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Saturday, August 22, 2015

Los Valdenses - El Israel de los Alpes






Published on Nov 23, 2013

"Mas entre los que resistieron las intrusiones del poder papal, los valdenses fueron los que más sobresalieron. En el mismo país en donde el papado asentara sus reales fue donde encontraron mayor oposición su falsedad y corrupción. Las iglesias del Piamonte mantuvieron su independencia por algunos siglos, pero al fin llegó el tiempo en que Roma insistió en que se sometieran. Tras larga serie de luchas inútiles, los jefes de estas iglesias reconocieron aunque de mala gana la supremacía de aquel poder al que todo el mundo parecía rendir homenaje. Hubo sin embargo algunos que rehusaron sujetarse a la autoridad de papas o prelados. Determinaron mantenerse leales a Dios y conservar la pureza y sencillez de su fe. Se efectuó una separación. Los que permanecieron firmes en la antigua fe se retiraron; algunos, abandonando sus tierras de los Alpes, alzaron el pendón de la verdad en países extraños; otros se refugiaron en los valles solitarios y en los baluartes peñascosos de las montañas, y allí conservaron su libertad para adorar a Dios." CS69
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Monday, June 29, 2015

Papa Francisco pide perdón por muerte de reformador Juan Hus



martes, 23 de junio de 2015 | Acontecer Cristiano




El Papa Francisco dijo que la muerte del reformador protestante Juan Hus, quien murió quemado por los católicos el 6 de julio de 1415, fue un golpe para la propia Iglesia Católica.

En un evento oficial en el Vaticano, el Papa recibió a los representantes de la Iglesia Husita y de la Iglesia evangélica de los Hermanos Checos, para coordinar la ceremonia dereconciliación y perdón, por el 600 aniversario de la muerte de Hus.

El Papa dijo que la quema de Hus en la hoguera, por negarse a retractarse de su supuesta herejía, fue una lesión para la iglesia
y se debe pedir perdón por ello, al igual que todos los actos en la historia en que los asesinatos habían sido cometidos en nombre de Dios. Se refirió específicamente a los 30 años de guerras que en particular devastaron las tierras checas y gran parte del resto de Europa en el siglo 17, según publica el sitio Radio CZ.

"A la luz de esa consideración, es necesario continuar el estudio sobre la persona y la obra de Juan Hus, que ha sido durante mucho tiempo un tema de controversia entre los cristianos, mientras que hoy se ha convertido en un motivo para el diálogo. Esta investigación, llevada a cabo sin condicionamientos ideológicos, brindará un importante servicio a la verdad histórica, a todos los cristianos y a la sociedad, incluso más allá de las fronteras de su nación", dijo Francisco.

Se acordó realizar una liturgia para la reconciliación, que se llevó a cabo en la Iglesia de Nuestra Señora de Praga, por primera vez en la historia. "Este servicio es un acontecimiento histórico. Esto no es una exageración, porque nunca antes en la historia las iglesias organizaron un evento para unir, en un diálogo mutuo de un determinado tema", dijo el ex arzobispo de Praga Miloslav Vlk.

El servicio culminó con la expresión de perdón y de reconciliación. Los presentes se adhieren a diferentes iglesias cristianas, se dieron la mano con los demás como un símbolo de paz.

Juan Hus (1370-1415), intentó impulsar una reforma en la Iglesia Católica. Inspirado en John Wycliffe. Quiso llevar la Biblia al pueblo y rechazó la estructura papal, descubriendo que Cristo es la verdadera cabeza de la Iglesia. AcontecerCristiano.Net



© Contenido elaborado por Acontecer Cristiano. Para reproducir esta noticia se requiere mencionar AcontecerCristiano.Net con un enlace hacia la web.



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Sunday, August 17, 2014

Misa de beatificación: 'Tuvieron que elegir entre el mundo o ser católicos'





El papa Francisco indicó en la homilí­a que los mártires nos llevan a poner a Cristo antes de todo y a no bajar a compromisos



Seúl, 16 de agosto de 2014 (Zenit.org) Redacción


El santo padre Francisco en la misa de beatificación de de Paul Yun Ji-Chung y de 123 compañeros mártires celebrada en Seúl este sábado 16 de agosto, en la Puerta de Gwanghwamun, dirigió su homilía a los cientos de miles de personas presentes. A continuación el texto de la homilía.

«¿Quién nos separará del amor de Cristo?». Con estas palabras, san Pablo nos habla de la gloria de nuestra fe en Jesús: no sólo resucitó de entre los muertos y ascendió al cielo, sino que nos ha unido a él y nos ha hecho partícipes de su vida eterna. Cristo ha vencido y su victoria es la nuestra.

Hoy celebramos esta victoria en Pablo Yun Ji-chung y sus 123 compañeros. Sus nombres quedan unidos ahora a los de los santos mártires Andrés Kim Teagon, Pablo Chong Hasang y compañeros, a los que he venerado hace unos momentos. Vivieron y murieron por Cristo, y ahora reinan con él en la alegría y en la gloria. Con san Pablo, nos dicen que, en la muerte y resurrección de su Hijo, Dios nos ha concedido la victoria más grande de todas. En efecto, «ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor».

La victoria de los mártires, su testimonio del poder del amor de Dios, sigue dando frutos hoy en Corea, en la Iglesia que sigue creciendo gracias a su sacrificio. La celebración del beato Pablo y compañeros nos ofrece la oportunidad de volver a los primeros momentos, a la infancia –por decirlo así– de la Iglesia en Corea. Los invita a ustedes, católicos de Corea, a recordar las grandezas que Dios ha hecho en esta tierra, y a custodiar como un tesoro el legado de fe y caridad confiado a ustedes por sus antepasados.

En la misteriosa providencia de Dios, la fe cristiana no llegó a las costas de Corea a través de los misioneros; sino que entró por el corazón y la mente de los propios coreanos. En efecto, fue suscitada por la curiosidad intelectual, por la búsqueda de la verdad religiosa. Tras un encuentro inicial con el Evangelio, los primeros cristianos coreanos abrieron su mente a Jesús. Querían saber más acerca de este Cristo que sufrió, murió y resucitó de entre los muertos. El conocimiento de Jesús pronto dio lugar a un encuentro con el Señor mismo, a los primeros bautismos, al deseo de una vida sacramental y eclesial plena y al comienzo de un compromiso misionero. También dio como fruto comunidades que se inspiraban en la Iglesia primitiva, en la que los creyentes eran verdaderamente un solo corazón y una sola mente, sin dejarse llevar por las diferencias sociales tradicionales, y teniendo todo en común.

Esta historia nos habla de la importancia, la dignidad y la belleza de la vocación de los laicos. Saludo a los numerosos fieles laicos aquí presentes, y en particular a las familias cristianas, que día a día, con su ejemplo, educan a los jóvenes en la fe y en el amor reconciliador de Cristo. También saludo de manera especial a los numerosos sacerdotes que hoy están con nosotros; con su generoso ministerio transmiten el rico patrimonio de fe cultivado por las pasadas generaciones de católicos coreanos.

El Evangelio de hoy contiene un mensaje importante para todos nosotros. Jesús pide al Padre que nos consagre en la verdad y nos proteja del mundo.

Es significativo, ante todo, que Jesús pida al Padre que nos consagre y proteja, pero no que nos aparte del mundo. Sabemos que él envía a sus discípulos para que sean fermento de santidad y verdad en el mundo: la sal de la tierra, la luz del mundo. En esto, los mártires nos muestran el camino.

Poco después de que las primeras semillas de la fe fueran plantadas en esta tierra, los mártires y la comunidad cristiana tuvieron que elegir entre seguir a Jesús o al mundo. Habían escuchado la advertencia del Señor de que el mundo los odiaría por su causa; sabían el precio de ser discípulos. Para muchos, esto significó persecución y, más tarde, la fuga a las montañas, donde formaron aldeas católicas. Estaban dispuestos a grandes sacrificios y a despojarse de todo lo que pudiera apartarles de Cristo –pertenencias y tierras, prestigio y honor–, porque sabían que sólo Cristo era su verdadero tesoro.

En nuestros días, muchas veces vemos cómo el mundo cuestiona nuestra fe, y de múltiples maneras se nos pide entrar en componendas con la fe, diluir las exigencias radicales del Evangelio y acomodarnos al espíritu de nuestro tiempo. Sin embargo, los mártires nos invitan a poner a Cristo por encima de todo y a ver todo lo demás en relación con él y con su Reino eterno. Nos hacen preguntarnos si hay algo por lo que estaríamos dispuestos a morir.

Además, el ejemplo de los mártires nos enseña también la importancia de la caridad en la vida de fe. La autenticidad de su testimonio de Cristo, expresada en la aceptación de la igual dignidad de todos los bautizados, fue lo que les llevó a una forma de vida fraterna que cuestionaba las rígidas estructuras sociales de su época. Fue su negativa a separar el doble mandamiento del amor a Dios y amor al prójimo lo que les llevó a una solicitud tan fuerte por las necesidades de los hermanos. Su ejemplo tiene mucho que decirnos a nosotros, que vivimos en sociedades en las que, junto a inmensas riquezas, prospera silenciosamente la más denigrante pobreza; donde rara vez se escucha el grito de los pobres; y donde Cristo nos sigue llamando, pidiéndonos que le amemos y sirvamos tendiendo la mano a nuestros hermanos necesitados.

Si seguimos el ejemplo de los mártires y creemos en la palabra del Señor, entonces comprenderemos la libertad sublime y la alegría con la que afrontaron su muerte. Veremos, además, cómo la celebración de hoy incluye también a los innumerables mártires anónimos, en este país y en todo el mundo, que, especialmente en el siglo pasado, han dado su vida por Cristo o han sufrido lacerantes persecuciones por su nombre.

Hoy es un día de gran regocijo para todos los coreanos. El legado del beato Pablo Yun Ji- chung y compañeros –su rectitud en la búsqueda de la verdad, su fidelidad a los más altos principios de la religión que abrazaron, así como su testimonio de caridad y solidaridad para con todos– es parte de la rica historia del pueblo coreano. La herencia de los mártires puede inspirar a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a trabajar en armonía por una sociedad más justa, libre y reconciliada, contribuyendo así a la paz y a la defensa de los valores auténticamente humanos en este país y en el mundo entero.

Que la intercesión de los mártires coreanos, en unión con la de Nuestra Señora, Madre de la Iglesia, nos alcance la gracia de la perseverancia en la fe y en toda obra buena, en la santidad y la pureza de corazón, y en el celo apostólico de dar testimonio de Jesús en este querido país, en toda Asia, y hasta los confines de la tierra. Amén».

(16 de agosto de 2014) © Innovative Media Inc.


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Wednesday, September 25, 2013

¿Que es la Fe?



Hebreos 11
Reina-Valera Antigua (RVA)


1 ES pues la fe la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven.

2 Porque por ella alcanzaron testimonio los antiguos.

3 Por la fe entendemos haber sido compuestos los siglos por la palabra de Dios, siendo hecho lo que se ve, de lo que no se veía.

4 Por la fe Abel ofreció á Dios mayor sacrificio que Caín, por la cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio á sus presentes; y difunto, aun habla por ella.

5 Por la fe Enoc fué traspuesto para no ver muerte, y no fué hallado, porque lo traspuso Dios. Y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado á Dios.

6 Empero sin fe es imposible agradar á Dios; porque es menester que el que á Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

7 Por la fe Noé, habiendo recibido respuesta de cosas que aun no se veían, con temor aparejó el arca en que su casa se salvase: por la cual fe condenó al mundo, y fué hecho heredero de la justicia que es por la fe.

8 Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir por heredad; y salió sin saber dónde iba.

9 Por fe habitó en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en cabañas con Isaac y Jacob, herederos juntamente de la misma promesa:

10 Porque esperaba ciudad con fundamentos, el artífice y hacedor de la cual es Dios.

11 Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir simiente; y parió aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó ser fiel el que lo había prometido.

12 Por lo cual también, de uno, y ése ya amortecido, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena inmunerable que está á la orilla de la mar.

13 Conforme á la fe murieron todos éstos sin haber recibido las promesas, sino mirándolas de lejos, y creyéndolas, y saludándolas, y confesando que eran peregrinos y advenedizos sobre la tierra.

14 Porque los que esto dicen, claramente dan á entender que buscan una patria.

15 Que si se acordaran de aquella de donde salieron, cierto tenían tiempo para volverse:

16 Empero deseaban la mejor, es á saber, la celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos: porque les había aparejado ciudad.

17 Por fe ofreció Abraham á Isaac cuando fué probado, y ofrecía al unigénito el que había recibido las promesas,

18 Habiéndole sido dicho: En Isaac te será llamada simiente:

19 Pensando que aun de los muertos es Dios poderoso para levantar; de donde también le volvió á recibir por figura.

20 Por fe bendijo Isaac á Jacob y á Esaú respecto á cosas que habían de ser.

21 Por fe Jacob, muriéndose, bendijo á cada uno de los hijos de José, y adoró estribando sobre la punta de su bordón.

22 Por fe José, muriéndose, se acordó de la partida de los hijos de Israel; y dió mandamiento acerca de sus huesos.

23 Por fe Moisés, nacido, fué escondido de sus padres por tres meses, porque le vieron hermoso niño; y no temieron el mandamiento del rey.

24 Por fe Moisés, hecho ya grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón;

25 Escogiendo antes ser afligido con el pueblo de Dios, que gozar de comodidades temporales de pecado.

26 Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los Egipcios; porque miraba á la remuneración.

27 Por fe dejó á Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible.

28 Por fe celebró la pascua y el derramamiento de la sangre, para que el que mataba los primogénitos no los tocase.

29 Por fe pasaron el mar Bermejo como por tierra seca: lo cual probando los Egipcios, fueron sumergidos.

30 Por fe cayeron los muros de Jericó con rodearlos siete días.

31 Por fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los incrédulos, habiendo recibido á los espías con paz.

32 ¿Y qué más digo? porque el tiempo me faltará contando de Gedeón, de Barac, de Samsón, de Jephté, de David, de Samuel, y de los profetas:

33 Que por fe ganaron reinos, obraron justicia, alcanzaron promesas, taparon las bocas de leones,

34 Apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de cuchillo, convalecieron de enfermedades, fueron hechos fuertes en batallas, trastornaron campos de extraños.

35 Las mujeres recibieron sus muertos por resurrección; unos fueron estirados, no aceptando el rescate, para ganar mejor resurrección;

36 Otros experimentaron vituperios y azotes; y á más de esto prisiones y cárceles;

37 Fueron apedreados, aserrados, tentados, muertos á cuchillo; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados;

38 De los cuales el mundo no era digno; perdidos por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.

39 Y todos éstos, aprobados por testimonio de la fe, no recibieron la promesa;

40 Proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen perfeccionados sin nosotros.
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Wednesday, August 14, 2013

LA INQUISICIÓN, UNA TRAGEDIA ESPAÑOLA





secondaeducationblog

Published on Mar 14, 2012


Este es un documental sobre la historia de la Inquisición española. Ciencias Sociales 2º ESO.

© 2012 SECONDARY EDUCATION BLOG



Nota:  Despues de la hora 1:00, se repiten escenas anteriores por segunda vez!  
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Wednesday, February 6, 2013

Los Valdenses



Los Valdenses Parte 1 [Ministerio-M3A.com]


MinisterioM3A

Uploaded on May 15, 2011


Los historiadores católicos y protestantes no concuerdan en cuanto a los orígenes de los valdenses. Los primeros consideran a los valdenses como un fenómeno aislado que surgió repentinamente a fines del siglo XII bajo la dirección de un francés de Lyón llamado Vaudes, Valdés, Waldo o Pedro Valdo.

En cambio, muchos protestantes afirman que los valdenses constituyen un eslabón en la cadena continua de disidentes que surgieron entre la época del emperador Constantino (siglo IV) y los reformadores protestantes del siglo XVI.

Algunos historiadores protestantes opinan que el nombre de valdense, aplicado también a los procedentes del país de Vaud, se deriva de la palabra latina vallis, que significa 'valle', y se refiere al hecho de que aquellos disidentes a quienes se perseguía con persistencia como herejes se vieron obligados a refugiarse en los valles alpinos de Francia e Italia. La verdad parece ser que Valdo y sus seguidores llegaron a ser el punto de reunión para grupos similares de perseguidos por la iglesia católica, algunos de los cuales habían estado en las sombras por largo tiempo.

Evidentemente, la separación de la Iglesia Ortodoxa en el siglo VII ya había creado en la Iglesia primitiva un cisma, aun cuando el protestantismo no comulgue en casi ninguna de las ideas de esta iglesia.

En este sentido, los mismos Valdenses primitivos (previos a la Reforma Protestante) se consideraban a sí mismos como un remanente fiel de la verdadera Iglesia Cristiana tras la época del Papa Silvestre (314-335 d. C.).

En Conclusión los valdenses fueron guardadores del verdadero dia de Reposos Sábado, y guardadores de los 10 mandamientos, también eran muy fieles a la biblia por lo cual la IGLESIA CATOLICA ROMANA, los persiguió hasta matarlos, niños, ancianos, bebes, mujeres, etc.

Mira este documental preparado por la IASD para que abras los ojos a la verdad.

Saludos desde...

www.Ministerio-m3a.com



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Saturday, January 5, 2013

Héroes de la Fe : "John Huss" Un Mártir de la Fe




danielcap7

Uploaded on Feb 1, 2011


"¡¡He enseñado el Camino de Jesucristo!!"John Hus guerrero mártir que había prometido que su vida serviría para una cosa: reformar la Iglesia Católica desde adentro. Y asi lo hizo, gozó de la muerte por predicar abiertamente que la Biblia debía darse a conocer en el lenguaje de la gente, que la salvación venía por la fe en Jesucristo y que la Palabra de Dios era la autoridad final.Le dijeron: "Si confiesa humildemente que estaba equivocado y renuncia a sus convicciones, si promete nunca más enseñar esa fe, si públicamente niega lo que antes predicaba, tendremos misericordia de usted y le devolveremos su posición y sus privilegios anteriores". John Huss respondió: "Estoy a la vista del Señor mi Dios, de ninguna manera puedo hacer lo que me piden. Si lo hiciera, ¿Cómo podría enfrentarme después a Dios? ¿Cómo podría ver a los ojos a aquellos a los que les he enseñado? Ellos ahora tienen un conocimiento firme y cierto de las Escrituras y están armados contra los asaltos del diablo". ¿Cómo podría yo llevarles incertidumbre? ¡No debo ni puedo valorar mi propio cuerpo más que la salud y la salvación de aquellos a los que "¡¡He enseñado el Camino de Jesucristo!!".


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Friday, January 13, 2012

La Inquisición en España

Curso dictado en el CIDICSEF, Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí por el Ing. Pablo A. Chami. Junio de 1999.


II. La Inquisición en España

Debemos hacer aquí una distinción entre la Inquisición en España y la Inquisición Española, expresiones que parecen iguales pero no lo son. La Inquisición Española es la que los reyes Isabel de Castilla, y Fernando de Aragón establecen en España a partir de 1478 y que fue independiente y diferente de la del resto de la cristiandad. Sin embargo, en España también funcionó la Inquisición Episcopal y la Inquisición Pontificia, como veremos enseguida.

La Inquisición era casi desconocida en la Península hasta la fecha mencionada. En Castilla no había tribunal de la Inquisición y los delitos de la fe se atendían en los obispados. Era la Inquisición Episcopal que ejercían los obispos en su diócesis; pero éstos estaban ocupados en otros asuntos y le prestaban poca importancia a la herejía.

Raimundo de Peñafort

Por el contrario, en Aragón, había un tribunal de la Inquisición Pontificia establecido desde la época de la herejía albigense que se había extendido desde Touluose hasta la vecina Aragón. Domingo de Guzmán, el primer inquisidor, había mandado a principios del siglo XIII a Raimundo de Peñafort como comisario y a instancias de éste, el papa Gregorio IX designó un tribunal de la Inquisición que se ocupó de erradicar la herejía albigense en Aragón luego de largas vicisitudes. Pero para la época que nos interesa, mediados del siglo XV, también el tribunal de Aragón estaba casi olvidado.

De la misma forma que los acontecimientos se fueron desencadenando para dar lugar a la creación de los tribunales de la Inquisición Pontificia, también en España los hechos se sucedieron de tal forma que los reyes consideraron necesario crear la Inquisición Española.

Podemos Señalar como la primera causa el fenómeno de conversión masiva de judíos que se produce durante las revueltas y motines antijudíos de 1391, que se iniciaron en Sevilla por los sermones de Fray Ferrant Martínez. Continuaron con la prédica de Vicente Ferrer en Castilla entre los años 1400 y 1420, que también lograron una conversión masiva de judíos. Estas conversiones, en su mayoría, no fueron sinceras sino que se hicieron a la fuerza, ante la presión de un pueblo enardecido, excitado por sacerdotes fanáticos.

Entonces comienza el fenómeno de los "conversos" y su calvario, que signará la historia de España y de los judíos hasta mediados del siglo pasado. El tema de los conversos lo estudiaremos aquí en lo que tenga que ver con la Inquisición, porque es muy complejo y requiere un estudio por separado.

A mediados del siglo XV encontramos en la península Ibérica varas clases sociales: los reyes y la nobleza, ostentan el poder, manejan las armas, hacen la guerra a los moros y son dueños de las tierras, desprecian el trabajo manual; el pueblo, que es esclavo de la gleba, o sea que depende de los señores feudales y son los que cultivan la tierra, son incultos e iletrados; el clero, que depende de Roma y está agrupado en conventos de diferentes órdenes, las más importantes, ya vimos, son los dominicos y los franciscanos, monjes mendicantes, que pregonan el ascetismo, la vida dedicada a la oración y dependen directamente de Roma, no del obispo local, dominan el saber, los libros y las bibliotecas, son los cristianos educados; las minorías de otros credos: judíos y moros. Los moros son el pueblo vencido que retrocede a medida que los cristianos conquistan el territorio hasta concentrarse finalmente en Andalucía, en la provincia de Granada. Los judíos, que habitaban la Península desde tiempos inmemoriales, son habitantes urbanos, que ejercen toda clase de oficios, hasta los más elevados como consejeros de los reyes. Son letrados y conocen la contabilidad y la numeración decimal.

Las leyes de los diferentes reinos limitan cada vez más las posibilidades de trabajo de los judíos impidiéndoles ejercer diversos oficios. Sus actividades son cada día restringidas y son obligados a vivir en barrios determinados; hay un intento de excluirlos de la vida económica.

En éste panorama se insertan los conversos, llamados también marranos o cristianos nuevos, en contraposición a los cristianos viejos o lindos que son los originarios cristianos. Los conversos ven que al cambiar de religión, los impedimentos que tenían como judíos son eliminados y tienen acceso a todos los oficios y puestos del reino, que antes les eran vedados. Enseguida comienzan a escalar posiciones en las cortes de España por su capacidad y sabiduría, aventajando a los cristianos lindos.

Con el correr del siglo XV, éstos cristianos nuevos despiertan la envidia y los celos de los cristianos viejos y comienzan las intrigas y las demandas en su contra.

Isabel La Católica

La sucesión del trono de Castilla luego de la muerte del rey Enrique IV recae, no sin ciertas intrigas y luchas, en su hermana Isabel en el año 1465. Isabel contrajo matrimonio con Fernando, sucesor del trono de Aragón, por lo que ambas coronas se unieron, a la muerte de Juan II de Aragón.

Fernando El Católico

Era confesor de la reina Isabel, Tomás de Torquemada, prior de los Dominicos y influyente en la corte.

Tomás de Torquemada

Torquemada se hizo eco de las protestas de los cristianos viejos y comenzó a predicar acerca de la conveniencia de crear una Inquisición en Castilla. En 1478 se produce un acontecimiento fortuito en el cual se descubre en Sevilla a un grupo de cristianos nuevos que hacían ceremonias extrañas a la religión cristiana. Esto convence a la reina, quien ordena a los embajadores de España en Roma que pidan al papa la creación de una Inquisición en para Castilla y Aragón. El papa Sixto IV expide una bula en noviembre de 1478 que autoriza a los reyes de España a nombrar inquisidores y removerlos a perpetuidad.

Se crea el tribunal y los primeros inquisidores, Miguel de Morillo y Juan de San Martín, llegan a Sevilla en setiembre de 1480. Sus pesquisas les llevan a hallar un grupo de criptojudíos cuyo líder era Diego de Susán. Se levanta la acusación de herejía y luego de un proceso, los principales autores son condenados a la hoguera en el primer auto de fe en Sevilla el 6 de febrero de 1481, en el quemadero de la Tablada.

Características especiales de la Inquisición Española

La Inquisición Española se diferenciaba de la Inquisición Pontificia en primer lugar por que a los Inquisidores los nombra el rey, no el papa, o sea que pasan a ser funcionarios de estado y responden a las políticas del reino; la segunda diferencia es que en que los procesos no eran apelables en Roma. El tribunal se organizó de tal manera que Torquemada fue nombrado Inquisidor Supremo para Castilla, Aragón y Sicilia, formando parte del tribunal el cardenal Mendoza, Miguel Morillo y Juan de San Martín. La sede primitiva estaba en Sevilla, trasladándose luego a Toledo. La autoridad del Inquisidor Supremo era inapelable. El Inquisidor Supremo presidía un consejo llamado supremo, compuesto por cinco ministros.

Index de libros prohibidos

El papa Clemente VIII les otorgó facultades de revisar todo tipo de impresos y manuscritos y de prohibir la lectura y circulación de todos los libros y papeles que juzgasen perjudiciales a la moral o contrarios a los dogmas ritos y disciplina de la iglesia.

Composición del Tribunal

El consejo Supremo nombraba a los miembros de los Tribunales Subalternos con jurisdicción sobre todo el territorio del reino y de ultramar.

Tribunal de la Inquisición

Los tribunales eran formados por dos jueces letrados y un teólogo, tenían el trato de Señoría y debían vestir traje eclesiástico. Había un fiscal acusador y un juez de bienes que tasaba las posesiones confiscadas a los acusados. Los asistía un numero de personal auxiliar que cumplía diversas funciones; entre ellos, los más importantes para la historia fueron los notarios, que escribían todas las preguntas y respuestas hechas a los presuntos herejes y que hoy son muy valiosos documentos, inclusive anotaban las declaraciones hechas cuando el acusado era sometido a tortura, como veremos en éste ejemplo de una confesión arrancada bajo la tortura.

Además, en cada pueblo o ciudad había comisarios que debían cumplir las órdenes del tribunal de la región. Sus funciones eran las de difusión de los edictos de la Inquisición, especialmente el edicto de fe que se leía en las iglesias. Debía hacerlos cumplir, investigar los casos de herejía que pudieran presentarse y arrestar a los sospechosos.

Luego estaban los "familiares" que ejercían la función de vigilancia y protección de los miembros del Santo Oficio y secundaban a los comisarios en los arrestos. Es importante hacer notar que todos los miembros, comisarios y familiares del tribunal gozaban de una indulgencia plena mientras duraran sus funciones. Esto quiere decir que iban directamente al cielo.

Jurisdicción y establecimiento en los reinos de España

Como ya dijimos, la jurisdicción del tribunal abarcaba todas las posesiones españolas, las sedes que se fueron creando a lo largo de su actuación fueron: Sevilla, Córdoba, Ciudad Real, Toledo, Cuenca, Murcia, Valladolid, Santiago, Logroño, Granada, Llerena, Zaragoza, Barcelona, Valencia, Baleares, Jaén, Canarias, y en América: Méjico, Lima y Cartagena de Indias; en Italia en Cerdeña y en Sicilia. El tribunal de Ciudad Real fue trasladado con el tiempo a Madrid.

El establecimiento de la Inquisición en España no fue acatado en todas las ciudades con igual beneplácito. En algunas regiones hubo una fuerte oposición y en el reino de Nápoles, vasallo de Aragón nunca se pudo establecer por la oposición de los Barones que nunca la admitieron, es un ejemplo digno de admiración.

Mismo en Aragón, las Cortes demoraron dos años en acatar el establecimiento de la Inquisición a la manera de Castilla, pese a que la inquisición pontificia funcionaba desde el siglo XIII. Al poco tiempo de instalada fue asesinado el Inquisidor Gaspar Juglar y luego su sucesor, Pedro de Arbués. Pero luego los promotores de estos asesinatos fueron descubiertos y protagonizaron los primeros autos de fe de Aragón a partir de 1485.

Ya tenemos entonces a la Inquisición establecida firmemente por Torquemada en toda la Península Ibérica salvo en Portugal, Navarra y Granada, todavía esta última un baluarte moro.

Procedimientos

Los procedimientos de la Inquisición Española eran similares al de la episcopal. Incluían los interrogatorios durante la tortura del que daremos un ejemplo, y el eufemismo de la relajación al brazo civil, donde sabían que la pena era la muerte en la hoguera.

Prisionero viendo la sala de tormentos

El uso de la tortura era común, muchas veces sólo consistía en mostrar al reo la sala de tormento, los verdugos y los instrumentos de tortura. Con sólo mostrarlos se conseguían confesiones y delaciones.

En los casos de que el reo insistiera en sus convicciones era sometido efectivamente a tormento. Los más usados eran:

Tormento de cuerda

La cuerda, consistía en sujetar al reo en una mesa y luego dar vueltas a un cordel arrollado a sus brazos y piernas produciendo estiramiento de las articulaciones y un fuerte dolor;

Tormento del agua

El tormento del agua consistía en verter agua sobre el rostro del torturado impidiéndole respirar;

Tormento del garrote

El garrote consistía en una tabla sostenida por cuatro patas con garrotes que se ajustaban hasta producir dolor;

Tormento de la garrucha

En el Tormento de la garrucha el torturado era atado de las manos, elevado y dejado caer violentamente sin llegar al suelo, lo que provocaba intensos dolores en las articulaciones

Cuando había una cierta cantidad de condenados por la Inquisición, se celebraban los llamados "Autos de Fe".

Auto de Fe

Eran ceremonias que duraban un día entero, desde la mañana hasta la noche, con gran pompa y boato. Comenzaban con una procesión de las autoridades civiles y eclesiásticas y finalmente los condenados, vestidos con ropas infamantes llamadas sambenitos, palabra que es una deformación de "saco bendito". Se leían las condenas, y aquellos destinados a la pena de muerte, eran relajados al brazo civil, donde el verdugo los quemaba en la hoguera en presencia de todo el pueblo.

Procesos célebres:

El niño de la Guardia, se imputó a un judío el sacrificio de un niño para arrancarle el corazón y conjurar así los males de la Inquisición.

Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática castellana fue acusado ante la Inquisición y luego absuelto.

Fray Luis de León, por su traducción del cantar de los cantares fue procesado y puesto en prisión. Absuelto al cabo de cinco años acuñó al volver a su cátedra la frase: "decíamos ayer…".

Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz también sufrieron procesos.

Otras acciones:

La Inquisición tuvo el principal papel durante la expulsión de los judíos de España; más tarde se ocupó de la persecución de brujas; luego persiguió a los protestantes en el siglo XVI y XVII y finalmente en el siglo XVIII persiguió a los masones y a los seguidores de la ilustración y de la Revolución Francesa. Siempre continuó con el Index de los libros editados en España y las colonias, determinando qué se podía leer y qué no.



Fuente
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La Santa Inquisición



Uploaded by on Jan 17, 2011

Pocos episodios de la Historia evocan tantas imágenes de persecuciones, torturas y poderes corruptos como los vividos durante el período de laInquisición. Los siglos transcurridos desde entonces han contribuido a dar a conocer en toda su amplitud la verdad oculta sobre este importante pasaje de la historia de la Iglesia católica. El documental "La santa Inquisición" muestra el trabajo realizado por prestigiosos estudiosos, incluso desde los propios archivos del Vaticano, y desvela las historias más increíbles de esta época tan depravada.

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Thursday, December 1, 2011

MÁRTIRES EN LOS DÍAS FINALES


Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. (Juan 16: 2).

Cada individuo en nuestro mundo deberá alistarse bajo una de dos banderas.

Los dos ejércitos serán diferentes y estarán separados, y esa diferencia será tan marcada que muchos de los que se convenzan de la verdad se pondrán de parte del pueblo de Dios que observa sus mandamientos. Cuando esté por producirse esta obra grandiosa en la batalla, antes del último gran conflicto, muchos serán encarcelados, muchos huirán de las ciudades y los pueblos para salvar su vida, y muchos otros soportarán el martirio por amor de Cristo al levantarse en defensa de la verdad.

Por el decreto que imponga la institución del papado en violación a la ley de Dios, esta nación [los Estados Unidos] se separará completamente de la justicia. . . Como el acercamiento de los ejércitos romanos fue para los discípulos una señal de la inminente destrucción de Jerusalén, esta apostasía podrá ser para nosotros una señal de que se llegó al límite de la tolerancia de Dios, de que esta nación colmó la medida de su iniquidad, y de que el ángel de la misericordia está por emprender el vuelo para nunca volver. Los hijos de Dios se verán entonces sumidos en aquellas escenas de aflicción y angustia que los profetas describieron como el tiempo de angustia de Jacob. Ascienden al cielo los clamores de los fieles y perseguidos. Y como la sangre de Abel clamó desde el suelo, hay voces que claman a Dios desde la tumba de los mártires, desde los sepulcros del mar, desde las cuevas de las montañas, desde las bóvedas de los conventos: "¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre de los que moran en la tierra?" (Apoc. 6: 10).

Cuando fue abierto el quinto sello Juan, el Revelador, vio en visión debajo del altar al conjunto de los que habían sido muertos por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo. Después de esta visión siguieron las escenas descriptas en el capítulo 18 de Apocalipsis, donde se llama a los fieles y los sinceros para que salgan de Babilonia.

Cristo restaurará la vida que ha sido quitada, pues él es el Dador de la vida: Él embellecerá a los justos dándoles vida inmortal.
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Maranata, p.197.
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Thursday, May 19, 2011

Carlos el Chacal califica de mártir a Osama bin Laden


Publicado el jueves, 05.19.11

The Associated Press


ESTOCOLMO -- El conocido terrorista de la Guerra Fría Carlos el Chacal calificó a Osama bin Laden de "mártir" y dijo que pasará a la historia por sus hazañas.

En una entrevista con la televisión sueca, el terrorista venezolano dijo que el difunto líder de al-Qaida seguirá siendo recordado dentro de 100 años por "lo que ha hecho, el ejemplo que dio".

"Nadie" recordará al presidente Barack Obama, añadió.

Carlos, cuyo verdadero nombre es Ilich Ramírez Sánchez, purga cadena perpetua en Francia por el asesinato de dos agentes secretos franceses y un supuesto informante en 1975. También se le acusa de participar en dos atentados con bomba en Francia en 1982.

Ilich, de 61 años, dijo que conoció a bin Laden cuando ambos eran jóvenes.


Fuente: http://www.elnuevoherald.com/2011/05/19/943887/terrorista-de-guerra-fria-llama.html#ixzz1MrTnZM5Z
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Thursday, March 10, 2011

"Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos"


Mateo 27


1Y VENIDA la mañana, entraron en consejo todos los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos del pueblo, contra Jesús, para entregarle á muerte.
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2Y le llevaron atado, y le entregaron á Poncio Pilato presidente.

3Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, volvió arrepentido las treinta piezas de plata á los príncipes de los sacerdotes y á los ancianos,

4Diciendo: Yo he pecado entregando la sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué se nos da á nosotros? Viéras lo tú.

5Y arrojando las piezas de plata en el templo, partióse; y fué, y se ahorcó.

6Y los príncipes de los sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de los dones, porque es precio de sangre.

7Mas habido consejo, compraron con ellas el campo del alfarero, por sepultura para los extranjeros.

8Por lo cual fué llamado aquel campo, Campo de sangre, hasta el día de hoy.

9Entonces se cumplió lo que fué dicho por el profeta Jeremías, que dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, que fué apreciado por los hijos de Israel;

10Y las dieron para el campo del alfarero, como me ordenó el Señor.

11Y Jesús estuvo delante del presidente; y el presidente le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices.

12Y siendo acusado por los príncipes de los sacerdotes, y por los ancianos, nada respondió.

13Pilato entonces le dice: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra tí?

14Y no le respondió ni una palabra; de tal manera que el presidente se maravillaba mucho,

15Y en el día de la fiesta acostumbraba el presidente soltar al pueblo un preso, cual quisiesen.

16Y tenían entonces un preso famoso que se llamaba Barrabás.

17Y juntos ellos, les dijo Pilato; ¿Cuál queréis que os suelte? ¿á Barrabás ó á Jesús que se dice el Cristo?

18Porque sabía que por envidia le habían entregado.

19Y estando él sentado en el tribunal, su mujer envió á él, diciendo: No tengas que ver con aquel justo; porque hoy he padecido muchas cosas en sueños por causa de él.

20Mas los príncipes de los sacerdotes y los ancianos, persuadieron al pueblo que pidiese á Barrabás, y á Jesús matase.

21Y respondiendo el presidente les dijo: ¿Cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: á Barrabás.

22Pilato les dijo: ¿Qué pues haré de Jesús que se dice el Cristo? Dícenle todos: Sea crucificado.

23Y el presidente les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Mas ellos gritaban más, diciendo: Sea crucificado.

24Y viendo Pilato que nada adelantaba, antes se hacía más alboroto, tomando agua se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo veréis lo vosotros.

25Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.

26Entonces les soltó á Barrabás: y habiendo azotado á Jesús, le entregó para ser crucificado.

27Entonces los soldados del presidente llevaron á Jesús al pretorio, y juntaron á él toda la cuadrilla;

28Y desnudándole, le echaron encima un manto de grana;

29Y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; é hincando la rodilla delante de él, le burlaban, diciendo: ¡Salve, Rey de los Judíos!

30Y escupiendo en él, tomaron la caña, y le herían en la cabeza.

31Y después que le hubieron escarnecido, le desnudaron el manto, y le vistieron de sus vestidos, y le llevaron para crucificarle.

32Y saliendo, hallaron á un Cireneo, que se llamaba Simón: á éste cargaron para que llevase su cruz.

33Y como llegaron al lugar que se llamaba Gólgotha, que es dicho, El lugar de la calavera,

34Le dieron á beber vinagre mezclado con hiel: y gustando, no quiso beber lo

35Y después que le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando suertes: para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta: Se repartieron mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.

36Y sentados le guardaban allí.

37Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESUS EL REY DE LOS JUDIOS.

38Entonces crucificaron con él dos ladrones, uno á la derecha, y otro á la izquierda.

39Y los que pasaban, le decían injurias, meneando sus cabezas,

40Y diciendo: Tú, el que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate á ti mismo: si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz.

41De esta manera también los príncipes de los sacerdotes, escarneciendo con los escribas y los Fariseos y los ancianos, decían:

42á otros salvó, á sí mismo no puede salvar: si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él.

43Confió en Dios: líbrele ahora si le quiere: porque ha dicho: Soy Hijo de Dios.

44Lo mismo también le zaherían los ladrones que estaban crucificados con él.

45Y desde la hora de sexta fueron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona.

46Y cerca de la hora de nona, Jesús exclamó con grande voz, diciendo: Eli, Eli, ¿lama sabachtani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

47Y algunos de los que estaban allí, oyéndolo, decían: A Elías llama éste.

48Y luego, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la hinchió de vinagre, y poniéndola en una caña, dábale de beber.

49Y los otros decían: Deja, veamos si viene Elías á librarle.

50Mas Jesús, habiendo otra vez exclamado con grande voz, dió el espíritu.

51Y he aquí, el velo del templo se rompió en dos, de alto á bajo: y la tierra tembló, y las piedras se hendieron;

52Y abriéronse los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;

53Y salidos de los sepulcros, después de su resurrección, vinieron á la santa ciudad, y aparecieron á muchos.

54Y el centurión, y los que estaban con él guardando á Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, diciendo: Verdaderamente Hijo de Dios era éste.

55Y estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido de Galilea á Jesús, sirviéndole:

56Entre las cuales estaban María Magdalena, y María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

57Y como fué la tarde del día, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, el cual también había sido discípulo de Jesús.

58Este llegó á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús: entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo.

59Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia,

60Y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña: y revuelta una grande piedra á la puerta del sepulcro, se fué.

61Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro.

62Y el siguiente día, que es después de la preparación, se juntaron los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos á Pilato,

63Diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré.

64Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el día tercero; porque no vengan sus discípulos de noche, y le hurten, y digan al pueblo: Resucitó de los muertos. Y será el postrer error peor que el primero.

65Y Pilato les dijo: Tenéis una guardia: id, aseguradlo como sabéis.

66Y yendo ellos, aseguraron el sepulcro, sellando la piedra, con la guardia.


Reina-Valera Antigua (RVA)
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Wednesday, August 26, 2009

Por fe ganaron reinos, obraron justicia, alcanzaron promesas...


23Por fe Moisés, nacido, fué escondido de sus padres por tres meses, porque le vieron hermoso niño; y no temieron el mandamiento del rey.

24Por fe Moisés, hecho ya grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón;

25Escogiendo antes ser afligido con el pueblo de Dios, que gozar de comodidades temporales de pecado.

26Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los Egipcios; porque miraba á la remuneración.

27Por fe dejó á Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible.

28Por fe celebró la pascua y el derramamiento de la sangre, para que el que mataba los primogénitos no los tocase.

29Por fe pasaron el mar Bermejo como por tierra seca: lo cual probando los Egipcios, fueron sumergidos.

30Por fe cayeron los muros de Jericó con rodearlos siete días.

31Por fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los incrédulos, habiendo recibido á los espías con paz.

32¿Y qué más digo? porque el tiempo me faltará contando de Gedeón, de Barac, de Samsón, de Jephté, de David, de Samuel, y de los profetas:

33Que por fe ganaron reinos, obraron justicia, alcanzaron promesas, taparon las bocas de leones,

34Apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de cuchillo, convalecieron de enfermedades, fueron hechos fuertes en batallas, trastornaron campos de extraños.

35Las mujeres recibieron sus muertos por resurrección; unos fueron estirados, no aceptando el rescate, para ganar mejor resurrección;

36Otros experimentaron vituperios y azotes; y á más de esto prisiones y cárceles;

37Fueron apedreados, aserrados, tentados, muertos á cuchillo; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados;

38De los cuales el mundo no era digno; perdidos por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.

39Y todos éstos, aprobados por testimonio de la fe, no recibieron la promesa;

40Proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen perfeccionados sin nosotros.


Hebreos 11:-23-40.
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Wednesday, May 6, 2009

Juan Hus: El Hereje de Bohemia


Juan Hus: El Hereje de Bohemia ( Hus the Bohemian Heretic [Spanish] ) · March 01, 2009
Queridos amigos:

Nuevamente cordiales saludos cristianos del Ministerio Guarda la Fe para usted y su familia. Espero que este año ya haya sido de bendición para usted en la causa del Señor y que haya tenido la oportunidad de animar a alguna alma a transitar el camino que lleva al cielo. Estamos viviendo en el tiempo del fin y es muy impor-tante que recordemos que a medida que nos acercamos al fin del tiempo y a la segunda venida de Jesús, muchos de nosotros experimentaremos lo que los hom-bres y mujeres fieles del pasado, pasaron como pruebas de su fe. Es mi oración que el mensaje que usted va a escuchar hoy pueda llenar su corazón de amor hacia la verdad de Dios y Su causa.

Gracias una vez más por sus oraciones y por su apoyo al Ministerio Guarda la Fe. Estamos muy agradecidos por la manera en que el Señor nos ha dirigido el año pasado. Nuestro propósito en el Ministerio Guarda la Fe es advertir a las personas de la inminente crisis y animarlos para que se preparen. Esperamos que este año podamos alcanzar a Brasil. Ya tenemos traductores, un estudio de grabación, y hemos establecido negociaciones con Bancos y con el Correo. Esperamos poder expandir rápidamente el Ministerio Guarda la Fe a miles de personas de habla Portuguesa, los cuales jamás han escuchado acerca del cumplimiento profético en estos últimos días. Estamos orando para que esto se disemine como fuego en el rastrojo. Sabemos que expandirnos en nuevos campos como éste, es un desafío costoso. Sin embargo, hemos aprendido a confiar en el Señor para obtener los recursos. Estoy muy emocionado por las oportunidades que ofrecen nuestros pe-queños predicadores misioneros, nuestros CDs. Ellos pueden llegar donde los predicadores humanos no pueden hacerlo. Y al parecer Dios quiere que esto se lleve a cabo ahora. Rogamos que oren por este proyecto y especialmente por aquellas miles de personas que van a conocer la verdad para este tiempo y así puedan prepararse para la crisis.

Este mes he decidido hacer algo un poquito diferente de lo acostumbrado. Pero creo que usted va a entender. Espero que el tema de hoy le dé ánimo y esperan-za. La historia de Juan Hus es un tipo de los tiempos que tal vez muchos de noso-tros vamos a enfrentar en un futuro cercano. Es una historia acerca de la vida y el carácter de un hombre a quien Dios usó para despertar en los corazones humanos, el amor por la verdad en un tiempo en que ésta era pisoteada en el polvo. Es la historia de un hombre que se mantuvo firme a los principios, que se rehusó a seguir el juego de aquellos que estaban decididos a ser políticamente correctos dentro de su iglesia, y que dio su vida por una causa que estaba mucho mas allá del espacio.

El libro de Hebreos nos revela un cuadro de hombres y mujeres fieles que dieron sus vidas en humilde servicio a Dios. En el capítulo 11, versículo 32 en adelante dice: “¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Ba-rac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas, que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de la debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranje-ros. Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada, an-duvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, an-gustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los de-siertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra”.

¡Qué descripción de tantas almas fieles que se atrevieron a oponerse a las hues-tes satánicas! ¿Cree Usted que vendrá un tiempo cuando sea necesario hacer es-to nuevamente? Yo creo que ese tiempo ya ha llegado, por lo menos en algunos lugares del mundo. Sin embargo, la mayoría del pueblo de Dios no espera que los alcance. ¿Cómo pueden pensar así, si realmente no entienden el mensaje para este tiempo? Si el mensaje no es parte de la pasión de sus almas, ¿cómo podrán estar deseosos de sacrificarse por el mensaje, y hasta a dar sus vidas? Parece ser que en muchas partes del mundo hoy, no hay ninguna prueba para nuestra fe, ninguna prueba de carácter, y consecuentemente no hay ningún testimonio, ni ante los hombres ni ante los ángeles, de la poderosa verdad que el cielo ama en-trañablemente. Permítame preguntarle: ¿Es usted una de esas personas que se describen en estos versículos? ¿Es su experiencia con Cristo tan fuerte que usted está dispuesto a dar su vida por su fe?

Por favor vea los siguientes versículos. Los versículos 39-40 dicen: “Y todos és-tos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometi-do; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros”.

Piense en esto. ¿Qué quiere decir que Dios ha provisto algo mejor para nosotros? Vean esto, Jesús ha ordenado que los que estén vivos al final del tiempo pasarán por la más difícil de todas las circunstancias. Su fe será probada hasta el límite. Su valentía será probada. Bajo la burla universal, muchos serán llevados a dar sus vidas debido a su fe. Los héroes del pasado, descansan en sus tumbas espe-rando por nosotros. Dios los ha perfeccionado, pero desea sinceramente llevarnos con ellos a la perfección.

Escuche esta cita de El Conflicto de los Siglos p. 680. “El ‘tiempo de angustia, cual nunca fue después que hubo gente’ se iniciará pronto; y para entonces nece-sitaremos tener una experiencia que hoy por hoy no poseemos y que muchos no pueden lograr debido a su indolencia. Sucede muchas veces que los peligros que se esperan no resultan tan grandes como uno se los había imaginado; pero éste no es el caso respecto de la crisis que nos espera. La imaginación más fecunda no alcanza a darse cuenta de la magnitud de tan dolorosa prueba. En aquel tiempo de tribulación, cada alma deberá sostenerse por sí sola ante Dios”.

A muchos no les gusta escuchar estas cosas porque suenan negativas. Pero cuando usted observa la historia, puede ver que cada héroe de la Biblia y cada héroe subsiguiente de la historia siempre ha sido puesto como una luz negativa por la iglesia de sus días. Esa es la verdadera naturaleza de la verdad. Tenemos que despertar a aquellos que están a nuestro alrededor compartiendo con ellos lo que Dios ha dicho que sobrevendrá al mundo. Muchos de entre nosotros no creen en lo que dicen las Escrituras. De manera que solo quieren escuchar acerca del amor y de la unidad. Por eso muchos no quieren escuchar acerca de lo que se les pide para cambiar sus vidas y así poder prepararse para el cielo.

Pero esto es lo que Dios dice que va a suceder. Escuche lo que dice El Conflicto de los Siglos p. 684. “Pero muchos seres humanos de todas las naciones y de to-das clases, grandes y pequeños, ricos y pobres, negros y blancos, serán arrojados en la más injusta y cruel servidumbre. Los amados de Dios pasarán días penosos, encadenados, encerrados en cárceles, sentenciados a muerte, algunos abandona-dos adrede para morir de hambre y sed en sombríos y repugnantes calabozos. Ningún oído humano escuchará sus lamentos; ninguna mano humana se apronta-rá a socorrerlos”.
Este es el futuro, mis amigos… Sería mejor que pensáramos en ello, porque si lo ignoramos, ciertamente seremos vencidos por la irresistible tentación.

Aquí hay otra declaración de Manuscritos vol. 10, de Elena G. de White: “Debido a su santa integridad y la inquebrantable adherencia a los mandamientos de Dios, Noé fue realmente considerado singular y fue objeto de desprecio y de burla al responder a los reclamos de Dios sin cuestionar nada. ¡Qué contraste con la in-credulidad prevaleciente y con la negligencia universal para con Su ley!”

¿Hay hoy muchas personas que no toman la Palabra de Dios tal como está escrita sin cuestionarla? Por supuesto. Esta es una de las características de nuestra épo-ca y es una señal del fin del tiempo. Noé fue despreciado porque tomó la Palabra de Dios sin cuestionarla. Él tenía una fe inquebrantable en la Palabra de Dios. Lo que Dios dijo que iba a suceder, él creía que realmente iba a suceder, aun cuando llevase mucho tiempo.

¿Usted cree que nuevamente vendrá un tiempo de angustia sobre la tierra en el fin del tiempo? Ciertamente así será. Las Escrituras están llenas de advertencias para el pueblo de Dios en estos últimos días. La historia también nos dice que las escenas que ya han sucedido se repetirán nuevamente.

Veamos entonces una de las historias más fascinantes, la de un hombre cuyo porte espiritual aun permanece en pie y cuya vida es un ejemplo para nosotros, “para quienes el fin del mundo ha llegado”. Yo soy profesor de historia y he aprendido a apreciar la historia como una guía, porque la historia se repite. Las lecciones que podemos aprender de ella, son incalculablemente valiosas.

Juan Hus se ha convertido, tal vez, en mi reformador favorito. Su poderoso testi-monio está entre los más admirables de la historia. Su fidelidad y su constancia entre la corrupción moral de sus días son extraordinarias. Su lealtad a Dios, aun cuando fue amenazado de muerte es un poderoso ejemplo para mí y para usted.

La Reforma Protestante era en cierto sentido como una cosecha. Después de to-do, los Valdenses estuvieron haciendo su trabajo durante 1000 años, sembrando semillas de confianza en la Palabra de Dios y de desconfianza en las palabras de los sacerdotes y de los Papas. La Reforma llegó al mundo sorpresivamente, al menos para los ojos humanos. Pero en realidad era la culminación de la gran cau-sa que durante siglos había estado desarrollándose con cautela, avanzando sigilo-samente en los corazones y en las mentes de millones de almas cuya única espe-ranza era la de alcanzar alguna alma que aun ignoraba la verdad y quebrar los grilletes de Roma.

La Reforma Protestante era especialmente como una primavera espiritual. Vino después de un gran invierno espiritual de 1000 años. Hizo mucho para hacer flo-recer la mente humana con belleza y esplendor. Abrió el camino para que la Biblia tuviese influencia entre el pueblo de Dios. Plantó muchas semillas que florecerían más tarde y proveyó la base para el último y gran mensaje al mundo.

El Gran Esposo había preparado el terreno del pensamiento humano para un gran cambio. Había llegado el tiempo de comenzar el proceso de liberar las fuerzas es-pirituales que ninguna autoridad humana podía impedir. Durante el siglo XIV, Dios levantó a un hombre intrépido cuya voz resuena hasta hoy. Juan Wiclef sa-cudió las puertas de Roma con poderosas denuncias de su corrupción y levantó en su lugar la Palabra de Dios ante los Ingleses. Uno de sus grandes principios era la separación de iglesia y estado. Él pudo ver que una gran parte del proble-ma espiritual era que la iglesia controlaba al estado. Wiclef decía que el Papa te-nía que limitar su dominio solo al plano espiritual. “El Papa debe dejarle el poder y el dominio temporal, al gobierno secular”, dijo él, “y después de ello dedicarse a exhortar eficazmente a todo el clero; porque así lo hizo Cristo, y especialmente a través de sus apóstoles”. Esto está en el libro de Juan Foxe, Hechos y Monumen-tos, Vol. 3, página 49. (en inglés).

Wiclef reveló el inmenso contraste entre Cristo y el sistema papal. Sus escritos se diseminaron por todas partes, y muchas personas estaban convencidas de la ver-dad de la Biblia y de la necesidad de un cambio. Aunque la controversia giraba a su alrededor, Wiclef demostró gran humildad, sin embargo descansaba sobre él un poder que nadie podía negar. Dios estaba con él, y nada podía detener la po-derosa fuerza que él desencadenó. “Fue con Wiclef que la libertad comenzó en Inglaterra”, dice J. A. Wylie en su Historia del Protestantismo. Sí, la Carta Magna tuvo algo que ver como 100 años antes de Wiclef. Pero lo que realmente produjo el cambio espiritual, fue la Biblia. La vida de Wiclef fue para levantar la Biblia co-mo la Autoridad de los cielos y de la tierra. Wiclef le dio a Inglaterra la Carta Magna Divina, y esto abrió el camino para que otras generaciones avanzaran en la verdad y en la justicia. Imagine los ceños fruncidos en Roma a medida que contemplaban el impacto de Juan Wiclef en las personas. El Papa implementó una denuncia contra él y lo sentenció a muerte. Pero Dios tenía otros planes y lo pro-tegió hasta que le dio a Inglaterra la Biblia en su propio idioma y hasta que colocó en movimiento, fuerzas que eventualmente abrirían la puerta a un completo corte de relaciones con Roma. Entonces, cuando su trabajo estuvo terminado, Él permi-tió que Su siervo descansara antes que los prelados pudieran colocar sus manos sobre él.

Pero tan pronto como Wiclef había desaparecido de la escena de acción, Dios le-vantó otro poderoso testigo de la verdad. El gran drama comenzaba a desarro-llarse en Bohemia, donde ahora está la Republica Checa. Vean en un Atlas su ubi-cación al Este de Europa.

Allí en 1373 en Husinec nació Juan Hus, en un humilde hogar. Su padre murió cuando Hus era joven, y su piadosa madre, como muchas madres en aquel en-tonces, quería que su hijo tuviese una educación en la Universidad de Praga, y esperaba que él pudiese dedicar su vida a Dios y que fuese un sacerdote. Mien-tras el niño crecía ella se arrodillaba al lado de su hijo y le pedía a Dios que lo bendijera grandemente. Poco podía saber ella cuánto iba a significar esa bendi-ción para ella si hubiese vivido para verlo.

Juan Hus tenía excelentes talentos los cuales se fueron desarrollando y expan-diendo con el estudio. Tenía una gran sed por el conocimiento, y esta pasión jun-to a su dulce disposición lo llevó a que todos los que lo conocían lo apreciaran. Cuando él completó sus estudios de teología, comenzó a trabajar en la iglesia donde rápidamente se distinguió. Se volvió famoso y eventualmente se relacionó con la corte del rey Wenceslao como confesor de la reina Sofía de Baviera.

Mientras estaba en la Universidad había estudiado ardientemente los escritos de Wiclef, pero sin embargo era un apasionado y devoto de la Iglesia de Roma. En 1402 fue nombrado sacerdote de la capilla de Belén en Praga. En aquellos días, mientras la Iglesia de Roma ganaba fuerza en el Occidente, la parte Oriental de Europa no estaba tanto bajo su control. Aquí en Bohemia, tenían la Biblia en el idioma del pueblo y se predicaba abiertamente en las iglesias.

Los sermones de Hus eran poderosos. La condición moral del pueblo era baja. Haciendo referencia a Comenio, J. A. Wylie escribe que “el rey, los nobles, los prelados, el clero, los ciudadanos, eran indulgentes sin restricciones en avaricia, orgullo, bebidas, lascivia, y en toda disolución”.

Hus era como su conciencia. Él fundamentó todas sus predicaciones basado en la Palabra de Dios. “Una vez era contra los prelados, después contra los nobles, y después contra el clero común, contra los cuales lanzaba sus amonestaciones”, escribe Wylie. “Estos sermones parecían beneficiar tanto al predicador como a los oyentes, porque fue durante su preparación y su predicación que Hus pudo des-pertar internamente”.

Siempre que ustedes estudien y prediquen la Palabra de Dios, mis amigos, inevi-tablemente descubrirán la fuente de la corrupción en la iglesia y en la sociedad. Hus entendía que la corrupción moral estaba relacionada con las doctrinas disolu-tas de la iglesia. De tal manera que trabajó diligentemente para restaurar la Pa-labra de Dios en el pueblo de Bohemia, esperando reformar tanto la iglesia como la sociedad. Hus desarrolló un movimiento, si usted así lo quiere, que llevaría al pueblo a una mayor piedad. Pero Hus no pudo discernir el verdadero carácter de este movimiento y no pudo entender en su tiempo, hacia dónde lo llevaría. Este es a menudo el caso cuando los siervos de Dios comienzan a llevar a cabo su ta-rea.

Hus colocó la Biblia sobre la autoridad del Papa y de los prelados. Siempre que ustedes hagan eso, mis amigos, se colocan en contra de los puntos de vista reli-giosos prevalecientes. Y esto a menudo lleva a controversias y conmoción. Pero este es el propósito de Dios. No acepten el statu quo porque es muy peligroso al-terar el sistema religioso. Tenemos que ser leales a la Palabra de Dios. Tiene que tener prominencia sobre todas las opiniones terrenales.

La Gran Reforma fue una gran controversia ordenada y sostenida por el Dios del cielo. Muchas personas, aun hoy, quieren permanecer en una feliz y dichosa igno-rancia con relación a la crisis venidera. No quieren pensar acerca del tiempo de angustia que inevitablemente vendrá sobre el mundo. Prefieren dormir durante el tiempo de preparación antes que moverse y cambiar sus malos caminos. Y a me-nudo son animados por líderes de iglesia a permanecer en su ignorancia. “Dejen estas controversias para los teólogos”, se les dice. “Dejen que ellos las estudien y les digan en qué creer”. Aquí hay otra más: “No se preocupen con la reforma de salud. Es muy fácil volverse fanático. Y usted no quiere ser un fanático”. ¿Qué tal esta otra?: “No escuche a los predicadores condenadores y pesimistas. El tiempo de angustia está muy lejos. Las leyes dominicales no vendrán muy pronto. Jesús te ama y te perdona y eso es todo lo que tiene que preocuparte”. Hay una más la cual no puedo dejar de citar. “No se preocupe con las innovaciones en la iglesia, como las bandas musicales de adoración, el tomar café, y los graciosos. Tranqui-lícese y sepa que está perdonado. No sea legalista. Necesitamos estas cosas para mantener a los jóvenes en la iglesia, y estar en sintonía con la sociedad moder-na”.

¿Han escuchado alguna vez este tipo de pensamientos? Tal vez sean dichos con palabras un poco diferentes. Pero la idea es la misma. A menudo las prácticas prevalecientes están claramente contra la Palabra de Dios. Nosotros no hablamos de eso, porque levantaría mucha oposición y se nos acusaría de traer problemas y desunión en la iglesia. Tal vez usted tiene miedo de hablar contra esas cosas que están erradas. Si así fuere, ore y pídale a Dios para que le dé fortaleza de tal ma-nera que pueda ser fiel, no importa cuáles sean las consecuencias.

Jerónimo de Praga también había visitado Inglaterra y había traído consigo a Bo-hemia los escritos de Juan Wiclef. Esto influenció grandemente a Juan Hus. Pero ahora otra conexión con Inglaterra y Wiclef entró en la vida de Hus. Ana, la her-mana del rey, se casó con Ricardo II de Inglaterra y esto aumentó la relación en-tre ambos países. Cuando Ana murió, las damas Bohemias de su corte volvieron a casa con los escritos de Juan Wiclef entre sus pertenencias. Nuevamente Juan Hus, estando tan cerca de la corte real, fue confrontado con los fieles escritos de Wiclef. Nuevamente el Espíritu Santo impresionó su mente con las verdades que Wiclef había escrito.
Un día dos extranjeros ingleses llegaron a Praga. Jaime y Conrado, ambos eran graduados en la Universidad de Oxford en Inglaterra y eran seguidores del evan-gelio tal como era proclamado por Juan Wiclef. Ellos habían venido a diseminar la verdad. Su intención era iniciar algunos debates, de tal manera que se instalaron en un lugar público y comenzaron a “destronar al Papa”. Estas “discusiones públi-cas” muy pronto llegaron a los oídos de las autoridades y fueron silenciados.

Ellos comenzaron a meditar en lo que podrían hacer ahora. Ellos habían estudiado artes y teología, de tal manera que obtuvieron un permiso del huésped donde es-taban viviendo, para usar dos paredes en el corredor de la casa. Wylie lo explica de esta manera. “En una de las paredes ellos pintaron la humilde entrada de Cris-to a Jerusalén, ‘manso y montando un asno’. En la otra colocaron la magnificencia de una más que real cabalgata pontifical. Allí se podía ver al Papa, adornado con una triple corona, ataviado con vestiduras resplandecientes de oro, y todo brillan-do con piedras preciosas. Él cabalgaba orgullosamente sobre un caballo ricamente adornado, con trompeteros que proclamaban su venida, y un brillante séquito de cardenales y obispos lo seguían en su retaguardia”.

Este sermón gráfico impresionó grandemente al pueblo de Bohemia. Muchos vi-nieron a ver estas pinturas y comentaron acerca del pobre estado de Cristo en comparación con la altivez y orgullo del sacerdote de Roma. Esto, creó una gran excitación, tanto que los extranjeros ingleses decidieron dejar Praga. Habían hecho una poderosa obra. Juan Hus también fue a mirar las pinturas, y el impacto que le causó lo hizo estudiar más profundamente los escritos de Wiclef. Dios se estaba moviendo silenciosamente y preparando a su siervo para trabajar más abiertamente por la verdad y contra la falsedad de sus días.

¿Cree usted que Dios se está moviendo también hoy, preparando hombres y mu-jeres para que terminen la proclamación del Evangelio que llevará la última ad-vertencia al mundo? Ciertamente que así es. Él trabaja por detrás de las escenas para despertar el alma y entrenar la mente de los hombres y de las mujeres para que puedan obtener un efecto poderoso. Entonces Él desarrolla circunstancias que los lanza “sorpresivamente” al campo de la controversia donde ellos pueden proclamar Su verdad más completamente.

Esta vez, el estudio de los escritos de Juan Wiclef causaron una impresión mucho más poderosa en la mente de Hus. Fue como una poderosa luz que de repente ilumina un cuarto oscuro. Wylie dice: “El predicador Bohemio había apelado a la Biblia, pero no se había inclinado ante ella con la absoluta y franca sumisión del pastor Inglés. Para destituir la jerarquía, y reemplazarla con el simple ministerio de la Palabra; para barrer con todas las enseñanzas de la tradición, y colocar en su lugar las doctrinas del Nuevo Testamento, era una revolución para la cual… Hus no estaba preparado”.

En este tiempo había una controversia en la Universidad de Praga y muchos estu-diantes alemanes dejaron la Universidad y volvieron a su país. Pero muchos habí-an sido influenciados por Juan Hus y llevaron consigo las verdades del evangelio a su país natal. Observe como Dios movió la verdad de lugar en lugar. Él permitió que sucedieran cosas en los lugares donde estaban concentradas muchas perso-nas, para que éstas se dispersaran y así pudiesen influenciar otros lugares. Él es-tá trabajando bajo el principio de la multiplicación.

Hus fue escogido para ser el rector de la Universidad. Ahora podía diseminar las doctrinas de la reforma más fácilmente. Pero cuando el Papa escuchó acerca de lo que estaba sucediendo en Praga, promulgó una bula papal contra aquellos que predicasen las nuevas doctrinas de Wiclef. Más de 200 libros de Wiclef fueron pú-blicamente quemados en una calle de Praga.

Esta quema de libros encendió el celo de Hus. Él predicó contra las indulgencias y contra los abusos de los líderes de la iglesia (de paso, puede ser que usted no es-té sabiendo esto, pero Roma aun ofrece indulgencias hoy día en 2009). El Papa citó a Hus para que respondiera por sus doctrinas personalmente. Si Hus hubiese obedecido a esta cita, habría sido asesinado. Todos sabían que esto iba a ser el fin de Hus. El Rey y la Reina, la Universidad, y los nobles de Bohemia le enviaron una solicitud conjunta al Papa pidiéndole que escuchara a Hus en Praga en vez de hacerlo en Roma. El Papa rehusó atender esta solicitud y condenó a Hus en su ausencia y colocó a Praga bajo interdicto.

El interdicto era algo terrible para las personas en aquel tiempo. Las iglesias eran cerradas. Las imágenes en las calles eran cubiertas con tela de arpilleras o eran dejadas en el suelo. No se podía efectuar ningún sepelio en los cementerios sa-grados de las iglesias. Los casamientos no podían ser solemnizados. Todos eran excomulgados de hecho. Todos en Praga entraron en pánico. “¡Arrojemos fuera al rebelde”, era el grito de muchos, “antes que perezcamos!”

La controversia y el tumulto hicieron que Hus abandonara Praga y se fuera a su hogar en Husinec. Aquí él tenía la protección del Noble, señor del territorio. Hus viajó por toda esa área enseñando y predicando en los pueblos y en las villas. De esta manera, ganó muchos seguidores a la verdad del evangelio, especialmente debido a su vida santa. Los Reformadores, mis amigos, siempre tienen que tener una vida santa si es que son verdaderos reformadores.

No obstante, Hus tenía muchos conflictos en su mente. Aun creía en la autoridad de la Iglesia de Roma. Aun creía que era la novia de Cristo y que el Papa era el representante de Cristo en la tierra. Si la iglesia era la autoridad de Cristo en la tierra, ¿por qué era empujado a desobedecerla?

Me atrevo a decir que es el mismo conflicto que muchos tienen en sus mentes hoy día. Creen que la iglesia está correcta en todas las cosas. Piensan que la igle-sia posee autoridad y que tienen que obedecerle o por lo menos ir con ella. Pero cuando una iglesia va más allá de la Palabra de Dios y requiere cosas que no son requeridas en Su Palabra, o cuando la iglesia hace cosas que están prohibidas o que no están autorizadas en la Palabra de Dios, los miembros están autorizados, por la Palabra de Dios, a desobedecer y aun a resistir estos requerimientos. Des-pués de todo, cuando hacemos evangelismo, le estamos enseñando a las perso-nas a obedecer a la Palabra de Dios por sobre la autoridad de sus pastores o sa-cerdotes. La primacía de la Biblia siempre ha estado en el centro del problema a través de toda la historia. Satanás siempre ha tratado de usar a sus agentes para minimizar o para destruir la confianza en la Palabra de Dios; mientras que por otro lado, los siervos de Dios siempre han tratado de levantar la autoridad de la Palabra por sobre la autoridad del hombre. Esto a menudo les acarrea grandes problemas, tal como le sucedió a Juan Hus.

Hus quedó convencido que Dios, hablándole a la conciencia a través de la Biblia, es la única guía infalible de los hombres. Este es el principio de Protestantismo. Y por la providencia de Dios, Hus no entendió hacia dónde lo iba a llevar todo esto. Si lo hubiese entendido, se habría echado atrás en su trabajo.

Finalmente las cosas se calmaron Praga. Hus volvió y nuevamente estuvo en el púlpito de la Capilla de Belén. Esta vez él fue más osado que nunca al predicar contra la tiranía de los sacerdotes al prohibir la libre predicación del Evangelio. Esto creó otra tempestad. Fuerzas poderosas estaban ahora unidas contra él, y parecía que lo iban a silenciar. Pero los sacerdotes les temían a las personas por-que Hus era muy popular. Mientras Hus predicaba, la indignación popular contra los sacerdotes crecía diariamente. Los sacerdotes se sentían horrorizados de ser expuestos debido a sus maldades, su impureza y pretendida piedad. Los discípu-los de Hus crecían cada vez más. Sus defensores se volvieron más decididos para protegerlo.

Pero en medio a este tumulto, y con amigos a su alrededor, Hus estaba solo. No había nadie que pudiese estar a su lado en el ministerio. No había nadie en quien pudiese confiar para que lo ayudara en su obra. Así es que Dios le envió a Jeró-nimo, un caballero Bohemio que había estudiado en Oxford y que había estudiado los escritos de Wiclef. Ahora Jerónimo se unió a la obra.

Roma estaba enojada con las doctrinas de Hus y decidió moverse contra él. Pero surgió una controversia entre tres hombres que creían que cada uno de ellos era el Papa. Eran Juan XXIII, Gregorio XII y Benedicto XIII. Los tres decían ser infali-bles. Cada uno de ellos denunciaba a los otros dos como herejes, demonios y el anticristo. Europa estaba confundida y cayó en la anarquía. Cada uno de ellos le-vantó ejércitos contra los otros dos. Para conseguir dinero para equipar a sus ejércitos, cada uno de ellos elaboró perdones, indulgencias y dispensaciones. Los sacerdotes siguieron el ejemplo de los Papas y se enriquecieron de la misma ma-nera. Wylie escribe: “La verdad, la justicia, y el orden desaparecieron de entre los hombres, la fuerza era el árbitro en todas las cosas, y no se escuchaba otra cosa que el sonido de las armas y el suspiro de las naciones oprimidas, mientras que sobre la disensión surgió la furiosa voz de los Papas rivales que frenéticamente lanzaban anatemas unos a los otros”. En aquellos tiempos espantosos, los ojos de muchos fueron abiertos y vieron el orgullo espiritual y la impiedad, y anhelaban la paz. Juan Hus vio que la iglesia estaba completamente corrompida. Él proclamó con voz de trueno que ninguno de los tres impostores estaban en lo correcto. To-dos eran el anticristo. Levantó su voz contra todos los abusos que pudo ver.

En 1413 el nuevo emperador Segismundo llamó a una reunión de comité de igle-sia, un concilio que iría a manejar la controversia y la guerra entre los tres Papas, y también le pondría fin a la herejía de Hus. Él tenía cosas más serias que aten-der, tal como las huestes Musulmanas que se estaban reuniendo en la frontera oriental del imperio. Pero mientras continuaban estos asuntos de estado, él sabía que los Musulmanes sacarían ventaja de la debilidad general y los conflictos del imperio.

Segismundo presionó a Juan XXIII para que convocase al concilio. El Papa Juan estaba alarmado. Solamente uno de los antipapas permanecería y él presentía que sería uno de los depuestos. Después de todo, él era culpable de muchos crí-menes y vivía con miedo de ser asesinado. Pero no tenía ninguna otra opción. Tenía que cooperar con el emperador.

Cuando el concilio se realizó en Constanza al sur de Alemania, había una gran asamblea de muchas naciones. Quiero que usted entienda el tamaño del concilio. Esto competiría con muchas reuniones modernas. Había “treinta cardenales, vein-te arzobispos, ciento cincuenta obispos, y otros tantos prelados, una multitud de Superiores de abadías y doctores, y mil ochocientos sacerdotes se juntaron en obediencia para la convocatoria del emperador y… el Papa Juan XXIII”, relata Wy-lie. Pero ese es apenas el comienzo. De acuerdo con Lenfant y su Historia del Concilio de Constanza, “Solamente el Papa tenía 600 personas en su séquito; los cardenales tenían 1200; los obispos, arzobispos, y superiores, entre 4000 y 5000. Había 1200 escribas, aparte de sus siervos, etc.” Esta era una enorme asamblea. Todos tenían que dormir, alimentarse y bañarse en y en los alrededores de la ciudad de Constanza. (Vol.1, página 83).

En contraste con toda esta pompa y orgullo, el humilde Juan Hus se dirigió al concilio con apenas algunas personas. Llevó consigo algunos documentos impor-tantes, siendo el más importante de ellos el salvoconducto firmado por el empe-rador Segismundo. Este salvoconducto era requerido como una protección para Hus por enemigos que pudieran tratar de detenerlo, o de asesinarlo. Él estaba protegido por la milicia del emperador. También significaba que los gobiernos lo-cales a lo largo del camino lo dejarían pasar libremente sin obligaciones aduane-ras o cualquier otra exigencia. Él tenía que ir al concilio y volver en el nombre y bajo la protección del emperador sin molestia de ninguna especie.

Hus no viajaría sin ese salvoconducto, pero él no confió solamente en eso. Él con-fió en el Único que podía darle un salvoconducto si así era Su voluntad. Él le es-cribió a un amigo, dice Wylie, “Confío plenamente en el Dios todopoderoso, en mi Salvador; él me va a conceder Su Espíritu Santo para fortalecerme en Su verdad, de tal manera que pueda enfrentarme valientemente con las tentaciones, con la prisión, y si fuese necesario, con una muerte cruel”.

“En aquella asamblea [en Constanza]”, escribió Wylie, “[estaba] el ilustre erudito, Poggio: … secretario de varios Papas, ‘a quien’, se había comentado, ‘la providen-cia lo había colocado cerca de la fuente de tantas iniquidades con el propósito de descubrirlas y estigmatizarlas…”. Poggius Bracciolini era entonces el mensajero papal que le llevó la convocatoria papal a Juan Hus en Praga, ordenándole apare-cer en el Concilio de Constanza. Entonces Poggius viajó con él a Constanza. Él es-cribió algunas cartas acerca de sus impresiones del concilio y en particular sobre el hombre Juan Hus y su juicio.

Me gustaría leer algunos extractos de sus largos registros para mostrarle cuán mal estaban las cosas y cuán piadoso era Juan Hus. Ahora estos registros están en forma de libro y han hecho que Juan Hus sea mi reformador favorito. De paso, ya que estamos en el asunto de libros, si usted desea obtener una inspiración ab-soluta, le recomiendo el libro de J. A. Wylie, History of Protestantism, (Historia del Protestantismo, en inglés). Es uno de los libros más fascinantes y elevadores que existe para leer. Le mostrará la mano de Dios por detrás de las escenas como también las características del drama. Ha estado fuera de circulación por varios años hasta recientemente, cuando Publicaciones Hartland lo volvió a imprimir. Usted puede llamar en los Estados Unidos al teléfono (1-540) 672-3566. Aunque es grande, no es caro en relación con su tamaño. Es uno de aquellos libros que vale cada centavo que usted paga. Le repito el teléfono: (1-540) 672-3566. Tam-bién puede escribir a Hartland Institute, P.O. Box 1, Rapidan, VA, 22733, USA.

El relato personal de Poggius en relación con el juicio de Juan Hus es el más im-presionante que jamás haya leído. Está en la forma de dos cartas a su amigo Ni-kolai, y contiene una de las descripciones gráficas más detalladas de aquel conci-lio y de su comportamiento, como también la traición que entregó a Juan Hus a sus enemigos. Pero tal vez la parte más importante de su relato es el cambio que se operó en el corazón de Poggius con relación a Hus. Permítanme leerles un po-co.

“Cuando las noticias llegaron a Constanza, un gran tumulto proclamaba ‘¡Hus, el archi-hereje ha llegado!’, y nadie quería esperar el día que Hus caminase abier-tamente a través de las calles de Constanza hacia el Concilio…”.

Hus tenía que aparecer para una audiencia preliminar ante los obispos. “Él apenas conseguía pasar su largo cuerpo a través de las masas del populacho, porque habían muchos curiosos, mientras que algunos de ellos, aquí y allí, le daban la mano profundamente preocupados, otros lo animaban. Algunos sentían la necesi-dad de hacerle algunas preguntas acerca de sus nuevas enseñanzas, a las cuales él respondía en forma precisa, sin presunción. Pero este procedimiento hizo que sus jueces se alineasen en su contra, porque no querían que las personas lo co-nocieran ni lo escucharan, y menos de sus de sus propias debilidades. Por esta razón el Delegado Romano y el Monseñor Zilliciri lo reprendieron furiosamente, como si fuese un demagogo y un renegado hacedor de maldad, lleno de malicia y de hipocresía. Hus se defendió y dijo: ‘¿Dónde he fallado tan mal y he transgredi-do, que vuestra Majestad me amonesta tan severamente? ¿No es un deber res-ponder cuando un hermano ciego pregunta con humildad cristiana: ¿dónde está el camino? ¿No debo mostrarle el camino como yo lo veo? Así Dios no me castiga-rá, también con ceguera, que yo la merecería muy bien si hubiese mostrado tes-tarudez…”. La clara respuesta de Juan Hus no podía ser refutada, pero hizo que los jueces estuviesen aun más enojados.

Las fuerzas del mal también estaban trabajando para revocar el salvoconducto de Hus si fuese posible. Los prelados presionaron tanto a Segismundo que finalmen-te cedió y después de un mes de haber vuelto de Constanza, Hus fue apresado y puesto bajo arresto domiciliario con una gran guardia. Una semana más tarde fue arrojado en una oscura y húmeda prisión. Count Chlum, uno de sus amigos y conciudadanos protestó arduamente con los sacerdotes. Dos compañeros de Hus volvieron a Bohemia para contarle las noticias al rey Wenceslao y a la nación.

Wylie dice que “cuando las noticias del arresto de Hus llegaron a su país natal, encendieron la llama en Bohemia. Ardientes palabras mostraban la indignación que sentía la nación debido a la traición y a la crueldad con que había sido trata-do su compatriota”. Libro 3, capítulo 4. Los Barones Bohemios reclamaron con Segismundo, pero sin éxito. Nuevamente los sacerdotes lo presionaron, diciéndo-le que no tenía que honrar a los herejes y que no tenía derecho a elaborar un sal-voconducto en el primer lugar, y que ciertamente no tenía ninguna obligación de respetarlo.

La prisión era un lugar terrible. Wylie escribe: “Las aguas cloacales del monaste-rio fluían próximas al lugar donde él estaba confinado, y la humedad y el aire pestilente de su prisión le ocasionó una tremenda fiebre, que bien podría haber terminado con su vida. Sus enemigos temieron que después de todo se les esca-paría, y el Papa envió a sus propios médicos… para que cuidaran de su salud.

A menudo Hus era “arrastrado fuera de su hueco”, dice Poggius, y era interroga-do en relación con sus convicciones, para saber si las había cambiado o si había desistido. Pero, así como la roca que Dios hizo con sus manos permanece firme ante los embates del mar, así permaneció firme el Bohemio a la estructura de sus opiniones…, las cuales sobresalían en todo. Y yo, querido Nikolai, llevo la misma convicción dentro de mí, porque Hus dijo: ‘¿cómo pueden pedirme ustedes, car-denales, obispos, y jueces, que peque, mintiendo y engañando, contra el Espíritu Santo? … Me ofrecen oro y con ello quieren colocar un candado sobre mis labios; me quieren dar ricas recompensas en dinero, vestirme con ropas suaves y darme alimentos bien cocinados, de tal manera que me pierda con todo aquello que es un disparate y que son deseos mundanos, que llevan al desastre y a la condena-ción… Vuestra ley es una estructura de frases estropeadas, que no es justa para nadie, que apesta, es agua podrida, de la cual ningún hombre sediento puede be-ber, en cuyo medio hay todo tipo de terribles bestias, peores que serpientes, tri-tones y salamandras, que se arrastran torpemente y con dificultad en el lodo, te-miéndole a la luz y devorando toda carne que se interpone en su sucio camino… Porque yo tengo el valor de derramar luz en este desierto, me confinan detrás de oscuras paredes, con horribles rejas y con puertas de hierro con pesadas barras y candados, dándole a mi cuerpo menos paja podrida que a un asesino y matador…

“He escuchado este tipo de discursos con mis propios oídos. Oh, yo tuve que ser la herramienta para perseguir al hombre que habla de esa manera con la verdad, sin temer a ningún poder terrestre. ¡Sí, querido Nikolai! Sí coloco mi mano sobre mi corazón y me pregunto; porque yo no pensé que iban a torturar a Hus, tam-poco creí que este infortunio vendría sobre él.

“Cuando lo visité hace poco, porque había escuchado que estaba sufriendo una enfermedad, quedé desconcertado al encontrarlo en aquella mazmorra. Imagina la torre de la esquina sobre el puente del Rin, las aguas fluyendo entre sus fun-damentos. Diez palmos sobre las aguas, verás un pequeño hoyo al cual está re-machada una reja con gruesas barras de hierro, a través de las cuales, cuando las olas suben bastante, hacen espuma y caen gotas que salpican el oscuro lugar donde Hus está sentado. Es necesario descender treinta escalones por la escalera que tiene una triple protección compuesta de puertas de barras.

“Finalmente uno llega a una pequeña cámara, la cual es tan larga y ancha como la altura de un hombre, donde apenas entraba la luz por una abertura que daba hacia el lago, desde donde entraban las salpicaduras de agua mencionadas ante-riormente. Yo estuve un rato en esta cámara, hasta que conseguí discernir sus contornos y entonces pude ver al pobre prisionero, el cual estaba acurrucado a mis pies en la paja podrida …

La entrevista con Juan Hus perturbó mucho a Poggius por lo que había sucedido. Él fue al delegado del Cardenal para suplicarle por Hus. Pero el delegado se ale-gró de saber que él estaba sufriendo mucho en aquel agujero apestoso. Entonces fue al Jefe de Policía de la ciudad y le suplicó para que a Hus le dieran un mejor cuarto. “Este hombre se levantó inmediatamente, después de escuchar mis súpli-cas, de su asiento”, escribió Poggius, “se aferró a la batuta de su oficina y dijo, ‘Ninguna fechoría contra un extranjero abandonado encontrará apoyo bajo mi administración, tan cierto como que mi nombre es Stuessi. Una victoria justa honra aun a un enemigo derrotado’”.

“Después de un corto tiempo Hus fue sacado de su celda y fue llevado a una cá-mara más decente, pero sus pies ya se rehusaban a llevarlo, él tambaleaba a medida que caminaba; su mirada era apática y no acostumbrada a la luz del día, sus mejillas estaban mortalmente pálidas y lo que quedaba de su dentadura es-taba suelto, ya que once de sus dientes se habían caído debido a la húmeda pri-sión. Las uñas en sus dedos estaban terriblemente largas, porque le había sido imposible cortárselas durante muchas semanas; sobre su piel había una costra de suciedad la cual exudaba un horrible hedor y su cabello que antes era café le caía en blancos rizos sobre sus maltrechas y desgarradas vestiduras. Sus zapatos se habían podrido en sus pies y su camisa y su calzoncillo habían desaparecido. La redondeada carne que había cubierto sus huesos se había encogido y arrugado y él se había convertido en un símbolo sin igual del infortunio, irreconocible para aquellos que lo habían conocido antes. El horror se posesionó de aquellos que lo vieron y personas piadosas le prepararon un baño, le trajeron camisa y ropas y lo refrescaron con una fortalecedora comida, por la cual apenas pudo agradecer con ojos llenos de lágrimas”.

“Cuando llegó el día de su juicio, Hus, caminó hacia la iglesia tan erguido como se lo permitían sus fuerzas, parcamente vestido, acompañado por Wenceslao de Du-ba y Count Chlum, escoltado por una guardia. En la iglesia encontró a 55 clérigos, 2 procuradores y varios escribas, sentados en mesas especiales, también 11 tes-tigos, quienes, luego que Hus llegó, juraron por la veracidad de su testimonio. Mientras eran tomados los juramentos, uno de los testigos renunció, porque su conciencia lo torturaba. Él declaró públicamente que había sido sobornado para dar un falso testimonio por una suma de dinero que él necesitaba. Rápidamente el arrepentido testigo fue retirado con la siguiente sentencia de muerte: ‘¡Cuél-guenle una piedra al cuello del perjurador y arrójenlo a las aguas que están a las afueras del pueblo donde éstas sean más hondas!’ y rápidamente la orden de los padres fue obedecida, el pobre hombre fue arrastrado hasta el puente y fue lan-zado por sobre la baranda de tal manera que se ahogó”.

Uno se pregunta por qué los obispos no investigaron para descubrir quién lo había sobornado, y entonces condenarlo a la misma pena. Obviamente que esa no era su intención. “Después de esto”, escribió Poggius, “la paz reinaba en la asamblea de la iglesia como si ninguna vida humana hubiese sido tomada…”.

Las acusaciones fueron colocadas contra Juan Hus, siendo la mayoría, falsas re-presentaciones de lo que él había dicho. Hus no las negó, sino que trató de pro-bar lo que él realmente había dicho. “Pero ahora estaba siendo fuertemente de-nunciado, maldecido y condenado en muchos idiomas”, escribió Poggius, “de tal manera que no pudo hablar más y permaneció en silencio, cuando Michael de Causis, en una desvariada excitación, saltó delante de él y lo amenazó con los puños levantados: ‘¡Ahora te tenemos en nuestro poder, del cual no escaparás hasta que hayas pagado todo con tu último cuarto de penique! Y serás quemado, aun cuando tus delgados huesos nos hayan costado tanto dinero’. Aquel que fue silenciado de esta manera, tuvo que sacarse nuevamente su ropa sacerdotal, después de lo cual se divirtieron con él, llamándolo burlonamente, ‘cabeza de ganso’, ya que ‘hus’ significa ganso en la lengua Bohemia, y fue enviado de vuel-ta a su pequeña cámara”.

El nombre del carcelero era Erlo. Él se acercó a Hus y cuando estuvieron solos le dijo, “‘Amigo, usted ve que soy viejo y mis días están contados, porque ya tengo 81 años de edad. Así que escúcheme y analice en su corazón lo que tengo para ofrecerle en esta hora solitaria… Esta noche, cuando el reloj suene dando la una, esté despierto y prepárese para escapar. Bajo su cama encontrará ropas de un soldado Austriaco, póngaselas y cuelgue sobre sus hombros la bolsa de cuero que encontrará, en la cual habrá una carta, diciendo que su destino es Viena. Cerca del triple cruce del camino en la muralla de la ciudad… habrá una rápida mula… sobre la cual usted puede trotar con Emizka el Noble Moravio, a quien usted co-noce, el cual es un gran luchador y lleva oro en considerable cantidad”.

“Pero Hus dijo: ‘¡Lejos esté de mí que yo ponga en peligro su blanca cabeza debi-do a mi huida, honesto Erlo! He aquí que caminaré por el camino que el Señor me ha mostrado. Sería para mí un terrible pecado, si me fuera como un ladrón en la noche garantizándoles a mis enemigos el triunfo a expensas de mi deshonra. No, ¡no puedo permitir que eso me suceda! ¿Qué me pueden hacer los seres huma-nos si el brazo de Dios me protege? ¡Y si Él no me protege, la venganza de mis enemigos me buscaría, aunque yo huyera hasta el remoto océano!…

“Hus realmente caminó con su libertador” dice Poggius, “tanto cuanto le permitía su prisión, entonces se detuvo y miró por un instante al cielo, como si quisiese preguntarle al Omnisciente, ¿no es un pecado ante el Espíritu Santo que yo aban-done el camino que Tú me has preparado? Y volviéndose, le ofreció su mano a Er-lo y dijo con un suspiro: ‘Devoto padre, ¡no puedo huir! Permítame agradecerle ardientemente por su obra de amor, y ore por mí si es que tengo que enfrentar la muerte. Transmítales a mis amigos mis sinceros agradecimientos por su oferta y dígales que no me condenen por mi testarudez. ¡Tengo que confiar en Dios y es-perar por mi tiempo!’. Sin libertad Hus volvió confiadamente a su estrecha pri-sión”.

Imaginen mis amigos, lo que hizo Hus aquí. Él tuvo la oportunidad real de huir, pero escogió no escapar. ¿Qué habría hecho usted en este caso? Yo me atrevo a decir que la mayoría de nosotros habría huido si se nos diese la misma oportuni-dad. ¡Este era un hombre gigante! Aquí había uno que vio el más profundo princi-pio espiritual. Él sabía al igual que Cristo, que Dios lo había llamado para sufrir de tal manera que otros pudiesen un día ser libres. Él ofrendó su cuerpo para servir al Señor.

Me gustaría tener tiempo para compartir los asombrosos e irrefutables discursos que fueron hechos en defensa de Hus durante el juicio. Todos ellos están en las cartas de Poggius. Son absolutamente increíbles. El mismo Poggius votó por la vida, pero Hus fue condenado a muerte por dos votos. Un obispo murió durante el proceso y fue dejado en su silla de tal manera que su voto pudiese ser incluido si así hubiese sido necesario. Aun Segismundo denunció a Hus con fuertes pala-bras y firmó la autorización de muerte. Cuando fue anunciada la sentencia, “el obispo de Londres fue el que habló de la manera más despectiva. Él alabó a Se-gismundo: ‘Oh emperador, tú has obtenido alabanza de la boca de bebés y de ni-ños. Debieras ser alabado eternamente, porque has exterminado los enemigos de la verdadera fe y has matado sus semillas. Todos tus pecados pasados y futuros debieran serte perdonados, todas las fechorías y los errores, cualesquiera que sean. ¡Tu nombre sea alabado en todas partes!’

“Al llegar a este punto, muchas voces gritaron contra los papistas: ‘¡Hipócritas, perros sabuesos, sois criaturas babosas, que hacen un mal uso del nombre de Dios para revolcarse en un cieno apestoso!’. Quebraron los respaldos de algunas sillas y las tiraban en derredor. Durante el tumulto el Emperador se escabulló… El cadáver del obispo de Cleve, que había muerto durante el concilio, fue lanzado fuera y pisoteado hasta que quedó irreconocible, mientras la turba se dispersa-ba”. Después que todo esto sucedió y cuando el polvo se hubo asentado, “nadie había permanecido en la iglesia, Hus había desaparecido, para la consternación de sus enemigos. Ellos hicieron un gran ruido y se apresuraron a ir hasta las puertas para detenerlo, mientras sonaban las campanas. Cuando volvieron de su búsqueda, lo encontraron arrodillado en su cuarto, orando devotamente por valor y fortaleza. Ellos no le cerraron la puerta, pero honraron la nobleza de su alma”.

Después de haberle escrito una larga y bella carta a sus amigos, que también es-tá incluida en la carta de Poggius, Hus se acostó… “En la mañana del día 6 [de Ju-lio de 1415], Hus se levantó temprano y cantó varios salmos. Después [pidió] un poco de vino y pan fresco. Cuando le dieron esto pidió que se le dejara solo, en-tonces se arrodilló, oró en voz alta y sollozando a Dios, le agradeció por los días de su vida, por las alegrías y las pruebas, desde su niñez hasta ahora. Entonces le confesó sus pecados a Dios, oró por bendiciones para sus amigos y pidió per-dón para sus enemigos, bendijo el pan que había pedido y se lo comió mientras repetía las palabras de la última cena; lo mismo hizo con el vino, antes de pro-barlo. Después de esto, oró nuevamente con mucha devoción, y caminó en su celda hasta que sus amigos vinieron a despedirse.

“Yo también, querido Nikolai, lo llamé nuevamente… y cuando le pedí que no guardara malicia contra mí, porque yo había sido el portador de la carta que fi-nalmente lo había colocado en esa cámara de infortunio, él respondió modesta-mente: ‘¡Que Dios impida que pueda guardar malicia en mi corazón contra al-guien, porque no haya sido un Jonathan para mí! ¿No permite Dios días malos para los buenos, para que el hombre no pueda ver hacia el futuro? Usted me ha demostrado gran amor a través de su voto y a través de su piedad. Por esta ra-zón mi querido Poggius, le agradezco por el servicio que me ha dispensado al obedecer el mandato del Señor Romano en la silla de Pedro. Me ha permitido ser un testigo de la verdad ante todas las personas…”

Ese día, Hus fue quemado en la estaca. Poggius termina su comentario diciendo: “Quería contarle esta historia de un hereje, mi querido Nikolai, para que supiera cuánta fortaleza de fe mostró Hus ante sus enemigos y cuán dichoso, en su fe, ha sido el fin de este hombre pío. Verdaderamente, le digo, ¡él era demasiado justo para este mundo!”

Mis amigos, Juan Hus entregó su vida sabiendo que un día surgiría otro que to-maría su lugar. En su ejecución, Hus se volvió y le dijo a sus ejecutores: “Ustedes van a quemar ahora a un ganso, pero en un siglo tendrán un cisne, que no po-drán ni tostar ni hervir”. Casi cien años más tarde, Martín Lutero clavó sus 95 te-sis en la puerta de la capilla de Wittenberg. La muerte de Hus le produjo un gran interés en sus escritos. También causó una gran indignación en Bohemia, lo que llevó a las guerras de Bohemia donde los ejércitos Bohemios en la providencia de Dios, expulsaron las tropas católicas de Segismundo. Pero lo más importante, la vida de Hus y su injusta muerte, fueron la semilla de la gran Reforma Protestante del siglo XVI.

Por favor, medite en esta increíble historia. ¿Es su fe como la de Hus? ¿Tendrá usted el valor que él tuvo para lidiar con los que eran los enemigos mortales de la verdad y de la justicia? ¿Tiene usted una experiencia tal con Cristo que le dará fuerzas para enfrentar una prueba así? Usted puede hacerlo si lo conoce. Usted en realidad tiene que conocerlo. Pero esto solo vendrá a través de un diligente estudio de la santa Palabra de Dios, y si ordena su vida con Sus principios. Ore-mos y pidámosle a Dios que nos dé este tipo de experiencia para que podamos tener este tipo de fe.


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