalidad de atraer a otros. Nuestras mujeres y niñas son instruidas en un estilo de vestir modesto y decoroso, que cubra y proteja el cuerpo. Aparece algún grupo que considera importante que la cubra el cabello.

Muchos de nosotros somos ajenos a todo lo que tiene con política, o dependencia de los gobiernos, por lo que usamos la Tarjeta Solidaridad.

Como nuestro nombre lo indica: Adventistas del 7mo Día, vivimos esperando que Cristo venga a sacarnos de esta tierra, y guardamos el sábado como día de reposo, contrario a la tradición que nos impone buscar la felicidad en este mundo y guarda el domingo como día de reposo.

Nosotros sabemos que este ataque a las menonitas viene del Vaticano y que el blanco a destruir somos los Adventistas del 7Mo Día Fieles. Se está apelando a las fuerzas armadas: ¿piensan repetir las escenas de Waco, Texas: donde el ejército norteamericano quemó un grupo de Adventistas del 7mo Día.

Nosotros sabemos que inevitablemente, seremos privados del derecho a comprar o vender (Ap.13.17), y seremos condenados a muerte (Ap.13:15), pero también sabemos que: la edad media no volverá a repetirse.

Es cierto que Roma, El Vaticano, está matando y va a matar gran número de hermanos fieles, en cumplimiento de Ap. 6: 9—11; pero en esta batalla, la última batalla, el triunfo nos pertenece, Ap:17:14, Dn. 2:44

Yo, en el nombre de nuestro señor Jesucristo, que fue muerto para la salvación, hago un llamado a nuestras autoridades: no condenen y maten de nuevo a Jesucristo en la persona de sus fieles. Dejen que las autoridades internacionales no declaren grupos de odio y nos condenen a ser eliminados; no necesitamos que las autoridades nos defiendan como nación, pero niéguese a ejecutar la sentencia. Cuando las autoridades internacionales decidan matarnos, que vengan ellos a matarnos, no nuestras fuerzas armadas.

Hago un llamado a nuestros medios de comunicación: no se hagan cómplices de Roma. Fueron los medios de comunicación los que prepararon el camino para matar a los hermanos de Waco, Texas.

Visítenos, investiguen, y hable con veracidad: ni El Vaticano, ni las autoridades internacionales, ni las autoridades de la nación, ni ustedes, pueden hacer que Dios no exista, ni negarse a comparecer ante el tribunal divino.

Que Dios le dé el poder de actuar correctamente.

Dios le bendiga,

Apolinar M. Tejeda
Zoila Adón Vidal