Saturday, August 14, 2010

Tambores, Danzas y Estrépito


Hágase todo decentemente y con orden. (1 Cor. 14: 40).


Esas mismas cosas que habéis explicado que ocurrían. . . el Señor me ha mostrado que volverán a ocurrir justamente antes de la terminación del tiempo de gracia. Se manifestará toda clase de cosas extrañas. Habrá vocerío acompañado de tambores, música y danza. El juicio de algunos. . . se confundirá de tal manera que no podrán confiar en él para tomar decisiones correctas. Y a eso considerarán manifestación del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo nunca se manifiesta en esa forma, mediante ese ruido enloquecedor. Eso es una invención de Satanás para disimular sus ingeniosos métodos destinados a desvirtuar la pura, sincera, elevadora, ennoblecedora y santificadora verdad para este tiempo. . . El ruido enloquecedor aturde los sentidos y desnaturaliza lo que, si se condujera en la forma debida, constituiría una bendición. La influencia de los instrumentos satánicos se combina con el estrépito y el vocerío, semejante al de un carnaval, y a eso se lo denomina la obra del Espíritu Santo. . . Los que participan en el supuesto reavivamiento reciben impresiones que los desorientan. Son incapaces de decir qué creían anteriormente con respecto a los principios bíblicos. No debería estimularse esta clase de culto. Esa misma influencia se manifestó después de cumplida la fecha de 1844. Se ofreció la misma clase de espectáculo. Los hombres se excitaron y se sintieron impulsados por un poder que se creía era el de Dios.

Hombres y mujeres supuestamente guiados por el Espíritu Santo celebraron reuniones en estado de desnudez. Hablaban acerca de la carne santificada. Decían que estaban fuera del alcance del poder de la tentación, y cantaban, gritaban y hacían toda clase de manifestaciones ruidosas. . . Satanás le estaba dando forma a la obra, y el resultado era la sensualidad. La causa de Dios fue deshonrada. La verdad, la sagrada verdad fue arrojada en tierra por agentes humanos. . . Dí mi testimonio, declarando que esos movimientos fanáticos, ese ruido, ese bullicio, eran inspirados por el espíritu de Satanás, quien estaba haciendo milagros para engañar, si era posible, aun a los escogidos. Debemos ser vigilantes, mantener una relación íntima con Cristo, para no ser engañados por los artificios de Satanás. El Señor desea que en su culto haya orden y disciplina, no agitación y confusión.


Maranata, p.232.
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