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Sunday, August 3, 2014

Almuerzo del Papa en la curia jesuita en la fiesta de San Ignacio y cercanía a la familia del P. Dall' Oglio


2014-08-01 Radio Vaticana

(RV).- (actualizada con audio) En un clima hogareño de alegría, amenidad y sencillez, el Papa Francisco almorzó en la curia de los jesuitas en Roma, en la fiesta de San Ignacio de Loyola. Tras haber avisado en la víspera, que aceptaba la invitación que le había formulado el Superior General de la Compañía de Jesús, P. Adolfo Nicolás, el Papa Bergoglio fue recibido con gran entusiasmo cuando llegó para compartir un momento de distensión y celebrar al fundador de los jesuitas. En la mesa con el Papa se encontraban el Padre General, el Superior de la Comunidad, P. Rodríguez, de Colombia, y el P. Gismondi, de Argentina, todos ellos de habla hispana, facilitando así una conversación amena. «Fiesta de San Ignacio, almuerzo con el Santo Padre», es como titula la página web de la curia jesuita romana la simpática serie de fotos, entre las cuales se aprecia el ambiente de alegre calidez que caracterizó cada instante de esta visita especial, en un día especial.
En el almuerzo estaban presentes también los siete hermanos y hermanas del P. Paolo Dall’ Oglio, secuestrado hace un año en Siria. Con ellos el Papa intercambió palabras de aprecio y consuelo. Asimismo participó un grupo de alumnos del EJIF – Jesuitas europeos en Formación, que en estas semanas celebran su reunión anual en la Curia general.(CdM - RV)
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El Papa celebra misa con jóvenes jesuitas

El papa Francisco ha presidido la misa en Santa Marta, esta mañana, con un grupo de jóvenes jesuitas, que habían participado también en la comida con el Papa el pasado día 31 en la curia de la Compañía de Jesús en Roma.

Durante la homilía, el Santo Padre ha hablado de la figura de san Pedro Favre, cuya memoria liturgia se celebraba ayer. Compañero de san Ignacio de Loyola y primer jesuita ordenado como sacerdote, Favre fue declarado santo por el papa Francisco, con canonización equivalente, el 17 de diciembre del año pasado.

El Pontífice ha recordado que la figura de san Pedro Favre es decisiva en el camino de la primera Compañía. Además "ha hecho referencia al estilo de san Pedro Favre, que era un estilo de cercanía pero también de discernimiento, diciendo que habría podido elegir cerrarse en fundamentalismos, en ideas claras, sin correr ningún riesgo y sin embargo -en el más auténtico espíritu de San Ignacio-, san Pedro Favre ha elegido estar con la gente, estar con quien estaba lejos y hacer según el espíritu de discernimiento", explica el estudiante jesuita Nicolò Mazza, presente en la eucaristía.

El joven ha contado sus impresiones sobre lo vivido, en una entrevista a Radio Vaticana: "He sentido su presencia, sus palabras, también su estilo al estar en la mesa con nosotros, en el celebrar la misa esta mañana, como una invitación fuerte, una invitación muy incisiva a volver a lo que es más esencial, más auténtico en el carisma de la Compañía de Jesús y en la espiritualidad ignaciana".

Además, ha indicado que siente que el Papa es jesuita "por su sobriedad, la sencillez, el modo concreto de presentarse, de estar con nosotros... He tenido en algunos momentos, precisamente, la impresión de compartir algo con un hermano, un hermano mayor".

Cuando se han abrazado al despedirse, Nicolò Mazza indica que el Papa le ha dicho: "esto sí que es un abrazo de verdaderos hombres". Después, Francisco le ha recordado que en el pasado, le habían enseñado a abrazar a los hermanos con desapego sobrio y formal: "Esto no va bien. Me ha gustado más tu abrazo".

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Thursday, August 1, 2013

El Papa celebra a San Ignacio de Loyola con una misa en la Iglesia






romereportsesp·

 Published on Jul 31, 2013

http://es.romereports.com San Ignacio de Loyola fundó la Compañía de Jesús y el Papa Francisco, el primer Papa jesuita, quiso celebrar su fiesta en la Iglesia del Gesù, en Roma, junto a los que considera sus hermanos jesuitas.


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Thursday, May 9, 2013

Vaticano publica agenda de la visita del Papa a Brasil. Video


MIÉRCOLES, 8 DE MAYO DE 2013



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Ciudad del Vaticano (AICA): En su primer viaje apostólico, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro (JMJ Río 2013), el papa Francisco viajará al Brasil, del 22 al 29 de julio, e irá al Santuario de Nuestra Señora de Aparecida, para rezar ante la Virgen. La Oficina de Prensa de la Santa Sede dio a conocer hoy el programa oficial, que detalla los siete días que el Papa permanecerá con los jóvenes de todo el mundo en la nación sudamericana. Además de los encuentros oficiales, en Río de Janeiro el Pontífice visitará el hospital San Francisco de Asís, especializado en la recuperación de jóvenes tóxicodependientes, la favela Comunidad de Varginha, mantendrá un encuentro con algunos jóvenes detenidos, con los obispos del Brasil y con el comité de coordinación del Consejo Episcopal Latinoamericano.


Unidos en Cristo Jesús y en María Santísima, oremos por el fructífero pontificado de S.S. el Papa Francisco, por Su Eminencia Reverendísima, Mons Mario Poli Arzobispo de Buenos Aires,y por el Padre General de la Compañía de Jesús Adolfo Nicolás S.J.

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PUBLICADO POR ORDEN DE LOYOLA EN 14:08


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Wednesday, January 2, 2013

Iglesia Gesu - Roma, Italia



Iglesia Gesu - Roma, Italia


rguerrah 

Uploaded on Jul 6, 2010

Venerando la cripta de San Ignacio de Loyola en la Iglesia Gesu en Roma, Italia

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Tuesday, January 25, 2011

Ejercicios Espirituales

Los Ejercicios Espirituales son un constante diálogo con Dios.



Los Ejercicios Espirituales son un proceso de experiencia de Dios para buscar, descubrir y seguir su voluntad. Para lograrlo es necesario recurrir a una pedagogía que permite conocer más personalmente el Evangelio y la persona de Jesús, descubrir cómo enfocar la propia vida en la sociedad actual y ejercitarse en la práctica de la reflexión y del conocimiento propio. Se trata de una experiencia personal que se realiza con el acompañamiento y guía de una persona experta, que ayuda a discernir y orientar la oración del ejercitante según el Espíritu se va manifestando en él.
San Ignacio marcó las etapas (“semanas”) que el ejercitante ha de atravesar en los EE.:

*La toma de conciencia de uno mismo y de Dios (principio y fundamento);
*El reconocimiento del propio pecado y el perdón de Dios;
*La disposición para el seguimiento de Jesús;
*La contemplación de los misterios de Cristo para mejor conocerle, amarle, seguirle e identificarse con Él en su vida, pasión y resurrección;
*La profundización agradecida en el camino recorrido para disponerse a amar y servir, a buscar y hallar a Dios en todas las cosas de la vida diaria (contemplación para alcanzar amor).

Actualmente la Compañía de Jesús concreta de diferentes maneras la prática de los ejercicios: individualmente o en grupo, en pocos días, durante un mes, con un retiro o siguiendo el ritmo de la vida diaria...Lo importante es adaptarse a la necesidad de cada persona y al momento que está viviendo.

Hacer los Ejercicios Espirituales es comenzar a encontrar a Dios en todas las cosas y en todas las personas. Es aprender a amar y a usar de todas las cosas según el Proyecto de Dios.


Centro de Espiritualidad de Salamanca.

Casas de ejercicios de nuestra provincia:

Tandas de Ejercicios para el año 2008.

Posibilidad de Ejercicios Espirituales en Madrid

Ejercicios en la vida diaria

Ejercicios x4: Ejercicios Espirituales en cuatro fines de semana
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Wednesday, October 27, 2010

Carta a familiares, amigos y bienhechores


Carta a familiares, amigos y bienhechores

Quisiéramos compartir con todos ustedes la carta que el Viceprovincial envía a los amigos, familiares y bienhechores con ocasión de la próxima fiesta de San Ignacio, el próximo 31 de julio.


Queridos amigos,

Les escribo en nombre del P. Provincial. El P. Alfonso José Gómez se encuentra en Bolivia, donde después de tomarse unos días de descanso, va a predicar la Novena de San Ignacio en San Ignacio de Moxos, una de las antiguas reducciones donde los jesuitas estamos de nuevo presentes.

En esta ocasión, deseo compartir con ustedes algunas reflexiones a partir de varios acontecimientos que viviremos en los próximos meses:

El primero será entre el 8 y el 10 de noviembre cuando nos visitará el P. Adolfo Nicolás, General de la Compañía. Estará en Montevideo y Buenos Aires donde se va a reunir con los jesuitas y con muchos de nuestros amigos y colaboradores en la misión. El segundo suceso transcurrirá el sábado 14 de agosto donde Álvaro Pacheco recibirá la Ordenación Sacerdotal, en la Iglesia del Sagrado Corazón, en Montevideo.

En una conferencia que el P. General tuvo en la Universidad de Comillas en Madrid, decía que para Ignacio de Loyola, el sacerdocio va ligado a la práctica del apostolado, aportando un sello sacramental y eclesial que lo completa y perfecciona. “En este aspecto el ideal ignaciano no ha perdido nada de actualidad, sino que resuena plenamente con el ideal misionero del presbítero, ligado a una forma eclesialmente reconocida de vivir a la apostólica”.

Para Ignacio la forma de vida apostólica va ligada a la pobreza y la itinerancia misionera, con una movilidad ligada al celo apostólico y al deseo de contribuir al bien más universal. “El celo apostólico –añadió el Padre General – se articula de un modo integral, permitiéndonos privilegiar todos los ministerios de la Palabra, celebrar los sacramentos, pero también practicar una amplia y variada gama de obras de misericordia. Todos estos elementos van acompañados por el ideal de la unión de virtud y letras; Lo que requiere de los estudiantes, como bien ilustró el Padre Kolvenbach, la conjunción de pietas y eruditio”.

Los invito a rezar por Álvaro Pacheco, para que en su vida sacerdotal pueda encarnar el ideal que nos transmitió nuestro padre San Ignacio.

Para los jesuitas que se están preparando para el sacerdocio, también valen estas palabras del P. General: “La formación de los candidatos al sacerdocio y de los sacerdotes ha de seguir marcada por el rigor, el diálogo crítico y en discernimiento con el mundo moderno, la apertura a las nuevas preguntas y el abordaje realmente interdisciplinar de los diferentes problemas. Todo ello en un proceso integral humano espiritual, en el cual, como dice Benedicto XVI, ‘la inteligencia se hace amor’ y la reflexión teológica termina en oración”.

También les pido oraciones por dos compañeros que se van a incorporar de modo definitivo a la Compañía de Jesús al hacer los Últimos Votos: el P. Oscar Acosta que los hará en Corrientes, el 30 de agosto, y el P. Javier Albisu, en Santa Fe, el 8 de septiembre.

Los saludo con profundo afecto, en el Señor,


José María Cantó, S.J.
Viceprovincial


31 DE JULIO DE 2010
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Wednesday, April 15, 2009

En todo amar y servir


De la basílica de Loyola (en Guipúzcoa, España) a la Universidad de Georgetown (en Washington DC, EE.UU.) hay un océano y tres siglos de diferencia. Sin embargo, si lo miro con ojos de antiguo alumno de los Jesuitas ambos lugares tienen un innegable parecido. Yo, pobre de mí, lo he descubierto casi con cuarenta años, pero en este caso la dicha es buena, así que no importa que llegue tarde.

Fue hace un par de días, paseando por los jardines del Healy Hall, allá los altos de Georgetown, la primera universidad católica de EEUU. La fundó en 1789 John Carroll, un jesuita de origen irlandés de familia independentista (su primo Charles fue uno de los firmantes de la Declaracion de Independencia de EE.UU. -el único católico- y su hermano Daniel firmó la Constitución americana). Así que John tenía muchas papeletas para ser el primer obispo de Baltimore y "padre del catolicismo estadounidense". En aquella época los Carroll eran como los Keneddy hoy, aunque me pregunto si éstos siguen siendo católicos después de ver al viejo Ted apoyando la política social de Obama.

Lo curioso de John Carroll es que se lanzó a Georgetown justo al año siguiente de que Maryland se uniera a los EE.UU. y -esto es más importante-, cuando la Compañía de Jesús llevaba siete años disuelta por el Papa (gracias -entre otros- a las malas artes del Conde de Floridablanca, ministro de Carlos III y embajador ante la Santa Sede. Una víbora, dicho sea dicho de paso.)

Años más tarde, Georgetown fue la primera universidad de los EE.UU. en tener un rector mulato -Fr. Healy, que dio nombre al edificio principal, era hijo de una esclava- y hoy (además de ser mundialmente reconocida por su School of Foreign Affairs, donde estudiaron Bill Clinton o Felipe de Borbón, y el Kennedy Institute of Ethics, cada vez más especializado en Bioética) destaca por su firme voluntad de avanzar en el diálogo interreligioso. Por eso es la primera universidad de América en tener una capellanía permanente para alumnos judíos y otra para los musulmanes. Ambas están pared con pared, que lo he visto yo.

Así que me gusta pensar que a Íñigo de Loyola (con el que tropecé en el White Gravernor Hall en su versión de estatua peregrina ("Sólo y a pie" que diría Tellechea, DEP)), estaría razonablemente satisfecho de cómo van las cosas. Sobre todo conociendo ese carisma tan ignaciano de estar en la frontera de los saberes y los dolores del hombre. Metiendo la pata, con suficiencia en ocasiones, pero siempre -al menos es mi experiencia- intentando formar"hombres y mujeres para los demás" (Arrupe dixit).

Conseguirlo es ya harina de otro costal. Intentarlo es lo definitivo.

Publicado por Nacho Uría en 18:54:00



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Friday, August 22, 2008

Memoria litúrgica de san Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús


30/07/2008 15.11.30


Cultura y Humanismo: Memoria litúrgica de san Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús



Miércoles, 30 jul (RV).- El 31 de julio se celebra la memoria litúrgica de san Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, con tal ocasión, mañana tendrá lugar una ceremonia eucarística a las 19:00 horas en la iglesia romana del Gesù, presidida por el Prepósito General de la Orden, el P. Adolfo Nicolás.

Se trata de la primera celebración del nuevo Prepósito General de la memoria litúrgica del fundador de la Compañía de Jesús, tras su nombramiento el pasado mes de enero. El padre Adolfo Nicolás, nació hace 72 años en Palencia (España), e ingresó en la Compañía de Jesús a los 17 años, el 14 de septiembre de 1953, en la provincia jesuítica de Toledo, siendo ordenado sacerdote el 17 de marzo de 1967. Era Presidente de la Conferencia de Provinciales del Asia Oriental y Oceanía y hasta antes de su nombramiento había sido superior de la Región Independiente de Timor Este.

En el discurso del 21 de febrero de este año del Santo Padre Benedicto XVI a los participantes en el Capítulo General de la Compañía de Jesús, se puso de relieve la fórmula de este instituto, constituido ante todo “para la defensa y la propagación de la fe”. Sobre este principio el Papa pidió el compromiso de los miembros de la Compañía para “la promoción y defensa de la doctrina católica en particular sobre puntos neurálgicos hoy fuertemente atacados por la cultura secular”. Benedicto XVI prosiguió su mensaje señalando que “los temas -hoy continuamente debatidos y puestos en tela de juicio- de la salvación de todos los hombres en Cristo, de la moral sexual, del matrimonio y de la familia, deben ser profundizados e iluminados en el contexto de la realidad contemporánea, pero conservando la sintonía con el Magisterio necesaria para impedir que se siembre confusión y desconcierto en el Pueblo de Dios”.

Precisamente san Ignacio de Loyola proponía a los pecadores esta oración, que él solía repetir: "Tomad, Señor y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad. Vos me lo disteis; a vos Señor, lo torno. Disponed a toda vuestra voluntad y dadme amor y gracia, que esto me basta, sin que os pida otra cosa".

Siguiendo este modelo, san Ignacio de Loyola fundó la Compañía de Jesús en 1540, estando hoy extendida por 127 países en los que 19.564 jesuitas trabajan por la evangelización del mundo, en defensa de la fe y la promoción de la justicia, en permanente diálogo cultural e interreligioso. De ellos hay 1.500 en España. Invitamos a nuestros amigos oyentes a unirse a las celebraciones de mañana por la memoria litúrgica de san Ignacio de Loyola.
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Fuente: http://www.oecumene.radiovaticana.org/spa/Articolo.asp?c=221865

Friday, August 1, 2008

De Ignacio de Loyola a Benedicto XVI

Jueves, 31-07-08
«HOY deseo animaros a vosotros y a vuestros hermanos para que prosigáis en el camino de la misión, con plena fidelidad a vuestro carisma originario, en el contexto eclesial y social propio de este inicio de milenio» (Del discurso de Benedicto XVI a los miembros de la Congregación General XXXV, el 21 de febrero de 2008)...
El 31 de julio de 1556, tal día como hoy, moría en Roma Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús. Mientras agonizaba, su fiel secretario y auténtica conciencia latente del difunto, el burgalés Juan Alfonso de Polanco, corría al Vaticano para conseguir una última bendición de Paulo IV. Cuando Polanco retornaba con ese deseado gesto papal, el Padre Maestro Ignacio ya había fallecido en presencia de los PP. Madrid y Frusio. Desde tal momento, vivido en la oscuridad de la famosas camarette todavía conservadas y rehabilitadas de manera excelente, han pasado más de quinientos años. Y todavía hoy, podemos contemplar la serenidad del rostro de aquel hombre decisivo para la Iglesia Católica de su tiempo y del tiempo futuro, en la mascarilla de ese mismo rostro que, inmediatamente, se obtuvo tras su muerte. Ignacio de Loyola había pasado al Dios que fuera su Principio y Fundamento, pero también la raíz de su Contemplación para alcanzar Amor. Y dejaba tras de sí un grupo de amigos en el Señor, que se hacían llamar compañeros de Jesús. Su cadáver reposa en la capilla mayor de la Iglesia de la Compañía en Roma, en la parte del evangelio. Todo un signo.
Este año de 2008, la celebración de su festividad tiene lugar cuando todavía ilumina el cuerpo entero de la Compañía de Jesús, la Congregación General XXXV, en la que ha sido elegido sucesor de Ignacio de Loyola, otro español, el palentino Adolfo Nicolás, y en consecuencia, también se ha renovado en profundidad el equipo de gobierno que le ayudara a determinar las futuras respuestas de los jesuitas en los próximos años a lo largo y ancho del mundo, según los Documentos emanados en la citada Congregación General. Tales textos están introducidos por la respuesta de la Compañía entera al ya célebre discurso que Benedicto XVI pronunciara ante el conjunto de los participantes en el gran evento romano, el 21 de febrero, días antes de la clausura de los trabajos congregacionales. Un discurso ya histórico en los anales de los jesuitas contemporáneos, y que recoge en clave papal las esperanzas y deseos del sucesor de Pedro pero también de aquel Paulo IV que le enviara su bendición al moribundo Ignacio, y que no llegó a tiempo. Misteriosa anécdota en el conjunto de tantas otras que han punteado las relaciones de la Compañía de Jesús con la Santa Sede. Y que, en general, se han interpretado con exagerada parcialidad.
Precisamente por esta razón, hemos encabezado estas líneas conmemorativas de la muerte de Ignacio y la celebración de su festividad, con unas palabras tomadas del discurso ya comentado de Benedicto XVI, el Pontífice que ha querido recuperar a los jesuitas como cercanos colaboradores suyos, tras una larga época de meditativo silencio en virtud de su adhesión inquebrantable a la sede de Pedro. Y lo que transmite el Papa teólogo y buen conocedor de la Compañía de Jesús, como demuestra el discurso en cuestión, es su deseo de que los jesuitas sean lo que Ignacio decidió que fueran, siempre en virtud de la Bula papal que constituyó a la Compañía y de sus Constituciones, en las que el fundador desarrolló el núcleo, muy bien estructurado y redactado, del conjunto de características del cuerpo eclesial que el hombre de Loyola forjó desde el seguimiento de Jesucristo más intenso pero no menos desde la vinculación más radical a su Cuerpo, que es la Iglesia Católica. Que sean lo que dicen ser. Que sean lo que la Iglesia ratificó desde sus orígenes. Que, en palabras del mismo Papa, mantengan «la plena fidelidad al carisma ignaciano».
En su momento histórico, Ignacio intuyó que ante la Reforma Luterana era necesaria una Reforma Católica. Está clara la razón: más que una confrontación directa y tal vez ofensiva con las nuevas fuerzas religiosas pero también políticas, era del todo urgente una conversión interior de los miembros de la Iglesia Católica, de tal forma que los argumentos esgrimidos y proclamados por Lutero no fueran objeto tanto de controversia estéril como de una renovada vida de fe, de esperanza y de amor fraterno en las personas y en la colectividad fiel a Roma. Desde esta óptica, la misión clave de los nuevos jesuitas fue la dirección de aquellos extraños Ejercicios Espirituales que, nacidos en la catalana Manresa, acabaron por escribirse en Roma, obra de un Ignacio ya envejecido y místico. Ésta fue la gran intuición ignaciana: desarrollar una misión eclesial que transformara a las personas en su núcleo más decisorio, es decir, que vivieran con radicalidad la voluntad de Dios sobre cada una de sus criaturas, más tarde salvadas y liberadas por Jesucristo. Y por esta razón, en el corazón de los Ejercicios Espirituales, si es que se realizan ignacianamente y sin perversiones, surge la urgencia del Discernimiento como instrumento teológico, espiritual y hasta psicológico para descubrir esta voluntad divina siempre perseguida. Tanto es así que, en el discurso citado de Benedicto XVI, la última recomendación papal, a la Compañía reunida en Congregación General, fue la necesidad que tiene la Iglesia de los Ejercicios Espirituales como «un don que el Espíritu ha hecho a la Iglesia entera».
Por ahí discurre la intuición ignaciana y además la vertebración de su actividad evangelizadora: ir a las fuentes de la realidad, de la realidad de las personas y de la realidad de las culturas, razón por la que se hace necesario estar en la frontera. Hoy en día, ya no se trata de fronteras geográficas, desde que la globalización es un hecho, sino de esas fronteras culturales que subyacen en sociedades y en personas hasta crear en su más íntima razón de ser esas contradicciones que caracterizan al conjunto de nuestra contemporaneidad. Unas fronteras que, en definitiva, se reducen a una sola: la que la secularidad rampante ha establecido entre la Razón y la Fe. En tal frontera, cual filo de la navaja cultural, Benedicto XVI solicita de los jesuitas que estén. Y que sean capaces de mantenerse fieles a la Iglesia precisamente cuando el temporal azote sus vidas: ser capaces de arriesgar pero también de soportar por obediente amor a la Iglesia.
El lector que lo desee puede visitar la habitación en la que murió Ignacio de Loyola un 31 de julio de 1556, y en ella hasta es posible celebrar y participar en la Eucaristía. Es una experiencia sobrecogedora: en ese humilde lugar, de extremada austeridad, pasó al Padre un hombre pequeño de estatura pero gigantesco en fidelidad. Pero sobre todo, un hijo adulto de la Santa Iglesia, a la que siempre sirvió desde una obediencia creativa. Es decir, en los riesgos de la frontera. Casi nada.
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