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Wednesday, November 16, 2016

Trump domesticado


NOURIEL ROUBINI

NOV 11, 2016





NUEVA YORK – Ahora que contra todos los pronósticos Donald Trump ganó la presidencia de los Estados Unidos, la duda es si gobernará según el populismo radical de su campaña o adoptará un enfoque pragmático de centro.

Si Trump gobierna en sintonía con la campaña que le valió la elección, podemos esperar agitación en los mercados (de Estados Unidos y el mundo) y perjuicios económicos potencialmente serios. Pero hay buenas razones para esperar que su gobierno será muy diferente.





Los planes de un Trump populista radical incluirían descartar el Acuerdo Transpacífico (ATP), derogar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) y aplicar altos aranceles a las importaciones chinas. También construir el prometido muro en la frontera con México; deportar a millones de trabajadores indocumentados; restringir la concesión de visas H1B para trabajadores cualificados, necesarios en el sector tecnológico; y derogar la Ley de Atención Médica Accesible (Obamacare), dejando a millones de personas sin seguro médico.

En términos generales, un programa radical llevaría a un importante aumento del déficit estadounidense. Se reduciría sustancialmente el impuesto a la renta de las corporaciones y los ricos. Y pese a la ampliación de la base tributaria, el aumento de impuestos a los gestores de fondos de inversión y el estímulo a la repatriación de ganancias corporativas en el extranjero, el plan radical no estaría exento de costo fiscal, ya que aumentaría el gasto militar y el gasto público en áreas como la infraestructura, y las rebajas impositivas para los ricos reducirían la recaudación unos nueve billones de dólares a lo largo de una década.

Un plan de gobierno radical también supondría cambiar drásticamente el modelo de política monetaria actual; en primer lugar, reemplazar a la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, con un halcón monetarista, y luego cubrir las vacantes actuales y futuras de la junta directiva con más de lo mismo. Además, Trump trataría de derogar en su mayor parte las reformas financieras introducidas por la ley Dodd-Frank de 2010; quitar poder a la Oficina de Protección Financiera de los Consumidores; reducir subsidios a la energía alternativa y normas medioambientales; y eliminar cualquier regulación supuestamente perjudicial para las grandes empresas.

Finalmente, una política exterior radical desestabilizaría las alianzas de Estados Unidos y aumentaría las tensiones con los rivales. Su postura proteccionista podría generar una guerra comercial global, y su insistencia en que los aliados se hagan cargo de sus gastos de defensa podría llevar a una peligrosa proliferación nuclear y restar liderazgo internacional a Estados Unidos.

Pero en realidad es más probable que Trump aplique políticas pragmáticas de centro. Para empezar, es un hombre de negocios adepto al “arte del acuerdo”, así que por definición es más un pragmático que un ideólogo con anteojeras. Su decisión de hacer una campaña populista fue táctica y no refleja necesariamente convicciones arraigadas.

Trump es un acaudalado magnate inmobiliario que se pasó la vida entera rodeado de otros empresarios ricos. Es un comerciante astuto, que explotando el clima político de la época buscó congraciarse con los trabajadores republicanos y los “demócratas de Reagan” (votantes demócratas más conservadores, algunos de los cuales tal vez hayan apoyado a Bernie Sanders en la primaria demócrata). Esto le permitió destacarse del pelotón de políticos tradicionales con posturas favorables a las empresas, Wall Street y la globalización.

En cuanto asuma, Trump hará algunos gestos simbólicos para complacer a sus simpatizantes, pero volverá a las tradicionales políticas económicas de derrame orientadas a la oferta que los republicanos han favorecido por décadas. El elegido de Trump para la vicepresidencia, Mike Pence, representa al establishmentrepublicano, y los asesores económicos de la campaña de Trump fueron empresarios ricos, financistas, constructores y economistas ofertistas. Además se dice que analiza designar un gabinete de figuras ortodoxas del partido, entre ellos Newt Gingrich (ex presidente de la Cámara de Representantes), Bob Corker (senador por Tennessee), Jess Sessions (senador por Alabama) y Steven Mnuchin (ex ejecutivo de Goldman Sachs y también asesor durante la campaña).

De modo que los colaboradores probables de Trump (republicanos tradicionales y dirigentes empresariales) definirán sus políticas. El ejecutivo sigue un proceso de toma de decisiones por el que los departamentos y agencias que corresponden a cada caso determinan los riesgos y beneficios de diversas alternativas y luego ofrecen al presidente un menú de políticas limitado para elegir. Y la inexperiencia de Trump lo volverá mucho más dependiente de sus asesores, como también lo fueron los expresidentes Ronald Reagan y George Bush (hijo).

Otro factor que empujará a Trump al centro será el Congreso, con el que deberá negociar cada ley que quiera aprobar. El actual presidente de la Cámara de Representantes (el republicano Paul Ryan) y el liderazgo republicano en el Senado tienen ideas partidarias más convencionales que Trump en temas como el comercio internacional, la inmigración y el déficit. Y la minoría demócrata en el Senado puede apelar a maniobras dilatorias legales (el “filibusterismo” legislativo) para impedir la votación de propuestas de reformas radicales, especialmente si se meten con el gran tabú de la política estadounidense: la seguridad social y Medicare.

Trump también estará controlado por la separación de poderes del sistema político estadounidense, la relativa independencia de organismos públicos como la Reserva Federal y una prensa libre y muy activa.

Pero la mayor restricción para Trump será el mercado. Si intenta aplicar políticas radicales populistas, el castigo no se hará esperar: se derrumbarán las acciones, caerá el dólar, los inversores se refugiarán en los bonos del Tesoro de los Estados Unidos, el precio del oro se disparará, etcétera. Pero si Trump mezcla políticas populistas más moderadas con medidas convencionales promercado, no enfrentará consecuencias negativas en los mercados. Ahora que ya ganó la elección, no tiene razones para preferir el populismo a la seguridad.

Los efectos de una presidencia pragmática de Trump serán mucho más limitados que en el supuesto radical. Lo de descartar el ATP se mantiene (pero Hillary Clinton también lo hubiera hecho). Trump prometió derogar el NAFTA, pero es más probable que trate de hacerle modificaciones como un gesto dirigido a los trabajadores fabriles estadounidenses. E incluso si un Trump pragmático quisiera limitar las importaciones chinas, sus opciones estarían limitadas por un reciente dictamen de la Organización Mundial del Comercio contra la aplicación de aranceles por “dumpingselectivo” a productos chinos. Los candidatos extrasistema suelen hablar pestes de China durante la campaña, pero una vez en el cargo comprenden pronto las ventajas de cooperar.

Es probable que Trump construya el muro en la frontera con México (a pesar de que el ingreso de inmigrantes se redujo). Pero en relación con los indocumentados, lo más probable es que sólo caiga sobre los que cometan delitos violentos, en vez de tratar de deportar a entre cinco y diez millones de personas. Y es posible que limite las visas para trabajadores cualificados, lo que puede restar dinamismo al sector tecnológico.

Un Trump pragmático también generará un déficit, aunque menor al del supuesto radical. Por ejemplo, si sigue el plan impositivo propuesto por los congresistas republicanos, la recaudación sólo se reducirá dos billones de dólares a lo largo de una
década.

Es verdad que el programa político de un Trump pragmático será ideológicamente incoherente y moderadamente perjudicial para el crecimiento. Pero será mucho más aceptable para los inversores (y para el mundo) que la agenda radical que prometió a sus votantes.

Traducción: Esteban Flamini




Thursday, June 6, 2013

Nouriel Roubini: "La burbuja del oro estalló y de aquí en más el precio continuará en picada"


06/06/2013

El economista conocido como "Dr. Catástrofe" afirmó además que su tendencia con el tiempo será a la baja en la medida que la economía se recupere

Por 
Última actualización:
06/06/2013 12:06:52 pm




Es un hecho que en el último tiempo el oro perdió brillo y, tras las sostenidas bajas que viene acumulando desde el récord que tocó allá por el 2011, cada vez son más los que aseguran que su apogeo llegó a su fin.

A principio de semana, el reconocido economista Nouriel Roubini sentenció que "la burbuja del oro -aquella que llevó al precio del metal desde los u$s800 la onza a principios del 2009 a más de u$s1.900 en el segundo trimestre del 2001- estalló".

Según el especialista, el valor del oro continuará en picada, al ritmo de la recuperación de la economía a nivel mundial y el incremento de las tasas reales, y se derrumbará hasta los u$s1.000 en el 2015.

"Va a haber mucha volatilidad en los próximos años en el precio del oro y su tendencia con el tiempo será a la baja a medida que la economía mundial se recupera. La fiebre del oro ha terminado", lanzó Roubini días atrás en un artículo en Project Syndicate.

En lo que va del año, el oro acumula una caída de 16,31%, según datos del Instituto Argentino de Mercado de Capitales (IAMC).

El punto de quiebre para el metal precioso este año se dio a mediados de abril, cuando llegó a desplomarse casi un 14% en dos sesiones y tocó los u$s1.350 por onza, según informa BAE.

En este sentido, para Miguel Ángel Boggiano, CEO de Carta Financiera, decir que la burbuja del oro estalló "hubiese sido válido en abril, cuando fue la caída violenta" pero ahora, después de más de un mes y medio de estabilización en el precio del metal, "si bien da la impresión de que su tendencia alcista a largo plazo podría haberse cortado, todavía no está del todo claro cuál va a ser su comportamiento".


"Todo va a depender de las expectativas de que los bancos centrales necesiten o no imprimir plata para salir de sus problemas", afirma Boggiano.

"Hasta el momento estás teniendo todavía mucha impresión monetaria, tanto del banco central de los EE.UU. como de Japón. Y no queda claro cómo Europa va a poder salir de sus problemas sin imprimir más plata. Eso también sostiene al oro. Es un juego de expectativas de cuánto van a tener que imprimir", agregó.

Sin embargo, la caída que acumula el metal precioso desde su boom en el 2011 hizo que muchos analistas se cuestionaran su papel de refugio.

El propio "gurú" de las finanzas, George Soros, había asegurado a principios de abril que el oro "ya no es seguro", aunque auguró que las compras sostenidas de los bancos centrales respaldarán los precios.

Según los analistas de Goldman Sachs, la onza cerrará en torno a los u$s1.450 este 2013, mientras que se ubicará en los u$s1.270 a fines de 2014. A principios de año, el oro se cotizaba alrededor de los u$s1.600, y desde allí comenzó su declive.


Fuente
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Wednesday, January 27, 2010

El gurú que predijo la crisis financiera ve a España como una seria amenaza para la eurozona




Sarkozy cargó contra los excesos del capitalismo




previsión
El gurú que predijo la crisis financiera ve a España como una seria amenaza para la eurozona
Los riesgos de la banca centran las críticas de los dirigentes económicos y políticos en Davos
Autor:
Agencias
Fecha de publicación:
27/1/2010

El economista estadounidense que predijo la crisis financiera, Nouriel Roubini, está convencido de que España supone «una amenaza para la cohesión de la eurozona». Así lo manifestó ayer en una entrevista radiofónica desde Davos, donde participa en el Foro Económico Mundial, en la que sentenció: «Si Grecia cae será un problema, pero si lo hace España será un desastre».
Para este reputado profesor de la Universidad de Nueva York, «en un futuro, no en un año ni en dos, podría producirse una ruptura de la Unión Monetaria». En su opinión, pese a toda la atención captada por Grecia, España podría constituir a la larga una mayor amenaza porque es la cuarta economía más grande de la región, tiene un desempleo más elevado y bancos más débiles.
Así las cosas, Roubini cree que «la eurozona podría bifurcarse: tener un centro fuerte y una periferia más débil, y a la larga algunos países podrían retirarse de la Unión Monetaria».? Por lo demás, la banca y su excesos, en el origen de la tormenta que ha asolado el planeta, centraron ayer las iras de la mayoría de los dirigentes políticos y económicos presentes en Davos. Uno de los más beligerantes fue el presidente francés, Nicolas Sarkozy, quien lanzó un duro alegato en contra de los excesos del capitalismo y defendió la regulación del sistema financiero y la intervención estatal, sin la cual, dijo, «todo se habría hundido». «Todos sabemos qué hubiera ocurrido sin la intervención estatal para mantener la confianza y apoyar la industria: el colapso total», afirmó al inaugurar oficialmente el foro. «No es cuestión de liberalismo, ni de socialismo, ni de derechas, ni de izquierdas, es una realidad», apostilló.

En la misma línea se manifestó el director general del Banco de Pagos Internacionales (BPI), el ex gobernador del Banco de España Jaime Caruana, quien se mostró a favor de las propuestas de EE.?UU. para regular el sector y limitar las actividades y el tamaño de los bancos.
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